Telenovela

La Costeña Y El Cachaco: El Choque De Culturas Que Hizo Reír (Y Discutir) A Toda Colombia

Un ejecutivo de traje, acostumbrado al frío y al orden de Bogotá, aterriza en Santa Marta. Hace calor, hay música en cada esquina y nadie parece tener prisa.

Así arrancaba La Costeña y el Cachaco, la telenovela que RCN estrenó el 15 de febrero de 2003.

Antonio Andrade, interpretado por Jorge Enrique Abello, es un ingeniero de petróleos que vive rodeado de comodidades en la capital. Por circunstancias de trabajo, termina obligado a mudarse a la costa.

Allí se cruza con Sofía Granados, a quien dio vida Amada Rosa Pérez. Ella es alegre, frentera y despreocupada. Él es serio, frío y calculador.

Era evidente que iban a chocar. Y también que iban a enamorarse.

Abello venía de ser Don Armando en Yo Soy Betty, la Fea, y el público estaba ansioso por verlo en un papel distinto. Esta vez, el hombre rígido de la oficina tenía que aprender a bailar, a reírse y a dejarse llevar.

La historia, original de Mónica Agudelo, se movía entre Santa Marta, Barranquilla y Bogotá, con Geraldine Zivic como la antagonista que haría todo lo posible por separarlos.

Según El Universal de Cartagena, la telenovela llegó a un rating nacional de 12.5. Su tema principal, Niña Bonita, se volvió un éxito para la cantante Maía.

Pero no todo fueron aplausos.

En la costa, muchos espectadores sintieron que los acentos estaban exagerados y que la imagen del costeño se caricaturizaba. El canal respondió que la historia era ficción y que solo buscaba hacer reír, no ofender a nadie.

La telenovela cruzó fronteras con algunos ajustes curiosos. En Ecuador, donde la palabra cachaco no significa nada, el título cambió a La Costeña y el Antonio.

Y en Nicaragua, cuando se transmitió por segunda vez, volvió a ser de lo más visto en su horario, según RCN.

Ciento cuarenta capítulos después, el mensaje quedó claro: Colombia es un país de muchas culturas, y a veces hace falta un amor improbable para darse cuenta de que las diferencias también pueden ser la mejor parte de la historia.

Hoy, más de veinte años después, todavía hay quienes discuten si la telenovela retrató bien a la costa o no. Pero casi todos recuerdan a Sofía y a Antonio.

Y eso, para una telenovela, es la mejor señal de que hizo historia.

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