El ADN de Juan Jesús abre nuevas dudas en el caso Edith Guadalupe

Dentro de una pequeña sala del Reclusorio Norte, lejos de las cámaras y del ruido político que rodea el caso, un hisopo recorrió lentamente el interior de la boca de Juan Jesús “N”. El procedimiento parecía rutinario, casi frío, pero detrás de aquella muestra genética se escondía una presión enorme: la necesidad de confirmar o derrumbar una de las versiones más polémicas alrededor del feminicidio de Edith Guadalupe.
Había pasado más de un mes desde que el cuerpo de la joven fue encontrado en la Torre Murano. Sin embargo, lejos de cerrarse, la investigación parece haberse vuelto todavía más incierta.
La Fiscalía General de Justicia de la Ciudad de México acudió el viernes 22 al Reclusorio Preventivo Varonil Norte para obtener una muestra de saliva del único detenido por el caso. El objetivo oficial era comparar el ADN con pertenencias de Edith y otros indicios biológicos recuperados durante las diligencias.
Aunque en apariencia se trató de un acto técnico más dentro del proceso, la diligencia terminó revelando algo mucho más profundo: la desconfianza absoluta entre las partes. La defensa insistió desde el inicio en que no permitiría que la muestra fuera manipulada sin supervisión independiente.
Por orden judicial, una perito especializada en genética estuvo presente durante todo el procedimiento. Candy Eunice Domínguez observó la toma de la muestra, verificó el embalaje y firmó el resguardo biológico para garantizar, según explicó, que la evidencia no fuera sustituida posteriormente.

El gesto pareció menor para algunos observadores. Pero dentro del contexto del caso, la escena tuvo un peso simbólico importante.
La defensa sostiene desde hace semanas que existen irregularidades en la investigación. Según sus abogados, no solo habría inconsistencias en la línea temporal presentada por la fiscalía, sino también posibles fallas en el manejo de pruebas periciales.
Jesús Briones, uno de los representantes legales de Juan Jesús, afirmó públicamente que creen en la inocencia de su cliente. Sin embargo, aclaró que la verdadera preocupación se centra en la transparencia con la que se procesan los indicios.
Las palabras no pasaron desapercibidas. Sobre todo porque el caso ya venía marcado por acusaciones de negligencia, retrasos y posibles actos de corrupción dentro de las primeras horas de búsqueda de Edith Guadalupe.
Mientras la fiscalía insiste en que cuenta con evidencia sólida contra Juan Jesús, la defensa continúa intentando abrir otras líneas de investigación. Algunas apuntan hacia posibles fallas técnicas en el sistema de videovigilancia del edificio. Otras sugieren que podría existir participación de más personas.
Por ahora, ninguna de esas hipótesis ha sido confirmada oficialmente.
Lo que sí ocurrió fue una expansión silenciosa del expediente. Según informó el equipo legal, durante la etapa complementaria solicitaron nuevos peritajes en genética, informática y análisis de videos provenientes tanto del sistema C5 como de cámaras privadas cercanas al edificio.
También buscan entrevistas adicionales con testigos. Algunos de ellos, según versiones no confirmadas, podrían aportar datos sobre movimientos dentro de Torre Murano horas antes y después del crimen.

La defensa incluso acudió recientemente a la Fiscalía Especializada de Búsqueda de Personas para entregar una minuta con 25 diligencias adicionales. El documento, según declararon, pretende incorporar elementos que hasta ahora no habrían sido integrados plenamente al expediente.
Todo esto ocurre mientras la opinión pública continúa profundamente dividida.
Por un lado, hay quienes consideran que las pruebas contra Juan Jesús son suficientes y que el caso apunta claramente hacia él como responsable material del feminicidio. Por otro, crece la percepción de que todavía existen vacíos difíciles de explicar alrededor de lo ocurrido dentro del edificio.
Especialmente porque la investigación inicial estuvo marcada por errores reconocidos por la propia fiscalía. La tardanza en ingresar al inmueble y las denuncias de presuntas irregularidades administrativas dejaron una grieta de desconfianza que todavía sigue abierta.
Y es precisamente dentro de esa grieta donde cada nueva diligencia adquiere una dimensión distinta.
Porque la toma de ADN ya no representa únicamente una prueba científica. También funciona como una especie de pulso entre dos narrativas opuestas: la versión oficial que sostiene que el responsable ya fue identificado y la versión de quienes creen que aún existen piezas ocultas dentro del caso.
Mientras un hisopo sellaba silenciosamente una muestra genética bajo estricta vigilancia pericial, afuera seguían creciendo las preguntas sobre cámaras apagadas, pruebas discutidas, tiempos contradictorios y posibles líneas que, según algunos sectores, jamás fueron investigadas completamente.

La fiscalía no ha informado todavía cuándo estarán listos los resultados definitivos del análisis genético. Tampoco se sabe si estos hallazgos modificarán el rumbo procesal del caso.
Sin embargo, el movimiento dejó algo claro: ninguna de las partes parece dispuesta a retroceder.
La defensa continúa construyendo una estrategia basada en cuestionar la validez de la investigación. La fiscalía, por su parte, mantiene la imputación y sostiene que las pruebas reunidas son contundentes.
En medio de ambas posiciones permanece la figura de Edith Guadalupe. Una joven cuya muerte no solo provocó indignación social, sino que además abrió discusiones incómodas sobre desapariciones, protocolos tardíos y posibles redes de captación mediante falsas ofertas laborales.
Quizá por eso, incluso después de semanas de peritajes, declaraciones y audiencias, el caso sigue dejando la sensación de que todavía falta una pieza clave. Algo que todavía no aparece en los expedientes públicos.
Y mientras el ADN de Juan Jesús comienza a ser analizado en laboratorios forenses, la pregunta continúa flotando alrededor de Torre Murano: si realmente toda la verdad ya salió a la luz o si apenas se ha revelado una parte.