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“Tu hijo va a sufrir las consecuencias”: los mensajes que hundieron a Roxana tras la mu*rte de Vicente en Mexicali

La frase apareció en medio de una audiencia de ocho horas y dejó la sala en silencio. No provenía de un perito, ni de una reconstrucción policial, sino de un mensaje enviado meses antes por una madre al padre de su hijo. Desde entonces, el caso dejó de girar únicamente alrededor de una tragedia y comenzó a moverse en un terreno mucho más oscuro.

En la sala 6 del Centro de Justicia Penal Río Nuevo, en Mexicali, el ambiente se volvió denso conforme avanzaban las pruebas presentadas por la Fiscalía General del Estado de Baja California. Fotografías, análisis toxicológicos, registros digitales y testimonios familiares fueron colocados uno tras otro sobre la mesa del juez Rogelio Robledo Martínez. Pero nada produjo el mismo impacto que las conversaciones extraídas del teléfono de Juan Carlos Mesa, padre del pequeño Vicente.

“Me voy a desquitar y tú serás el responsable”. “Tu hijo va a sufrir las consecuencias”. “Veo en mi hijo a ti”. Las frases, según el Ministerio Público, formaban parte de un patrón constante de amenazas enviadas por Roxana durante el conflicto legal por la custodia del niño de tres años. No eran mensajes aislados ni discusiones impulsivas, sostuvo la fiscalía, sino intercambios repetidos a lo largo de meses.

La audiencia del 5 de mayo se convirtió así en el centro de una narrativa mucho más compleja que la de un supuesto descuido. La fiscal María Elena Andrade Ramírez insistió en que el caso no podía reducirse al llamado síndrome del niño olvidado. Para la acusación, existían antecedentes suficientes para hablar de dolo eventual, una figura jurídica que implica conciencia del riesgo y omisión deliberada frente a consecuencias potencialmente mortales.

Según lo expuesto ante el juez, Roxana y Juan Carlos llevaban más de un año separados. El divorcio derivó en denuncias cruzadas, acusaciones de violencia familiar y una disputa intensa por la custodia de Vicente. El expediente familiar 961/2025, iniciado en Mexicali, terminó colocando al menor exactamente en medio de un conflicto que, según versiones presentadas en audiencia, nunca dejó de escalar.

Juan Carlos declaró públicamente que había advertido sobre comportamientos preocupantes mucho antes de la muerte de su hijo. Aseguró que cada avance judicial relacionado con la custodia terminaba acompañado por amenazas o mensajes donde Vicente aparecía como herramienta de presión emocional. La fiscalía retomó esa línea y la utilizó para construir una narrativa de conducta reiterada.

Entre las pruebas presentadas también figuraban videos enviados por Roxana al teléfono de Juan Carlos. En esas grabaciones, según reportes de medios locales presentes en la audiencia, Vicente aparecía llorando mientras su madre le decía que su padre ya no iba a regresar o que ya no los quería. El niño tenía apenas tres años y las imágenes, de acuerdo con quienes estuvieron en la sala, provocaron reacciones visibles incluso entre algunos asistentes acostumbrados a procesos penales complejos.

El Ministerio Público recuperó además un episodio previo ocurrido cuando Vicente aún era un bebé. Según la versión expuesta, Roxana habría dejado solo al menor dentro de una vivienda tras discutir con Juan Carlos sobre quién debía quedarse cuidándolo. Una vecina, presuntamente alertada por el padre, acudió después para verificar la situación. La fiscalía utilizó ese antecedente para argumentar que existía un patrón documentado de conductas negligentes relacionadas con el niño.

La noche del primero de mayo, de acuerdo con la reconstrucción oficial, Roxana acudió junto a Vicente a un convivio familiar en el fraccionamiento Verona. Horas más tarde regresó a su domicilio en La Rioja conduciendo una camioneta Captiva negra. Vicente permanecía dormido en su silla de seguridad ubicada en el asiento trasero.

La versión inicial señalaba que la mujer ingresó a la vivienda creyendo que posteriormente subiría al niño a su habitación. Sin embargo, el Ministerio Público cuestionó seriamente esa explicación tras revisar las evidencias encontradas dentro del domicilio. Latas vacías de cerveza, botellas de alcohol consumidas y pastillas de clonazepam aparecieron en la escena.

Los registros digitales mostraron además actividad constante en redes sociales durante la madrugada. Según los peritajes expuestos en audiencia, Roxana publicó historias, respondió mensajes y utilizó aplicaciones entre las tres y las cinco y media de la mañana. Para la fiscalía, ese comportamiento evidenciaba que permaneció despierta durante varias horas mientras Vicente seguía dentro del vehículo.

A las 12:30 del día siguiente, según su propia declaración, Roxana buscó al niño dentro de la casa y finalmente salió hacia la camioneta. Vicente ya no respondía. Los peritos determinaron posteriormente que el menor había muerto entre las nueve y diez de la mañana debido a un golpe de calor severo.

El informe del Servicio Médico Forense describió quemaduras de primer grado en muslos y antebrazos provocadas por el contacto prolongado con superficies calientes dentro del automóvil. En Mexicali, las temperaturas exteriores alcanzaban hasta 35 grados, pero en el interior del vehículo cerrado los expertos estimaron más de 45 grados centígrados. La fiscal Andrade Ramírez definió la muerte del menor como “lenta y dolorosa”, una frase que terminó dominando la conversación pública durante los días posteriores.

Y mientras el padre escuchaba la descripción forense de las últimas horas de vida de Vicente, la sala permanecía inmóvil frente al silencio absoluto de Roxana, quien recibió tres oportunidades del juez para hablar y nunca mencionó el nombre de su hijo ni emitió una sola palabra relacionada con lo ocurrido.

La defensa anunció que buscará sostener el argumento del síndrome del niño olvidado. Según esa teoría, ciertas condiciones de estrés severo, ansiedad o trastornos emocionales pueden provocar fallas cognitivas temporales capaces de hacer que un cuidador olvide involuntariamente la presencia de un menor. La estrategia incluiría la participación del neonatólogo Sid Bravo, del Hospital Materno Infantil de Mexicali.

Sin embargo, el debate público comenzó a girar alrededor de una pregunta incómoda. ¿Cómo encajan las amenazas previas dentro de una hipótesis basada en una falla involuntaria de memoria? Hasta ahora no existe una respuesta judicial definitiva, pero la fiscalía sostiene que los mensajes alteran completamente la interpretación del caso.

La indignación social explotó en redes sociales apenas trascendieron los detalles de la audiencia. Los mensajes atribuidos a Roxana circularon rápidamente acompañados de reclamos hacia el sistema judicial y de protección familiar. Muchas publicaciones insistían en la misma duda: si existían antecedentes, denuncias y advertencias previas, ¿por qué Vicente permanecía bajo ese entorno?

Juan Carlos reforzó esa línea durante declaraciones posteriores. Cuestionó directamente la ausencia de evaluaciones psicológicas profundas durante el proceso de custodia y sugirió que hubo señales ignoradas antes de la tragedia. Por ahora, ninguna autoridad judicial ha respondido públicamente a esos señalamientos.

La Fiscalía de Baja California confirmó que continuará fortaleciendo la carpeta de investigación rumbo a la audiencia de vinculación a proceso programada para el 9 de mayo. Roxana permanece recluida en el CERESO de Mexicali bajo prisión preventiva oficiosa. El delito imputado es homicidio por comisión por omisión con dolo eventual, aunque la fiscalía no descarta agravantes adicionales que podrían aumentar considerablemente la posible condena.

Mientras tanto, el caso sigue moviéndose entre dos narrativas opuestas. De un lado, la defensa habla de una tragedia derivada de un colapso psicológico. Del otro, la fiscalía insiste en que los mensajes previos revelan algo mucho más perturbador, una posibilidad que todavía no ha sido confirmada judicialmente, pero que ya instaló una sombra permanente sobre la muerte de Vicente.

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