Huellas en el cadáv*r y fuga internacional: la amiga de Yulixa quedó en el centro del caso

La última persona en quien Yulixa Tolosa confiaba terminó convertida en el nombre que más se repite dentro del expediente judicial. No fue un desconocido ni un falso médico quien primero despertó las sospechas más delicadas de la Fiscalía. Fue su amiga.
Durante días, Estefanía López apareció frente a cámaras hablando con voz temblorosa. Decía estar preocupada, colaboraba con medios locales y relataba las últimas horas de Yulixa antes de ingresar al centro estético clandestino del barrio Venecia. Parecía otra víctima de la tragedia.
Pero detrás de esa imagen pública, los investigadores ya estaban revisando otra historia. Una historia construida con registros telefónicos, testimonios reservados y hallazgos forenses que, según versiones cercanas al proceso, comenzaron a cambiar completamente la dirección del caso.
Todo empezó el 13 de mayo de 2026. Yulixa Tolosa, estilista de 52 años y oriunda de Arauca, ingresó al establecimiento conocido como Beauty Láser con la intención de practicarse una lipólisis láser a bajo costo. El lugar funcionaba en el sur de Bogotá bajo apariencia de peluquería común.
Las autoridades sostienen que el sitio no tenía habilitación médica. Tampoco contaría, según documentos preliminares, con quirófanos adecuados ni personal especializado certificado para realizar procedimientos invasivos. Aun así, seguía funcionando frente a vecinos y comerciantes del sector.

Horas después de la cirugía, algo salió mal. Las cámaras externas captaron el momento en que dos hombres sacaban a Yulixa inconsciente del lugar y la subían a un vehículo particular. No hubo ambulancia ni traslado oficial a un hospital.
Después vino el silencio. Durante casi una semana, la familia buscó desesperadamente a Yulixa mientras su fotografía circulaba por redes sociales y noticieros nacionales. El país entero comenzó a seguir el caso.
El martes 19 de mayo apareció un cuerpo abandonado en una zona rural entre Apulo y Anapoima. Medicina Legal confirmó posteriormente que se trataba de Yulixa Tolosa. El hallazgo transformó una desaparición en una investigación por homicidio.
Sin embargo, el caso todavía no mostraba su parte más perturbadora. Según versiones extraoficiales filtradas desde entornos judiciales, durante la necropsia los peritos habrían encontrado huellas dactilares sobre el cuerpo de la víctima en zonas consideradas relevantes para la investigación.
El cotejo habría conducido directamente a Estefanía López. La mujer que había acompañado a Yulixa, la misma que daba entrevistas hablando de preocupación y angustia. La coincidencia encendió todas las alarmas dentro de la Fiscalía.
Hasta ese momento, Estefanía aparecía públicamente como amiga cercana y posible testigo clave. Después de los hallazgos, comenzó a ser observada como una posible pieza dentro de una estructura mucho más compleja. Las preguntas dejaron de girar únicamente alrededor de la clínica clandestina.

Fuentes cercanas al caso señalan que la relación entre ambas mujeres era profunda. Compartieron vivienda, proyectos laborales y círculos personales durante varios años. Yulixa incluso habría vivido dentro de la casa de Estefanía junto a otros miembros de su familia.
Esa cercanía hizo aún más difícil de explicar lo que vino después. Porque según testimonios recopilados por investigadores, Estefanía no solo conocía Beauty Láser, sino que también habría recomendado activamente el lugar a distintas mujeres interesadas en procedimientos estéticos baratos.
Varias versiones sostienen que existiría un sistema informal de comisiones. Mujeres que captaban clientas para clínicas ilegales a cambio de dinero. Hasta ahora, esa hipótesis no ha sido confirmada judicialmente, pero ya aparece mencionada en distintos testimonios conocidos por las autoridades.
En el caso de Yulixa, el pago de la cirugía rondaría los tres millones de pesos colombianos. Una cifra considerablemente menor frente a los precios de clínicas habilitadas. Ese detalle volvió a abrir el debate sobre la proliferación de centros clandestinos en Bogotá.
Según documentos revisados por autoridades sanitarias, Beauty Láser estaba registrado oficialmente como peluquería. No como clínica. A pesar de eso, dentro del establecimiento se realizaban liposucciones, infiltraciones y procedimientos invasivos con sedación.

Vecinos aseguran que el movimiento de pacientes era frecuente. Entraban mujeres durante el día y salían horas después en vehículos particulares. Nadie imaginó que una de ellas terminaría abandonada en una carretera rural.
La investigación tomó dimensión internacional cuando varios sospechosos huyeron hacia Venezuela. María Fernanda Delgado Hernández y Edison José Torres Sarmiento, señalados como administradores del lugar, fueron localizados en Portuguesa. Otro implicado fue capturado en Maracay.
Pero mientras las capturas avanzaban, Estefanía desapareció.
La Fiscalía intentó notificarla para interrogatorio y ya no estaba en su residencia habitual. Según información extraoficial, habría salido del país poco después de enterarse del avance de las pruebas forenses. Desde entonces, su paradero exacto sigue siendo incierto.
Algunos investigadores creen que pudo escapar por la frontera venezolana aprovechando pasos irregulares. Otros sostienen que habría buscado refugio en países vecinos. Hasta ahora, ninguna autoridad ha confirmado oficialmente dónde se encuentra.
Y fue entonces cuando el caso dejó de parecer una simple tragedia médica y empezó a mostrar la silueta inquietante de una red clandestina donde amistades, dinero, clínicas ilegales, captadores de pacientes y falsos especialistas parecían conectarse detrás de una maquinaria silenciosa que llevaba años operando sin controles visibles.

La presión pública creció rápidamente. En redes sociales comenzaron a circular mensajes acusando a Estefanía de traición y codicia. Otros usuarios pidieron cautela y recordaron que todavía no existe condena judicial ni imputación formal definitiva.
Mientras tanto, los abogados de la familia insistieron en que el expediente debe ir más allá de la negligencia médica. Para ellos, el abandono de Yulixa después de la cirugía podría configurar delitos mucho más graves si se demuestra que aún seguía viva durante el traslado.
Los forenses trabajan precisamente sobre ese punto. La llamada “ventana de muerte” busca establecer si la víctima falleció dentro de la clínica o durante el recorrido hacia la zona rural de Cundinamarca. La diferencia jurídica podría cambiar completamente las acusaciones.
También existen interrogantes sobre el papel exacto de quienes transportaron el cuerpo. Dos hombres fueron detenidos en Cúcuta cuando intentaban ocultar el vehículo utilizado para sacar a Yulixa del establecimiento. Posteriormente recuperaron la libertad por fallas procedimentales.
Ese detalle generó indignación nacional. Muchos comenzaron a cuestionar si el sistema judicial estaba preparado para responder a estructuras criminales que cruzan fronteras y manipulan pruebas con rapidez.
El caso también destapó otros testimonios. Varias mujeres afirmaron haber sufrido complicaciones médicas en el mismo centro clandestino. Algunas denunciaron infecciones severas, drenajes sin protocolos sanitarios y presiones para no acudir a hospitales.
Una sobreviviente relató que pasó más de dos semanas recibiendo tratamientos improvisados dentro del local. Según su testimonio, le aplicaban antibióticos y drenajes en condiciones antihigiénicas. Dice que nunca hubo supervisión médica real.

La muerte de Yulixa terminó exponiendo un problema mucho más amplio. Clínicas improvisadas funcionando bajo fachadas comerciales, procedimientos realizados por personas sin formación y pacientes convencidas mediante redes de confianza personales.
Por eso el nombre de Estefanía López se volvió tan simbólico dentro del caso. Porque la sospecha no apunta únicamente a una posible participación material. Apunta a la fractura de una confianza íntima.
Yulixa habría entrado a ese lugar creyendo en la recomendación de alguien cercano. No imaginaba que detrás de la promesa de una cirugía económica existía, según hipótesis de investigadores, una cadena de intereses y riesgos ocultos.
Ahora la Fiscalía analiza teléfonos celulares, conversaciones y movimientos financieros. Algunos chats recuperados, según versiones conocidas por medios locales, mostrarían insistencia para acelerar el pago del procedimiento. Pero todavía falta verificar oficialmente el contexto completo de esos mensajes.
La búsqueda internacional continúa. Se habla incluso de una posible circular roja de Interpol si se consolidan los elementos suficientes para una orden de captura internacional. Ninguna autoridad ha querido adelantar detalles.
Mientras tanto, la familia de Yulixa intenta reconstruir los últimos días de una mujer que pasó de atender clientas en un salón de belleza a convertirse en el rostro más visible de las llamadas clínicas de garaje en Colombia.
Y aunque el expediente ya acumula capturas, peritajes y declaraciones, dentro de la investigación todavía persiste una sensación incómoda: la idea de que algunas piezas importantes siguen ocultas y de que el verdadero alcance de esta red clandestina apenas empieza a revelarse.