El anestesiólogo cubano y la frase que cambió todo: “sin cu*rpo no hay delito”

La carretera estaba oscura y casi vacía cuando el vehículo se detuvo cerca de un matorral. Según las versiones entregadas posteriormente a las autoridades, dos personas bajaron un cuerpo desde el automóvil y caminaron algunos metros hasta perderse entre la maleza. Minutos después regresaron en silencio, convencidos de que nadie encontraría nada.
Durante varios días, la desaparición de Yulixa Toloza fue tratada como un misterio sin respuestas claras. Sus amigas comenzaron a insistir ante la policía luego de notar contradicciones en la clínica estética donde se había realizado un procedimiento de lipólisis láser. Lo que inicialmente parecía una desaparición terminó convirtiéndose en una investigación que empezó a revelar una cadena de decisiones cada vez más inquietantes.
De acuerdo con testimonios citados por investigadores, un hombre identificado únicamente como “Leo”, presunto anestesiólogo de origen cubano, habría pronunciado una frase que hoy aparece repetida en cada reconstrucción del caso: “sin cuerpo no hay delito”. Las autoridades todavía trabajan para establecer oficialmente su identidad y confirmar cuál era exactamente su función dentro del centro estético.
Ese detalle cambió por completo la percepción pública del caso.
Hasta entonces, muchos creían que se trataba de una mala praxis seguida de pánico. Pero la hipótesis de un posible intento deliberado por desaparecer evidencias empezó a provocar indignación en redes sociales y programas televisivos. Para numerosos usuarios, el verdadero horror comenzó después de la muerte de Yulixa y no durante el procedimiento médico.

Las investigaciones apuntan a que el lugar donde ocurrió la intervención distaba mucho de parecer un quirófano profesional. Según testimonios recopilados por la policía, el espacio era apenas una habitación adaptada con equipos básicos y sin las condiciones que normalmente exige un procedimiento invasivo. Aun así, decenas de mujeres acudían allí atraídas por precios considerablemente más bajos.
Esa combinación entre informalidad y procedimientos médicos complejos volvió a encender el debate sobre las clínicas clandestinas en Colombia.
Varias pacientes afirmaron que el lugar aparentaba normalidad. Había recepción, habitaciones de recuperación y personal que atendía constantemente a quienes llegaban buscando procedimientos estéticos económicos. Pero detrás de esa apariencia cotidiana, según investigadores, existirían vacíos médicos y administrativos todavía no esclarecidos completamente.
Una de las testigos más importantes fue Cindy, quien aseguró haber visto a Yulixa aún con vida, aunque en condiciones críticas, poco después de la intervención. Su relato estremeció a los investigadores porque describía a varias personas trasladando el cuerpo apresuradamente hacia otra habitación mientras intentaban impedir que los demás observaran lo ocurrido.
Y después vino algo todavía más extraño.
En lugar de solicitar inmediatamente una ambulancia, varias personas presentes habrían pedido llamar a un pastor religioso. Cindy recordó haber escuchado oraciones y voces desesperadas dentro del apartamento mientras el ambiente se volvía cada vez más caótico. Esa escena, reconstruida después por los investigadores, abrió nuevas preguntas sobre cuánto tiempo pasó antes de buscar ayuda médica real.

El teniente coronel Fabio Gallego, uno de los responsables de coordinar la búsqueda, reveló posteriormente que la investigación comenzó a tomar fuerza cuando las amigas de Yulixa formalizaron la denuncia de desaparición. A partir de ahí, la policía activó protocolos especializados y empezó a rastrear movimientos, llamadas y vehículos relacionados con la clínica.
Poco a poco aparecieron más nombres.
María Fernanda Delgado, Edison Torres y Eduardo Ramos comenzaron a figurar dentro de los expedientes como presuntos implicados. Las autoridades sostienen que varios de ellos abandonaron Bogotá y se desplazaron hacia Cúcuta antes de cruzar a Venezuela. Según la investigación, el vehículo utilizado habría sido dejado temporalmente en casa de una conocida mientras organizaban los siguientes movimientos.
La ciudad fronteriza terminó convirtiéndose en una pieza clave.
Chats de WhatsApp, llamadas y pagos registrados comenzaron a mostrar una presunta coordinación para desaparecer el automóvil relacionado con el caso. Según versiones judiciales, dos hombres habrían recibido dinero para encargarse específicamente de esa tarea. Los investigadores interpretan esto como un posible intento de borrar rastros antes de que las autoridades avanzaran.
Pero incluso con capturas y declaraciones, todavía faltaba lo más importante: encontrar el cuerpo.

Las primeras búsquedas en la carretera entre Anapoima y Apulo resultaron confusas. Los capturados hablaban de curvas, letreros azules, montículos y basureros improvisados junto a la vía. Cada referencia parecía incompleta, como si alguien estuviera describiendo un lugar que preferiría olvidar para siempre.
Entonces apareció Eduardo Ramos y todo tomó otro rumbo.
Según el relato policial, él fue quien recordó la existencia de un aviso azul junto a la carretera y un pequeño acceso cercano a un basurero informal, una referencia aparentemente insignificante que terminó guiando a los investigadores exactamente hasta el punto donde finalmente hallaron el cuerpo oculto entre la vegetación después de horas de búsqueda y llamadas en video con los implicados detenidos en Venezuela.
El hallazgo transformó completamente el caso.
Lo que para algunos era todavía una desaparición rodeada de rumores pasó a convertirse en una investigación con implicaciones penales mucho más graves. La frase “sin cuerpo no hay delito” comenzó entonces a circular masivamente en televisión y redes sociales, convertida en símbolo de una presunta estrategia fallida para encubrir lo sucedido.
Sin embargo, varias preguntas continúan abiertas.

Las autoridades todavía intentan establecer quién realizaba realmente funciones médicas dentro de la clínica y cuáles eran las certificaciones legales del lugar. Tampoco está completamente claro cuánto tiempo pasó entre la complicación médica de Yulixa y las decisiones posteriores tomadas dentro del apartamento.
El nombre del anestesiólogo cubano sigue apareciendo en cada línea de investigación.
Algunas versiones aseguran que habría convencido a los demás implicados de deshacerse del cuerpo. Otras indican que aún no existen pruebas suficientes para atribuirle completamente esa decisión. Mientras tanto, la policía continúa trabajando para localizarlo y vincularlo formalmente al proceso.
La historia dejó además un impacto social difícil de ignorar.
Miles de personas comenzaron a cuestionar el crecimiento de procedimientos estéticos clandestinos promocionados discretamente en redes sociales y grupos privados. El caso de Yulixa abrió nuevamente la discusión sobre mujeres que, buscando precios más accesibles, terminan entrando a lugares donde los controles parecen mínimos y la supervisión casi inexistente.
Pero incluso ahora, cuando ya existen capturados y reconstrucciones detalladas, permanece una sensación incómoda.
Como si todavía faltara conocer qué ocurrió exactamente dentro de aquella habitación antes de que alguien decidiera apagar las luces, mover un cuerpo durante la madrugada y apostar todo a que la carretera terminaría ocultando para siempre la verdad.