Vivían juntas y conocía la clínica: las preguntas que rodean a Estefanía López en el caso Yulixa

La última mañana que compartieron techo parecía rutinaria. Una iba rumbo a una cirugía estética barata en el barrio Venecia. La otra preparaba a su hija para llevarla al colegio.
Horas después, una de ellas desaparecería. La otra terminaría convertida en la figura más incómoda dentro de una investigación que todavía no deja de crecer.
Yulixa Consuelo Toloza Rivas salió de la vivienda que compartía con Estefanía López Artunduaga el miércoles 13 de mayo de 2026. Vivían juntas en Bosa, trabajaban en el mismo salón de belleza y, según múltiples testimonios, mantenían una relación cercana desde hacía años.
Ese vínculo es precisamente lo que hoy mantiene el nombre de Estefanía en el centro de las preguntas. No porque exista hasta ahora una imputación formal pública en su contra, sino porque las piezas conocidas del expediente parecen girar constantemente alrededor de ella.
La propia Estefanía relató que aquella mañana notó algo extraño en Yulixa. Dijo que estaba seria, “como aburrida”. Fue la última conversación que tuvieron antes de que la víctima ingresara a Beauty Láser para practicarse una lipólisis láser.
El establecimiento funcionaba dentro de una vivienda adaptada en el barrio Venecia, al sur de Bogotá. Oficialmente aparecía registrado como peluquería. Extraoficialmente, según las autoridades, allí se realizaban procedimientos invasivos sin habilitación sanitaria.

Con el paso de los días, el caso dejó de parecer una tragedia médica improvisada. Comenzó a mostrar rasgos de encubrimiento, manipulación de pruebas y posible operación clandestina sostenida en el tiempo.
Las cámaras internas desaparecieron. Los teléfonos dejaron de responder. Yulixa fue sacada del lugar inconsciente dentro de un vehículo particular y luego abandonada en una zona rural entre Apulo y Anapoima.
Mientras la Fiscalía reconstruía la ruta del vehículo y perseguía a los responsables que escaparon hacia Venezuela, Estefanía López aparecía constantemente en medios y redes sociales liderando la búsqueda de su amiga. Daba entrevistas, hablaba del dolor y exigía respuestas.
Fue precisamente esa exposición pública la que terminó llamando todavía más la atención sobre su papel dentro de la historia.
Porque según registros periodísticos y declaraciones dadas por ella misma, Estefanía no era solamente una amiga cercana de Yulixa. También conocía Beauty Láser desde dentro. Había sido paciente del mismo establecimiento y conocía a varias de las personas que trabajaban allí.
En entrevistas radiales y podcasts, describió detalles específicos sobre el funcionamiento interno del lugar. Habló de habitaciones improvisadas, de cirujanos anteriores y hasta del tiempo que llevaba operando Eduardo David Ramos, señalado por las autoridades como falso cirujano.
Ese nivel de conocimiento empezó a generar preguntas inevitables. ¿Hasta qué punto su relación con Beauty Láser era ocasional? ¿Cuántas veces estuvo realmente en ese lugar? ¿Qué tan cercana era su relación con los propietarios?

La defensa de Estefanía sostiene que ella también fue una víctima potencial del establecimiento clandestino. Argumentan que se sometió anteriormente a procedimientos allí y que sobrevivió sin complicaciones, razón por la cual creyó que el sitio era seguro.
Jurídicamente, esa explicación marca una diferencia importante. Pero dentro de la conversación pública comenzaron a surgir dudas más complejas. Sobre todo después de conocerse que ella conocía con precisión a empleados, médicos y dinámicas internas del centro.
El expediente también registra un momento clave ocurrido el mismo día de la cirugía. Según reconstrucciones conocidas por medios nacionales, Estefanía habría acompañado inicialmente a Yulixa y luego salió del lugar para buscar ropa y elementos de aseo.
Cuando regresó, ya no encontró a su amiga.
La dueña del centro, María Fernanda Delgado, le habría dicho que, si era necesario, llamarían una ambulancia y le avisarían a qué hospital trasladarían a Yulixa. Esa llamada nunca ocurrió.
En cambio, comenzaron a llegar mensajes de WhatsApp.
Según reveló El Tiempo, Delgado escribió directamente a Estefanía asegurando que Yulixa se había ido por voluntad propia. La versión hoy resulta difícil de sostener frente a los registros de cámaras y la cronología que maneja la Fiscalía.

Para ese momento, según hipótesis investigativas todavía no confirmadas oficialmente, Yulixa podría haber estado agonizando o incluso muerta dentro del establecimiento.
Y mientras los responsables presuntamente limpiaban el lugar con cloro, apagaban celulares y comenzaban la ruta de escape hacia Venezuela, los mensajes enviados desde el teléfono de la víctima seguían intentando construir una falsa sensación de normalidad.
Esa manipulación digital es otra de las líneas sensibles del expediente. Varias personas cercanas aseguraron que el WhatsApp de Yulixa permanecía activo respondiendo de manera incoherente. Los investigadores creen que los implicados usaron su teléfono para ganar tiempo.
En medio de ese escenario apareció otro elemento delicado. El papel de Estefanía dentro de la búsqueda pública.
Ella encabezó campañas en redes, habló con periodistas y se convirtió en la voz más visible del círculo cercano de la víctima. Su defensa sostiene que esa conducta demuestra colaboración y buena fe.
Pero al mismo tiempo, algunos investigadores siguen preguntándose cuánto sabía realmente durante esas primeras horas críticas.
Porque Estefanía no solo identificó rápidamente a personas captadas en videos de seguridad. También describió con facilidad a trabajadores del establecimiento, reconoció funciones internas y relató cambios recientes entre quienes realizaban los procedimientos.
Ese detalle ha sido interpretado de formas completamente distintas.

Para su defensa, demuestra cercanía suficiente como para ayudar al esclarecimiento. Para otros observadores, refleja una familiaridad más profunda con la operación clandestina de Beauty Láser.
La situación se volvió todavía más tensa cuando comenzaron a circular videos generados con inteligencia artificial acusándola de ser reclutadora de pacientes para el centro ilegal. Su firma de abogados respondió inmediatamente mediante un comunicado rechazando esos contenidos y calificándolos como ataques sin sustento probatorio.
El comunicado insistió en que Estefanía aportó elementos materiales valiosos a la Fiscalía. También confirmó que ya rindió declaración formal y que incluso solicitarían reconocerla como víctima dentro del proceso penal.
Pero mientras la defensa hablaba de estigmatización digital, otras filtraciones seguían alimentando el misterio.
Fuentes cercanas a la investigación sostienen que la Fiscalía analiza hallazgos sobre posibles vínculos previos entre Estefanía y María Fernanda Delgado que se remontarían a más de dos años antes de la muerte de Yulixa. Hasta ahora, nada de eso ha sido formalizado públicamente en una imputación.
También existen menciones sobre presuntos documentos o pasaportes encontrados durante diligencias judiciales. Ninguna autoridad ha confirmado oficialmente esos detalles ni su relación directa con López Artunduaga.
Ese vacío entre lo filtrado y lo probado se convirtió en el espacio más incómodo del caso.

Porque mientras en redes sociales algunos ya la presentan como pieza clave de una red clandestina, jurídicamente Estefanía sigue sin ser acusada formalmente de integrar la organización criminal. La distancia entre ambas realidades todavía no ha sido resuelta.
Y es precisamente ahí donde el caso alcanza su punto más inquietante porque la mujer que compartía casa, trabajo, amistades y rutinas con Yulixa terminó convertida simultáneamente en la principal voz pública de la búsqueda, en una testigo con conocimiento detallado del centro clandestino y en una figura rodeada de preguntas que la Fiscalía aún no responde ni descarta por completo.
Mientras tanto, los demás implicados enfrentan procesos judiciales en Colombia y Venezuela. María Fernanda Delgado, Edison Torres y Eduardo Ramos continúan detenidos mientras avanzan las solicitudes de extradición.
Alias Leo, señalado como posible anestesiólogo, sigue siendo buscado.
La Fiscalía también intenta determinar si Beauty Láser hacía parte de una red más amplia de clínicas clandestinas conectadas mediante recomendaciones personales y captación informal de pacientes. Varias mujeres ya comenzaron a relatar experiencias similares.
Algunas sobrevivieron con infecciones severas. Otras aseguran haber sido atendidas en condiciones completamente improvisadas. Todas coinciden en algo: el lugar seguía operando con aparente normalidad pese a las irregularidades.
La muerte de Yulixa terminó rompiendo ese silencio.
Y aunque el expediente ya acumula capturas, testimonios y peritajes, todavía persiste una sensación difícil de ignorar. La idea de que algunas respuestas importantes siguen atrapadas entre mensajes borrados, versiones incompletas y conversaciones que nadie ha querido contar por completo.