“Nunca pedí mat*rla”: el hijo del “R1” habla de Valeria Márquez

La escena quedó grabada en internet como una herida que nunca terminó de cerrarse: Valeria Márquez frente a una cámara, hablando con sus seguidores, sin saber que aquel instante quedaría asociado para siempre con su muerte.
El 13 de mayo de 2025, la joven fue asesinada a balazos dentro de un salón de belleza en Zapopan, Jalisco, mientras realizaba una transmisión en vivo por TikTok. Desde entonces, la pregunta sobre quién estuvo detrás del crimen ha permanecido rodeada de versiones, sospechas y líneas de investigación que todavía no han sido esclarecidas por completo.
Más de un año después, el caso volvió a adquirir una dimensión inesperada.
Las autoridades mexicanas informaron el 31 de julio de 2026 sobre la detención de Ramón Ángel “N”, conocido como “R1”, señalado como presunto líder de una célula denominada “Los Rs”, vinculada al Cártel Jalisco Nueva Generación, según la investigación oficial difundida públicamente.
A partir de esa detención apareció también una acusación particularmente delicada: la posible participación de Francisco, hijo de “R1” y expareja sentimental de Valeria.
El secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Omar García Harfuch, señaló que una de las líneas de investigación apunta a que Francisco habría pedido a su padre que se cometiera el feminicidio, aunque esta versión forma parte de una investigación y no equivale, por sí misma, a una sentencia judicial.

La acusación cambió nuevamente la manera en que se observa aquella relación.
Francisco conoció a Valeria en 2021, cuando ella trabajaba en un establecimiento nocturno de Guadalajara. Según su propio relato, comenzaron a comunicarse mediante mensajes y redes sociales hasta que la relación sentimental se hizo realidad.
La pareja llegó a vivir junta y, de acuerdo con Francisco, Valeria también conoció a su padre, “R1”, mientras las familias mantenían contacto.
Sin embargo, la relación terminó en enero de 2025.
Meses después, ambos volvieron a coincidir durante las fiestas de Tepatitlán, en abril de ese mismo año. Apenas unas semanas más tarde, Valeria fue asesinada, una coincidencia temporal que adquiere otro significado al ser observada junto con las acusaciones actuales.
Francisco sostiene que la quería y que tenían proyectos pendientes.
En la entrevista concedida al periodista Luis Chaparro, difundida por Pie de Nota, rechazó cualquier participación en el crimen y cuestionó directamente la versión según la cual habría solicitado a su padre que mataran a Valeria.
También explicó que la acusación le resulta difícil de comprender porque, según él, nadie podría haber presenciado una conversación de ese tipo si nunca ocurrió.

Su defensa pública se apoya en una afirmación central: nunca pidió que asesinaran a Valeria.
Francisco aseguró además que, si él no tuvo participación, tampoco tendría sentido atribuir responsabilidad a su padre a partir de esa supuesta petición, aunque la investigación de las autoridades busca precisamente determinar qué ocurrió antes y después del homicidio.
Aquí aparece uno de los puntos más sensibles del caso.
La existencia de una relación sentimental entre Francisco y Valeria está reconocida por su propio relato, pero eso no demuestra que haya existido una orden para asesinarla. Del mismo modo, una acusación oficial puede abrir una línea investigativa sin resolver por sí sola quién tomó las decisiones, quién ejecutó el ataque y cuál fue el verdadero motivo.
La muerte de Valeria también dejó una enorme huella en redes sociales.
Miles de personas conocieron el crimen a través de las imágenes de aquella transmisión, convirtiendo un asesinato ocurrido en un espacio privado en un acontecimiento observado prácticamente en tiempo real. Esa exposición hizo que cualquier nueva revelación sobre su vida sentimental o sobre posibles responsables adquiriera una repercusión inmediata.
Pero la dimensión pública del caso también ha generado un problema.

Las redes sociales han producido sus propias teorías, algunas basadas en declaraciones y otras construidas a partir de especulaciones. Entre ambas existe una diferencia fundamental que todavía debe respetarse: una hipótesis investigativa no es una prueba definitiva.
Y mientras Francisco insiste en que nunca pidió matar a Valeria, las autoridades mantienen abierta una línea que apunta precisamente en la dirección contraria, dejando una pregunta que todavía necesita respuestas verificables: qué ocurrió realmente entre aquella relación terminada, el entorno de “R1” y el asesinato cometido frente a miles de espectadores.
Entre la declaración de Francisco, las acusaciones oficiales y las pruebas que todavía deben ser examinadas, la historia de Valeria Márquez permanece atrapada en un punto donde una frase puede cambiar toda la interpretación del caso, pero todavía no basta para cerrar el misterio.
Por ahora, no se ha confirmado públicamente una sentencia que establezca la responsabilidad penal de Francisco por el feminicidio. Tampoco todas las circunstancias señaladas en las distintas versiones han sido esclarecidas ante un tribunal.
Lo que queda es una investigación que continúa acumulando nombres, relaciones y preguntas.
Y quizá la pieza más importante todavía no ha aparecido públicamente: aquella que permita conectar, con pruebas y no solamente con declaraciones, lo ocurrido antes del 13 de mayo de 2025 con el ataque que terminó con la vida de Valeria Márquez.


