Desesperada y entre lágrimas, mamá de Yulixa Toloza pide a las autoridades que “consigan a mi hija”

La madrugada avanzaba sobre las carreteras del país mientras un automóvil negro atravesaba peajes casi vacíos rumbo al oriente colombiano. Nadie imaginaba entonces que esas cámaras terminarían convirtiéndose en las últimas huellas visibles de Yulixa Toloza, una mujer de 52 años cuyo paradero sigue siendo un misterio seis días después de desaparecer en el sur de Bogotá.
Las imágenes registradas por los peajes muestran una ruta larga, silenciosa y aparentemente calculada. El vehículo de placas UCQ 340 salió de Bogotá durante la madrugada del jueves y recorrió cientos de kilómetros hasta llegar al área metropolitana de Cúcuta.
Según las investigaciones preliminares, Yulixa habría sido sacada horas antes de un centro estético por dos hombres. Desde entonces, no se volvió a saber de ella. Las autoridades aún intentan establecer qué ocurrió entre el momento en que fue subida al automóvil y el instante en que el vehículo abandonó oficialmente la capital.

El caso comenzó a adquirir un tono todavía más inquietante cuando las autoridades localizaron el carro en un parqueadero del municipio de Los Patios, en Norte de Santander. La ubicación habría sido posible gracias a una llamada ciudadana que alertó sobre movimientos sospechosos alrededor del vehículo.
Dos personas permanecen detenidas mientras avanzan las investigaciones. Uno de ellos sería familiar de la esteticista vinculada al centro donde Yulixa fue intervenida antes de desaparecer. Hasta el momento, las autoridades no han confirmado responsabilidades penales definitivas.
La reconstrucción del recorrido del automóvil se ha convertido en una pieza central de la investigación. Las cámaras de peaje registraron el paso del vehículo por Andes, El Roble y Albarracín durante las primeras horas de la madrugada.
Sin embargo, un vacío temporal de más de cuatro horas llamó especialmente la atención de los investigadores. Después del peaje de Villapinzón, el automóvil desaparece momentáneamente del radar antes de reaparecer en Tuta, Boyacá. Ese intervalo es considerado uno de los puntos más sensibles del caso.

Las autoridades trabajan ahora sobre múltiples hipótesis. Ninguna ha sido descartada completamente. Según versiones preliminares, algunas líneas investigativas apuntan hacia posibles movimientos en territorio venezolano, específicamente en el estado Portuguesa, aunque esa información todavía no ha sido confirmada oficialmente.
La frontera colombo-venezolana volvió a aparecer en el centro de la investigación. Fuentes cercanas al caso aseguran que los presuntos responsables habrían cruzado hacia Venezuela tras abandonar el vehículo en Cúcuta. La cooperación binacional podría convertirse en un elemento clave durante los próximos días.
Mientras tanto, agentes de la Sijín realizan peritajes exhaustivos al automóvil. ADN, huellas, cabellos y rastros biológicos están siendo analizados en busca de respuestas que permitan reconstruir las últimas horas conocidas de Yulixa.
Pero más allá de la investigación técnica, el rostro humano del caso se impone con fuerza devastadora. La voz quebrada de la madre de Yulixa se convirtió en uno de los momentos más duros de toda esta historia.

“Yo me estoy acabando mentalmente”, dijo entre lágrimas frente a las cámaras, mientras pedía ayuda para encontrar a su hija y confesaba que cada noche imagina escenarios distintos sin lograr dormir.
Sus palabras generaron una ola inmediata de reacciones en redes sociales. Miles de usuarios comenzaron a compartir fotografías de Yulixa y mensajes exigiendo respuestas rápidas de las autoridades colombianas.
En Bogotá, familiares y amigos continúan organizando búsquedas independientes en sectores periféricos de la ciudad. Algunos recorren zonas boscosas, otros revisan cámaras privadas y varios han comenzado a difundir información por cuenta propia ante la desesperación creciente.
La desaparición también volvió a poner bajo la lupa ciertos procedimientos relacionados con centros estéticos clandestinos o poco regulados. Aunque todavía no existe una conclusión oficial sobre lo ocurrido dentro del establecimiento, el caso ha reabierto un debate social sobre controles sanitarios y responsabilidades médicas.
En paralelo, crecen las preguntas sobre el comportamiento de las personas involucradas. ¿Por qué el vehículo recorrió semejante distancia? ¿Qué ocurrió durante las horas sin registro? ¿Por qué terminó oculto en un parqueadero de frontera?

Y mientras las autoridades revisan grabaciones, testimonios y rastros biológicos intentando reconstruir cada minuto de aquella noche, la incertidumbre aumenta porque nadie logra explicar todavía cómo una mujer pudo desaparecer prácticamente frente a cámaras, atravesar medio país dentro de un automóvil y desvanecerse después en medio de una red de silencios, fronteras y versiones cruzadas que parecen esconder algo mucho más grande de lo que hasta ahora se ha contado.
La angustia colectiva crece con cada día sin respuestas. En Cúcuta, el caso ya no se comenta solo como una desaparición aislada. Muchos habitantes comienzan a hablar de estructuras clandestinas, rutas improvisadas y conexiones que podrían extenderse más allá de Colombia.
Sin embargo, las autoridades mantienen prudencia absoluta. Insisten en que todavía no existen pruebas concluyentes para sostener varias de las hipótesis que circulan en internet y en algunos medios digitales.
Lo único confirmado hasta ahora es que Yulixa sigue desaparecida. Y que una madre continúa esperando una llamada que termine con la pesadilla.
Porque detrás del recorrido de un automóvil negro, de unos peajes nocturnos y de una frontera vigilada, todavía hay demasiadas piezas que no encajan completamente.