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“No somos lo que dicen” Padres de Jeremy dan la cara ante acusaciones de vínculos con “Los Borregos”

Siete puñaladas separan la versión de la calle y la versión de una familia que suplica justicia.

El 11 de febrero, a las afueras de la Secundaria Diurna 324 Alfonso Caso Andrade, lo que comenzó como una riña escolar terminó con Jeremy, de 14 años, intubado en una cama de hospital, con tres perforaciones en el pulmón y heridas que comprometieron órganos vitales. Salió de clases y no volvió a casa a comer; en su lugar, comenzó una carrera contrarreloj por salvarle la vida.

Pero la batalla no solo se libra en el quirófano.

Mientras la familia reza por un milagro, en redes sociales circulan versiones que lo señalan como agresor, acosador y hasta miembro indirecto de un grupo criminal. El nombre que más se repite es el de “Los Borregos”, una banda vinculada con despojo de tierras y narcomenudeo en la alcaldía Tláhuac.

“Se lo merecía”, escriben algunos.

Los padres decidieron romper el silencio y enfrentar las cámaras, no para polemizar, sino para desmentir lo que califican como una sentencia pública sin pruebas. “Mi hijo es un estudiante, no un criminal. Nos están juzgando por vivir en una zona difícil, pero somos gente de trabajo”, afirmó el padre, visiblemente afectado.

La madre insiste en que Jeremy no amedrentaba a sus compañeros ni inició la agresión, como se ha sugerido en TikTok y Facebook. Para ellos, esas versiones no solo son falsas, sino que desvían la atención de lo que realmente importa: un menor de edad que lucha por sobrevivir tras ser atacado con un arma blanca.

La abuela, Guadalupe Mendoza, fue más contundente.

Exigió que el agresor sea procesado por tentativa de homicidio y no únicamente por lesiones, debido a la gravedad de las heridas. “Mi nieto está con una perforación en el pulmón, no una, tres”, dijo, recordando que las estocadas fueron siete y que cada una pudo haber sido fatal.

¿Quién instala la narrativa?

El 18 de febrero, la fiscal general Berta María Alcalde informó que no existen indicios que vinculen a Jeremy ni a su familia con grupos delictivos. Según la autoridad, las versiones sobre supuestos nexos con “Los Borregos” surgieron principalmente de comentarios anónimos en redes sociales y no forman parte de las líneas oficiales de investigación.

Aun así, el daño ya estaba hecho.

La familia denuncia que, además del dolor físico y emocional, han tenido que enfrentar el juicio público y los rumores de pasillo que los colocan en el banquillo sin pruebas. Viven en una zona señalada por la violencia, sí, pero eso —dicen— no los convierte en criminales.

La historia de Jeremy expone algo más profundo.

La facilidad con la que una etiqueta digital puede pesar tanto como una resolución judicial y la rapidez con la que la opinión pública puede convertir a una víctima en sospechoso. Mientras el adolescente permanece grave, cada palabra en redes se convierte en una carga adicional para sus padres.

Hoy solo piden justicia.

Y que la investigación se base en hechos, no en hashtags.

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