Mur*ó el periodista Juan Guillermo Ríos, reconocido presentador del histórico ‘Noticiero de las 7’

“Profesión: reportero, pasen su turba”. Esa fue la frase que Juan Guillermo Ríos quería dejar como epitafio, una última definición de sí mismo que resumía décadas frente al micrófono, pero también una vida llena de contrastes.
El periodista murió en Medellín, rodeado de su familia. La confirmación fue entregada por su hijo Andrés, quien recordó los últimos meses como una etapa de deterioro físico y mental, aunque aseguró que su padre mantuvo la capacidad de reconocerlos y conversar hasta el final.
Durante décadas, Ríos fue uno de los rostros más reconocibles de la televisión colombiana. Su etapa al frente del histórico Noticiero de las 7 lo convirtió en una figura central de la pantalla y, según documentos mencionados por su familia, llegó a registrar niveles de audiencia extraordinarios para aquella época.
La imagen pública era la de un presentador seguro, carismático y con una enorme capacidad para dominar una emisión. Pero detrás de esa figura televisiva existía una historia que comenzaba muy lejos de los estudios y de las grandes cifras de audiencia.
Ríos creció en Villahermosa, un barrio popular de Medellín, dentro de una familia numerosa marcada por la escasez. Su hijo recordó que su abuela lavaba ropa en la quebrada Santa Elena y que su abuelo trabajaba como pintor.
La infancia estuvo acompañada por dificultades económicas. Sin embargo, Andrés asegura que su padre no la recordaba únicamente desde el dolor, sino también como una etapa que ayudó a formar su carácter.
El periodismo apareció como una posibilidad de transformación. Estudió en la Universidad de Antioquia y comenzó a buscar oportunidades en la radio, hasta que Alfonso Lizarazo y otros referentes de la época le permitieron entrar al mundo profesional.

Después llegó el trabajo como reportero de calle. Hospitales, comisarías, madrugadas y largas jornadas detrás de una noticia construyeron al periodista que posteriormente sería conocido en todo el país.
Uno de los episodios que su familia considera decisivos ocurrió durante la cobertura del secuestro de Fernando Londoño. Mientras otros periodistas se retiraron a descansar, Ríos permaneció atento en el lugar y consiguió registrar el momento en que Londoño regresó.
Aquella primicia habría llamado la atención de Timo León, quien posteriormente lo llevó a Bogotá. Allí comenzó una nueva etapa junto a algunas de las figuras más reconocidas del periodismo colombiano.
Su carrera también lo llevó al exterior. Durante el gobierno de Alfonso López Michelsen, según el relato de su hijo, recibió la oportunidad de estudiar en Bélgica, una experiencia que amplió su formación y su visión del mundo.
A su regreso, comenzó a consolidarse también en televisión. Primero llegaron espacios como Telenoticias y TV Mundo, hasta alcanzar el lugar que marcaría definitivamente su carrera: el Noticiero de las 7.
Al principio, según recordó su hijo, la audiencia no respondió inmediatamente. Con el tiempo, sin embargo, su estilo terminó imponiéndose y el programa alcanzó niveles de audiencia que hoy resultan difíciles de imaginar.
La frase “paz, amor y buen genio” quedó asociada para siempre con su despedida televisiva. En redes sociales, antiguos espectadores comenzaron a recuperar imágenes de aquella época, recordando no solamente al presentador, sino también una forma de hacer televisión que ya prácticamente desapareció.
Pero la historia personal de Ríos tenía otra dimensión. Su hijo participó en la elaboración de un libro autobiográfico y allí, según contó, descubrió aspectos de su padre que iban mucho más allá de la fama.

El propio periodista habría reconocido errores, momentos de soberbia, matrimonios fallidos y la distancia que en determinados momentos produjo su profesión. La fama, en ese relato, aparece no solamente como una recompensa, sino también como una fuerza capaz de modificar las relaciones personales.
Y quizás la parte más conmovedora de su historia estaba relacionada con una crisis de salud ocurrida 27 años atrás, cuando sobrevivió a complicaciones que los médicos consideraban extremadamente graves y consiguió recuperar una vida que después describió como plena.
Años más tarde, una nueva etapa de deterioro comenzó a hacerse evidente. Su hijo explicó que durante los últimos nueve meses su salud física y mental había empeorado progresivamente, aunque permaneció acompañado por su familia.
En una entrevista anterior, Ríos había contado que después de una cirugía relacionada con un cáncer renal sufrió una perforación intestinal y una grave infección que provocó una falla sistémica, llegando a estar en una situación crítica.
Su recuperación se convirtió entonces en una parte esencial de su propia historia. La familia incluso tuvo que discutir en aquel momento decisiones médicas extremadamente difíciles, mientras su madre defendía la posibilidad de que continuara luchando.
Ahora, la noticia de su muerte provocó una reacción distinta: colegas, espectadores y antiguos seguidores comenzaron a mirar hacia atrás para reconstruir el recorrido de aquel hombre que pasó de la pobreza de Villahermosa a convertirse en uno de los rostros más influyentes de la televisión colombiana.
Las redes sociales también recuperaron sus entrevistas, sus frases y sus apariciones televisivas. Para algunos, representaba la época dorada de los grandes presentadores; para otros, su historia servía para recordar que detrás de una figura pública también existían errores, pérdidas y contradicciones.
Su hijo Andrés, sin embargo, eligió otra perspectiva: recordar al padre, al abuelo y al hombre que aprendió a levantarse después de cada caída.
La despedida tendrá lugar en Medellín, con una misa en la iglesia de La Consolata, según informó su familia. Y mientras se preparan las honras fúnebres, queda la imagen de un periodista que quiso ser recordado no por el rating ni por la fama, sino simplemente por aquello que consideraba el corazón de su oficio: ser reportero.


