Ana Martín, 63 Años Frente A La Cámara: La Hija De “Palillo” Que Tuvo A Pedro Infante Como Padrino

Toña la Negra fue una de sus madrinas de confirmación. Agustín Lara y Pedro Infante también estuvieron en ese lugar.
Así empieza la historia de Ana Martín, una actriz que creció rodeada de leyendas y que lleva más de seis décadas convertida en una de ellas.
El viernes 30 de octubre, la actriz se sentó en el Teatro Gracia Pasquel de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez para hablar de su vida frente al público.
El conversatorio formó parte del Festival Cultural de Otoño de la universidad. Y lo que contó fue un viaje por la historia del espectáculo mexicano.
Ana Martín es hija de Jesús Martínez, “Palillo”, el comediante famoso por su humor político. De él aprendió algo que nunca olvidó: el público es una parte necesaria de la vida de quien actúa.
De niña alcanzó a ver de cerca a Cantinflas y a Tin Tan. Años después, ya como actriz, trabajó junto a Tin Tan en El Ángel y Yo.
Debutó en el cine en 1964 con El Gángster. Luego vinieron películas como Amores Prohibidos y Acapulco a Go-Go, y un papel que la crítica todavía recuerda: la Japonesita en El Lugar sin Límites, de Arturo Ripstein.
En total, más de 40 películas y casi el mismo número de telenovelas, según Diario.mx.

Muchos fans la recuerdan como Doña Refugio en Rubí, la madre humilde que intentaba, sin éxito, que su hija entendiera que el dinero no lo es todo.
En Juárez, la actriz habló con nostalgia de una época en la que filmaba hasta ocho películas en un año y algunas obras de teatro duraban dos años en cartelera.
También recordó las tertulias en el café El Perro Andaluz, donde coincidía con Pedro Armendáriz, Ofelia Medina, Helena Rojo, Isela Vega y Enrique Rocha.
Contó que extraña a muchos compañeros de su generación: actores, técnicos y periodistas que, en sus palabras, ya están “al límite”.

Pero no habló solo del pasado. Ana Martín contó que los jóvenes la encuentran en redes sociales y le escriben para hablar de su trabajo.
Y que ese intercambio entre generaciones le da alegría, como si cada mensaje fuera una prueba de que su historia sigue viva.
Sesenta y tres años después, la hija de Palillo sigue haciendo lo que su padre le enseñó: no olvidarse nunca del público.



