Simplemente María: La Muchacha Que Llegó Sin Nada A La Ciudad Y Cosió, Puntada A Puntada, Su Propio Destino

Una muchacha de pueblo baja del camión con una bolsa en la mano y el corazón lleno de miedo y de esperanza.
Se llama María López. No conoce a nadie en la gran ciudad, pero sabe una cosa: en su casa no hay futuro, y aquí quizá sí.
Así empezaba Simplemente María, la telenovela que en octubre de 1989 llegó al Canal de las Estrellas con Victoria Ruffo como protagonista.
Lo que viene después es puro melodrama, del bueno.
María consigue trabajo como empleada doméstica en la casa de una familia adinerada. Ahí, entre pasillos elegantes y miradas que la hacen sentir menos, conoce a Juan Carlos del Villar, el hijo de los patrones, interpretado por Manuel Saval.
Él la enamora. Ella le cree.
Y cuando María queda embarazada, Juan Carlos la abandona. Sola, lejos de su familia y con un hijo en camino, María podría haberse rendido, y cualquiera lo habría entendido.

Pero no lo hace.
Con una máquina de coser, muchas noches sin dormir y una voluntad de hierro, María empieza a trabajar con sus manos, puntada a puntada, hasta convertirse en una diseñadora reconocida, en una mujer que ya no pide permiso a nadie para existir y que demuestra que la muchacha humilde de la que todos se burlaron podía llegar más lejos que todos ellos.
En el camino aparecen personajes que la acompañan y otros que intentan detenerla. Jaime Garza, como Víctor Carreño, se volvió parte importante de su historia, junto a figuras como Silvia Derbez y Gabriela Goldsmith.
Lo que hacía especial a María no era solo el romance. Era verla crecer.

Por eso la historia se ha contado tantas veces. Nació en Argentina en 1967, de la pluma de Celia Alcántara. La versión peruana de 1969 recorrió el continente, y la mexicana de 1989, producida por Valentín Pimstein, se volvió una de las más recordadas.
En 2015, María volvió con otra cara: Claudia Álvarez, junto a José Ron y Ferdinando Valencia, en una nueva versión que también llegó a Univision.
Cambiaron los peinados, los teléfonos y las calles. Pero la esencia sigue intacta: una mujer que llegó sin nada y que, con trabajo y dignidad, se cosió un destino propio.
Simplemente María. Nada más. Y nada menos.




