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¡ALERTA! 10 INCONSISTENCIAS EN EL CASO MONTEMORELOS: ¿DE VERDAD FUE CINDY? LA NÚMERO 1 TE HELARÁ

Una camioneta permanecía encendida en una calle de Montemorelos, con el clima funcionando y los seguros puestos, mientras dentro comenzaba a escribirse una de las escenas más desconcertantes del caso. A pocos minutos de distancia, otra vivienda guardaba una segunda tragedia y, entre ambas escenas, quedaban horas, movimientos y versiones que todavía generan preguntas.

La mañana del 30 de septiembre, Cynthna Abigail Tamés Rivera, conocida como Cindy, fue localizada sin vida junto a su hijo Gustavo, de dos años, dentro de un Jeep. En una casa del fraccionamiento Los Nogales fueron encontrados también Leodegario Moya Garza, Junior, y los menores Cristian y Bruno.

Al día siguiente, el fiscal general de Nuevo León, Javier Flores Saldívar, presentó una explicación preliminar. Según esa versión, las víctimas habrían sido atacadas por Cindy con una pistola automática calibre 38 y los casquillos encontrados en ambas escenas coincidirían con esa arma.

Sin embargo, los propios reportes difundidos después comenzaron a mostrar diferencias. Las horas del primer aviso aparecen mencionadas como 9:30, 9:40 o 9:50 de la mañana, mientras que tampoco existe uniformidad sobre el nombre del fraccionamiento, el modelo exacto del Jeep o las edades de los menores.

Algunas de esas diferencias podrían ser simples errores periodísticos cometidos durante las primeras horas. Pero cuando una investigación depende de reconstruir una secuencia precisa, incluso los detalles aparentemente pequeños adquieren importancia.

También surgieron dudas sobre la situación familiar de los niños. Un medio señaló que los tres eran hijos de la pareja, mientras que los apellidos publicados apuntaban a otra composición familiar, algo que el propio fiscal habría dejado entrever sin ofrecer públicamente mayores precisiones.

Otra pieza que cambió fue la presencia de personas a bordo de vehículos RZR. Inicialmente se habló de una reunión durante la noche y de posibles responsables buscados mediante cámaras y operativos, pero posteriormente apareció la versión de que los RZR pertenecían a la propia pareja y que ambos habían estado juntos tomando cerveza.

La diferencia no demuestra por sí misma que exista una segunda historia. Lo que deja pendiente es saber quiénes estuvieron realmente en la vivienda, a qué hora se fueron y si esas personas fueron identificadas o interrogadas.

También permanece el problema de los sonidos. Según diversos reportes, durante la noche hubo música a volumen elevado, pero la Fiscalía habría señalado que todavía no contaba con testimonios de vecinos que hubieran escuchado los disparos.

El motivo tampoco quedó completamente establecido. El fiscal habló de un malentendido o un enojo entre la pareja, pero reconoció que no conocía con precisión la causa y que los estudios toxicológicos todavía estaban pendientes.

A esto se suma una línea que, según versiones periodísticas, no había sido explicada públicamente: Cindy habría organizado tandas de hasta 100,000 pesos y prestado dinero, aunque no se ha informado si las autoridades investigaron posibles deudas relacionadas con el caso.

La cronología adquiere mayor relevancia cuando aparecen los reportes según los cuales Leodegario estaba dormido cuando recibió el disparo. Si esa versión fuera correcta, habría existido un intervalo entre la discusión y el ataque que todavía necesita ser reconstruido.

En ese mismo espacio temporal aparece el último video publicado por Cindy en TikTok, con la frase sobre ser capaz de quemar su casa por ver arder la del vecino. Según el relato difundido, habría sido publicado aproximadamente una hora antes de su muerte, aunque no se ha revelado públicamente la hora exacta registrada en el teléfono localizado en el Jeep.

El arma también deja preguntas. Se habla de una pistola calibre 38 y de un cartucho sin disparar encontrado en la camioneta, mientras que distintas versiones sitúan el supuesto regalo del arma semanas o días antes.

Tampoco se ha detallado públicamente cuántos casquillos fueron encontrados en cada escena ni cuántos disparos se realizaron en total. Y aunque en redes circuló la versión de que Cindy tenía el arma empuñada, los reportes formales citados únicamente señalan que estaba junto a ella.

Las cámaras constituyen otra contradicción aparente. Algunos reportes hablaron de su revisión, mientras que posteriormente se informó que no se localizaron cámaras útiles para reconstruir los hechos, dejando abierta la posibilidad de que estuvieran apagadas, no fueran funcionales o simplemente no existieran en los puntos relevantes.

Pero la pieza que concentra más preguntas es el tiempo transcurrido entre ambas escenas. Según lo explicado públicamente, pasó alrededor de una hora u hora y media antes de que fueran descubiertos los otros fallecidos, aunque todavía no se ha explicado con detalle cómo transcurrió ese intervalo.

Y entonces aparece el adolescente de 14 años que sobrevivió y que, según versiones extraoficiales, habría estado dentro de la casa durante los hechos, pero las distintas versiones sobre dónde se escondió, si Cindy lo vio, qué relación tenía con ella, a quién habría visto disparar y cómo intentó abandonar el lugar en un RZR hacen que su testimonio sea una pieza especialmente delicada cuya reconstrucción completa todavía no ha sido expuesta públicamente.

Nada de esto demuestra que una persona distinta haya cometido los crímenes. También es posible que parte de las diferencias proceda de errores iniciales, versiones incompletas o información periodística que fue modificándose conforme avanzaba la investigación.

El problema es que el caso involucra a tres menores fallecidos y a una mujer que tampoco puede ofrecer su propia versión de los hechos. Por eso, elementos como el teléfono, los residuos de disparo, los casquillos, el origen del arma y la declaración del único sobreviviente adquieren un peso particular.

La explicación oficial puede terminar siendo confirmada por los dictámenes pendientes. Pero mientras algunos de esos elementos no sean conocidos públicamente, la historia conserva una zona de incertidumbre que difícilmente puede resolverse únicamente con las primeras versiones.

En Montemorelos, la pregunta ya no es solamente qué ocurrió aquella madrugada, sino cuánto de aquella secuencia ha podido ser reconstruido con pruebas y cuánto permanece todavía en declaraciones, versiones contradictorias y espacios de tiempo que nadie ha explicado completamente.

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