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Enfermera que fall*ció en avión accidentado en el Chocó envió una foto antes del siniestro

La última imagen de Sandy García no fue tomada en medio de la emergencia, sino antes de que todo cambiara. Desde la pequeña pista de Condoto, la enfermera jefe miró hacia el avión que debía llevarla de regreso a Bogotá y tomó una fotografía para su madre.

El mensaje era breve: “ya en camino”. Después llegó un video mientras la aeronave se alejaba del centro poblado, seguido de otra grabación sobrevolando la espesa selva del Chocó, que según un familiar sería el último registro antes del accidente.

Para su familia, aquellas imágenes tenían algo cotidiano. Sandy acostumbraba registrar sus brigadas médicas y compartir fotografías de los lugares donde trabajaba, especialmente cuando podía estar cerca de sus pequeños pacientes.

“Era apasionada por su profesión”, explicó un familiar. También era, según su entorno, una mujer muy dedicada a sus padres y profundamente comprometida con las brigadas de salud.

La misión había llevado a Sandy, junto con Perla Constanza Álvarez, María Constanza Guzmán y Yulisa Figueredo, hasta Condoto. Allí participaron en una brigada que atendió a unas 600 personas afectadas por el terremoto.

Pero el regreso terminó convirtiendo aquella misión humanitaria en una tragedia. El domingo 13 de septiembre, las cuatro profesionales y el piloto Megmet Cancaya abordaron nuevamente el Cessna T206 de matrícula HK985 en el aeropuerto Mandinga.

Poco después del despegue, la aeronave desapareció del radar. Durante horas, las autoridades no sabían dónde había terminado, mientras familiares y equipos de búsqueda intentaban reconstruir sus últimos movimientos.

El piloto también había enviado un último mensaje antes de partir. A su esposa le mandó una fotografía de una perrita callejera que, según ella, tenía intención de adoptar.

Ella respondió con un corazón y le deseó un feliz viaje de regreso. Esa comunicación se convertiría en el último contacto que la familia tuvo con él.

La búsqueda pronto reveló lo difícil que sería llegar hasta la aeronave. Desde un helicóptero UH60 Black Hawk de la Fuerza Aeroespacial Colombiana fueron observadas partes del avión en una ladera del cerro Tatamá.

El hallazgo no significaba todavía que pudieran llegar hasta sus ocupantes. Las lluvias, los ríos, la pendiente y la espesura de la montaña obligaron a campesinos, indígenas, bomberos y organismos de socorro a avanzar durante horas por tierra.

Al tercer día, una grúa de rescate permitió insertar desde el helicóptero Ángel a un primer grupo de rescatistas. Inspeccionaron el área donde estaba el fuselaje, pero no encontraron inicialmente a la tripulación.

La geog

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