Famous Story

Mu*re adolescente que era buscado por el as*sinato de dos hermanas de 14 y 17 años en Malambo

La historia comenzó en medio del ruido, los colores y la euforia del carnaval de Barranquilla, una celebración que cada año transforma las calles en una fiesta interminable. Aquella noche del martes 17 de febrero de 2026 parecía no ser diferente para Sheridan Sofía, de 14 años, y Kea Nicole, de 17, dos hermanas que salieron de su vivienda en el barrio La Sierrita con la ilusión de vivir la energía de las festividades.

Iban acompañadas por unos jóvenes a quienes habían conocido recientemente durante las celebraciones.

Lo que parecía una salida más terminó convirtiéndose en el inicio de uno de los casos más estremecedores del año en el departamento del Atlántico.

Las horas pasaron.

Las hermanas no regresaron.

La preocupación de su familia se transformó rápidamente en desesperación cuando comenzó a circular la noticia de su desaparición, obligando a las autoridades a iniciar una búsqueda urgente mientras vecinos y allegados recorrían calles y barrios tratando de encontrar alguna pista.

Pero el calvario de la familia apenas comenzaba.

Poco después de reportar la desaparición, la madre de las adolescentes empezó a recibir mensajes y llamadas que confirmaban el peor temor: las jóvenes estaban retenidas por sus captores. Las exigencias económicas no tardaron en aparecer y el monto solicitado fue cambiando conforme pasaban las horas.

Primero exigieron 50 millones de pesos.

Luego la cifra bajó a 20 millones.

Finalmente exigieron 10 millones.

Mientras se desarrollaba esa negociación desesperada, las investigaciones posteriores revelarían que las menores permanecían retenidas en una vivienda del municipio de Malambo, en medio de un grupo de jóvenes vinculados presuntamente a estructuras criminales locales.

Entre los nombres que comenzaron a aparecer en las indagatorias estaban alias Tata, alias El Mono y alias Fabián, además de otros individuos relacionados con bandas del sector.

El móvil del crimen terminaría revelando un motivo tan simple como brutal.

“Faltonas”, dijeron.

Una palabra que, según los testimonios recogidos por la Fiscalía, fue utilizada por los agresores para justificar la violencia contra las adolescentes, insinuando una supuesta traición o falta de respeto dentro del entorno social en el que se movían los implicados.

Las audiencias judiciales posteriores revelarían escenas difíciles de imaginar.

Uno de los implicados describió el momento del ataque con una frialdad que estremeció a los investigadores. Según su relato, una de las menores intentó defenderse explicando que los jóvenes con quienes hablaban eran simplemente pretendientes y no representaban ninguna amenaza para el grupo.

No hubo clemencia.

El atacante confesó que disparó contra una de las hermanas en la cabeza, pero la joven aún seguía consciente y suplicando que no le dispararan nuevamente.

Entonces vino el segundo disparo.

Once días después de su desaparición, el 28 de febrero, la búsqueda terminó de la peor manera. Peritos del CTI de la Fiscalía localizaron los cuerpos de Sheridan y Kea enterrados en una fosa común en una zona enmontada de Malambo, confirmando el brutal desenlace de un caso que ya había conmocionado a todo el país.

La indignación pública no tardó en multiplicarse.

Las capturas llegaron rápidamente.

La Policía detuvo a Juan David Taboada, alias Tata, de 19 años, mientras que un menor de 17 años conocido como alias El Mono fue aprehendido y trasladado al centro de reeducación El Oasis en el municipio de Soledad.

Sin embargo, uno de los implicados clave logró escapar.

Aldelso Fabián Nava Díaz, alias Fabián, también menor de edad, huyó hacia Venezuela poco después del crimen, iniciando una búsqueda internacional que se prolongó durante semanas.

La persecución terminó el 12 de marzo en Maracaibo.

Fue la comunidad la que ayudó a ubicarlo.

Habitantes del sector El Despertar reconocieron su rostro y alertaron a las autoridades, lo que permitió que efectivos del Cuerpo de Policía Bolivariana del estado Zulia rodearan la zona donde se escondía.

El joven decidió resistirse.

Se refugió dentro de una vivienda.

Y abrió fuego contra los agentes.

El enfrentamiento fue breve pero violento. Los policías respondieron al ataque y el menor resultó gravemente herido durante el intercambio de disparos, siendo trasladado de urgencia al centro de diagnóstico integral La Chamarreta.

Murió poco después.

Con su muerte se cerró uno de los capítulos más dramáticos del caso, aunque las investigaciones están lejos de terminar. En el lugar del enfrentamiento, las autoridades incautaron una pistola calibre 380 y su teléfono móvil, considerado ahora una pieza clave para rastrear las comunicaciones y posibles cómplices.

Entre los nombres que todavía aparecen en el radar de los investigadores figura alias Eric, quien permanece prófugo.

El teléfono podría revelar mucho más.

Contactos.

Mensajes.

Instrucciones.

La historia de Sheridan Sofía y Kea Nicole dejó una marca profunda en la región. Dos adolescentes que salieron de casa en plena fiesta de carnaval y terminaron convirtiéndose en símbolo de un crimen que mezcla violencia juvenil, estructuras criminales locales y decisiones tomadas en cuestión de segundos.

El caso aún no está completamente cerrado.

Las piezas siguen moviéndose.

Y las autoridades esperan que la evidencia digital permita finalmente reconstruir toda la red detrás de uno de los asesinatos que más indignación ha provocado en Colombia este año.

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