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El poder oculto de la ‘Bebecita’, la pareja de ‘Bendito Menor’ que también cayó en operativo

Durante meses, el nombre de Rosa Angélica Tarazona permaneció en un segundo plano, eclipsado por el hombre con quien mantenía una relación. Pero aquella madrugada, en La Guajira, todo cambió cuando las autoridades localizaron a alias Bendito Menor y ella terminó también en el centro del operativo.

Naín Andrés Pérez Toncel, conocido como Bendito Menor, era señalado como uno de los principales cabecillas de las Autodefensas Conquistadoras de la Sierra Nevada, conocidas como Los Pachenca. Según las autoridades, dirigía el Frente Javier Cáceres, con presencia en zonas de La Guajira y Magdalena.

La estructura heredada de antiguos grupos paramilitares mantiene, según versiones oficiales, una organización dividida en varios frentes y redes urbanas. Su actividad estaría relacionada con narcotráfico, extorsiones, disputas territoriales y otras formas de control sobre comunidades.

La caída de Bendito Menor, sin embargo, abrió una pregunta diferente: qué ocurriría con una organización que durante años ha funcionado bajo líneas de mando claramente establecidas.

Expertos citados en el caso consideran que la salida de un comandante puede generar rápidamente movimientos internos, reajustes territoriales y nuevas disputas por el control de las zonas donde operaba.

En ese escenario aparece Rosa Angélica Tarazona, alias La Bebecita. Su historia, según la Fiscalía, no se limitaba a ser la compañera sentimental del señalado cabecilla.

De acuerdo con esa versión, Tarazona habría comenzado su participación dentro de la estructura criminal en 2022. Entre sus presuntas funciones estaban el manejo de pagos, la coordinación logística y la transmisión de órdenes cuando Bendito Menor se ausentaba.

También habría tenido contacto con integrantes encargados de inteligencia y con personas señaladas de ejecutar acciones violentas. No obstante, estos señalamientos corresponden a la investigación y deben entenderse dentro del proceso judicial.

El expediente tomó un giro particular el 25 de septiembre del año pasado, cuando la Fiscalía le imputó el delito de concierto para delinquir.

Posteriormente, según la información suministrada, la defensa inició acercamientos con el ente acusador. El resultado habría sido un preacuerdo mediante el cual Tarazona aceptaba responsabilidad a cambio de una reducción considerable de la pena.

La propuesta contemplaba que pudiera recibir una condena de aproximadamente tres años. Pero había un elemento que despertaba especial interés: según fuentes cercanas al proceso, el acuerdo no contemplaba convertirla en testigo contra Bendito Menor ni contra otros dirigentes.

Su negociación, de acuerdo con estas versiones, estaba concentrada exclusivamente en la aceptación de los cargos.

El 3 de septiembre se produjo otra escena relevante, apenas un día antes del operativo en La Guajira, cuando una audiencia abordó la negociación alcanzada con la Fiscalía y su situación procesal.

Según lo expuesto por la defensa, Tarazona tenía tres hijos menores bajo su responsabilidad y atravesaba una situación sentimental compleja, pues ya no convivía con Pérez Toncel.

La defensa también habría señalado que la relación terminó después de que, según su versión, Bendito Menor la hubiera sustraído de manera coactiva de su domicilio.

Con esos argumentos, solicitaron que se realizara una visita social para acreditar su condición de madre cabeza de familia y pidieron prisión domiciliaria.

La solicitud adquirió un significado distinto cuando, horas después, las autoridades desplegaron el operativo que terminó con la muerte de Bendito Menor y de La Bebecita, según la información proporcionada.

Y mientras las autoridades celebraban el golpe contra una de las estructuras criminales más conocidas de la región, el expediente judicial de La Bebecita dejaba una serie de preguntas abiertas sobre lo que pudo haber ocurrido dentro de esa organización antes del operativo.

Por ahora, no se ha confirmado que Tarazona hubiera entregado información contra su pareja, ni que su negociación judicial estuviera vinculada con una eventual colaboración con las autoridades.

Lo que sí queda sobre la mesa es una historia mucho más compleja que la de una mujer conocida únicamente por su relación sentimental, porque los documentos y versiones del proceso la sitúan presuntamente dentro de la estructura operativa del grupo.

La caída simultánea de ambos también plantea una incógnita mayor: quién ocupará ahora los espacios de poder que quedaron vacíos y qué información permanece todavía fuera del alcance público.

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