AS*SINADA POR SU NOVIO y ARROJADA al RÍO: POR ESTA PISTA CAPTURARON A CULPABLE – EMILIANA CASTRILLÓN

La última conversación parecía completamente normal. Una madre llamó a su hija de 19 años, escuchó su voz, recibió un “te amo” y jamás volvió a hablar con ella.
Emiliana Castrillón había salido aquella noche para disfrutar de las festividades del tradicional festival de globos en Venecia, Antioquia.
Nada en aquella despedida parecía anunciar una tragedia.
Pero después de esa llamada comenzó un silencio que duraría nueve días y transformaría para siempre la vida de su madre, Lina.
La joven desapareció el 2 de noviembre. Durante los días siguientes, su familia buscó respuestas mientras la incertidumbre crecía con cada hora que pasaba.
Según el relato entregado durante la investigación periodística, Emiliana había dicho que estaba acompañada por su novio y otras personas.
Para su madre, aquello no parecía extraño. Era una joven de 19 años disfrutando de una celebración y no existía, según contó, ningún presentimiento que le hiciera imaginar lo que ocurriría después.
La última conversación quedó grabada en la memoria de Lina como una escena imposible de olvidar.
“Te amo” fue una de las últimas frases que intercambiaron.
Después llegó la ausencia.
Durante nueve días, la familia tuvo que convivir con una pregunta que no encontraba respuesta: dónde estaba Emiliana.
La incertidumbre de una desaparición, explican especialistas citados en el relato, tiene una característica particularmente cruel: mantiene abierta la posibilidad de encontrar a la persona con vida.

Cuando esa esperanza desaparece, el dolor cambia.
La confirmación de un feminicidio puede dar paso a sentimientos de rabia, frustración y una profunda sensación de impotencia.
El 10 de noviembre, un trabajador de una finca encontró el cuerpo de una joven cerca de una zona boscosa, en jurisdicción cercana al corregimiento de Bolombolo.
Según el testimonio de la madre, el hallazgo se produjo aproximadamente a diez minutos de un lugar relacionado con la vivienda de Michael de Oza Restrepo.
El cuerpo, de acuerdo con el relato, presentaba un avanzado deterioro debido al tiempo transcurrido.
Para Lina, la noticia fue devastadora.
Incluso antes de escuchar todos los detalles, dijo haber entendido que su hija había muerto.
Posteriormente conoció la versión de que Emiliana habría recibido disparos en la cabeza antes de que su cuerpo fuera arrojado al río Cauca.
Estos detalles forman parte del relato presentado sobre el caso y deben entenderse dentro de una investigación judicial que busca establecer exactamente cómo ocurrió el crimen.
Pero mientras las autoridades reconstruían los últimos movimientos de la joven, su familia intentaba reconstruir quién había sido ella.
Emiliana no era solamente el nombre de una víctima en un expediente.
Era una joven apasionada por el patinaje, los animales, los senderos, el baile y los momentos compartidos con sus amigos.
Su madre la describe como alegre, activa y competitiva.
También recuerda que la relación entre ambas había sido especialmente cercana, hasta el punto de considerarla una amiga y confidente.
Ese vínculo hace todavía más dolorosa la última conversación.
Lina contó que comenzó a sentirse preocupada por la relación de su hija con el joven que posteriormente sería señalado por las autoridades.

Según su testimonio, existían comentarios negativos sobre él y algunas personas de la familia no consideraban que fuera una buena influencia para Emiliana.
Sin embargo, una preocupación familiar no equivale a una prueba de culpabilidad.
La responsabilidad penal debe establecerse dentro del proceso judicial y con las garantías correspondientes.
La investigación dio un giro meses después.
El 23 de febrero de 2026, las autoridades capturaron en Titiribí, Antioquia, a Michael de Oza Restrepo, señalado por la Fiscalía como presunto responsable del feminicidio de Emiliana.
El detenido quedó privado de la libertad en la cárcel El Pedregal, en Medellín, mientras avanzaba el proceso judicial.
Según la información presentada en el reportaje, la Fiscalía también expuso antecedentes relacionados con presuntos hechos de violencia intrafamiliar.
Además, fueron mencionados otros delitos dentro de la actuación judicial, entre ellos desaparición forzada y porte ilegal de armas.
Estos elementos podrían resultar relevantes para los investigadores, aunque corresponde a los tribunales determinar qué hechos pueden ser demostrados y qué responsabilidad individual existe.
Uno de los puntos que más atención genera es la reconstrucción de los últimos momentos de Emiliana.
Las imágenes de las calles que recorrió junto a quien posteriormente sería señalado como su agresor fueron presentadas como una de las pistas importantes para reconstruir su recorrido.
Pero una imagen, por sí sola, no explica lo que sucedió después.
La investigación necesita establecer qué ocurrió entre aquella última conversación y el momento en que fue encontrado el cuerpo.
También debe determinar cómo se produjo la muerte, quién intervino y qué elementos permitieron finalmente localizar al presunto responsable.
La hipótesis de una violencia ejercida dentro de una relación sentimental tampoco aparece aislada del fenómeno de los feminicidios.

Especialistas citados en el reportaje explican que en determinados casos existe una dinámica de dependencia emocional, control y deseo de imponer poder sobre la pareja.
Cuando esa dinámica se vuelve extrema, la ruptura puede convertirse en un momento de especial riesgo.
En el caso de Emiliana, todavía corresponde a la justicia determinar qué factores concretos estuvieron presentes en su relación con el acusado.
Pero existe una pregunta social que permanece después de cada crimen de este tipo: ¿cuántas señales pueden existir antes de que una relación termine en violencia irreversible?
La respuesta no es sencilla.
No todas las relaciones conflictivas terminan en homicidio y no todas las advertencias familiares permiten anticipar un crimen.
Sin embargo, cada feminicidio vuelve a poner sobre la mesa la necesidad de identificar comportamientos de control, amenazas, violencia y dependencia antes de que las consecuencias sean irreparables.
Para Lina, ninguna explicación puede devolverle a su única hija.
Lo que queda es una ausencia que, según los especialistas, puede aprenderse a llevar con el tiempo, pero no desaparece completamente.
El dolor puede transformarse, pero permanece como una cicatriz.
Y en esta historia existe una escena que resume toda la tragedia: una joven de 19 años salió a celebrar, habló con su madre, dijo que estaba acompañada, se despidió con un “te amo” y nueve días después su familia recibió la noticia que llevaba horas temiendo.
La captura de Michael de Oza Restrepo representa un avance para la investigación, pero no equivale todavía a una sentencia definitiva.
El proceso deberá establecer qué ocurrió aquella noche, qué pruebas sostienen las acusaciones y cuál fue exactamente la responsabilidad del detenido.
Mientras tanto, Emiliana permanece en la memoria de quienes la conocieron por algo muy diferente a la violencia que terminó con su vida.
Su madre quiere que la recuerden riendo, patinando, bailando y disfrutando de la vida.
Porque detrás de cada expediente de feminicidio existe una persona con sueños, una familia y una historia que comenzó mucho antes de la tragedia.
Y quizá esa sea una de las preguntas más difíciles que deja este caso: qué señales pudieron existir antes de aquella última llamada y por qué nadie pudo detener el desenlace.
