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Jonathan Meléndez: Obligó a un músico a ver mor*r a su familia por una fortuna en criptomonedas

La última publicación de Jonathan Meléndez hablaba de música, naturaleza y paz interior. Nadie que escuchara aquellas palabras podía imaginar que pocos días después su nombre estaría relacionado con una de las investigaciones más estremecedoras.

Jonathan hablaba de cómo las experiencias alimentaban la creatividad. Para él, salir, observar la naturaleza y nutrir la mente eran formas de encontrar inspiración para que la música pudiera fluir.

Era una reflexión aparentemente tranquila. Sin embargo, detrás de aquellas imágenes existía una realidad que comenzaría a revelarse después de su muerte.

Jonathan Samuel Meléndez, conocido como Jonás, nació el 7 de abril de 1988 en Ciudad de México. Fue uno de los fundadores de Camilo VI, agrupación creada en 2013 junto a Manuel Mendoza y Eric Vázquez.

Los teclados y sintetizadores de Jonathan ayudaron a construir buena parte del sonido de la banda. También desarrolló trabajos como compositor, productor e ingeniero de grabación, mezcla y masterización.

El proyecto consiguió reconocimiento dentro de la escena independiente mexicana. Hubo nominaciones a distintos premios y colaboraciones que ampliaron la trayectoria de Jonathan más allá del escenario.

Pero el primero de septiembre, aquella carrera quedó interrumpida de una manera brutal. Según la información presentada en el material, Jonathan había quedado de reunirse con un socio de negocios y tomó una precaución que después adquiriría una importancia enorme.

Le pidió a su amigo Freddy Núñez que, si dejaba de comunicarse durante treinta minutos, avisara a las autoridades. Freddy permaneció en el estacionamiento del complejo mientras esperaba noticias.

Cuando Jonathan dejó de responder, Freddy subió hasta el noveno piso. Tocó la puerta del penthouse y Jonathan abrió visiblemente alterado, pero aseguró que todo estaba bien y no permitió que su amigo entrara.

Freddy no quedó convencido. Acudió entonces con los guardias del residencial y les informó que había un hombre armado dentro del apartamento.

La respuesta inicial, según el relato proporcionado, fue que no podían intervenir inmediatamente. Finalmente se solicitó presencia policial, pero cuando dos agentes llegaron, Jonathan volvió a decir desde el interior que todo estaba bien.

Los oficiales se retiraron. La situación continuó hasta las 11:50 de la noche, cuando finalmente las autoridades entraron utilizando un ariete.

Dentro encontraron una escena devastadora. Ana Paola Barragán, esposa de Jonathan y embarazada de cuatro meses, estaba junto a su hija Sofía, de tres años.

Ambas estaban maniatadas y habían recibido disparos. La niñera, Aleida Romero, también fue localizada sin vida.

Jonathan fue encontrado en la sala, amordazado y atado. Pero debajo de una cama había algo que cambiaría para siempre la dimensión de aquella tragedia: un niño de seis años permanecía escondido.

Según el relato difundido, Aleida habría indicado al menor que no saliera de su escondite hasta que ella regresara. Esa decisión pudo haber sido determinante para que el pequeño sobreviviera.

La familia de Aleida posteriormente habló del enorme vacío que dejaba su muerte. La joven tenía 21 años, llevaba alrededor de dos años trabajando con los Meléndez y era, según sus familiares, una persona dedicada al cuidado de los niños.

También era un apoyo económico importante para sus padres. Sus familiares tuvieron incluso dificultades para cubrir los gastos del funeral y organizaron una colecta para poder despedirla.

Mientras una familia intentaba sepultar a sus muertos, la investigación comenzaba a reconstruir los movimientos previos al ataque. Las cámaras registraron un vehículo gris ingresando al residencial alrededor de las 5:23 de la tarde.

Al volante estaba Gerardo N. y como acompañante viajaba Diego Sebastián Rosenferlini, ciudadano argentino de 51 años. Un minuto después, Diego fue captado en el elevador con gorra, lentes, chamarra negra y una mochila.

Según la reconstrucción presentada, dentro llevaba un arma, guantes, cinta adhesiva y cinchos de plástico. Su acceso al departamento habría sido posible porque existía una relación de confianza con Jonathan.

La Fiscalía, según el material, estableció que Jonathan y Diego mantenían una relación comercial o de sociedad. Esa conexión se convirtió en una de las piezas centrales para entender cómo alguien pudo entrar al domicilio sin provocar una alarma inmediata.

Después aparecería otra pista. Uno de los agresores habría dejado una licencia de conducir en el acceso de la residencia y Gerardo fue detenido posteriormente en Tecámac.

Diego fue detenido al día siguiente sobre la carretera México-Toluca. Ambos fueron imputados por homicidio calificado cometido en agravio de dos o más personas, interrupción del embarazo y crueldad animal.

La versión de Diego también habría cambiado durante las investigaciones. Inicialmente habría hablado de un supuesto préstamo de 300 mil pesos, pero posteriormente habría declarado que acudió para exigir una deuda millonaria relacionada con dólares y Bitcoin.

Según esa versión, Jonathan y su familia tendrían acceso a una cantidad importante de criptomonedas. El objetivo habría sido obtener una memoria USB con las claves necesarias para acceder a esos activos digitales.

Aquí aparece uno de los elementos más delicados del caso. La información disponible no permite determinar por sí sola cuánto dinero existía realmente, dónde estaban los activos o si la memoria contenía efectivamente las claves mencionadas.

Lo que sí aparece en la reconstrucción es una secuencia cuidadosamente preparada. Diego habría exigido que Jonathan regresara al apartamento, mientras las personas que estaban dentro eran inmovilizadas.

A las 7:28 de la noche, Jonathan llegó acompañado por Freddy. Dejó el automóvil encendido y pidió a su amigo que permaneciera abajo.

Después entró al departamento. Según la versión atribuida a Diego, hubo una confrontación relacionada con las criptomonedas y el músico habría advertido que otras personas ya conocían su presencia.

El ataque terminó con la muerte de varias personas y del animal de la familia. Jonathan habría sido obligado a presenciar lo ocurrido antes de recibir también un disparo.

Si la hipótesis de las autoridades y las declaraciones atribuidas a Diego terminan sosteniéndose, la tragedia no habría surgido de un enfrentamiento espontáneo sino de una operación preparada con acceso autorizado, materiales adquiridos previamente, un arma con silenciador, un vehículo utilizado para la huida y un supuesto objetivo económico relacionado con activos digitales cuyo verdadero alcance todavía tendría que determinarse.

Después del ataque, el agresor habría buscado objetos relacionados con las criptomonedas. Cuando los guardias llegaron a la puerta, desde el interior se habría indicado que no podía salir.

Poco después, Diego abandonó el lugar. Las cámaras lo captaron en el estacionamiento y posteriormente el vehículo salió del complejo con placas sobrepuestas.

Gerardo, por su parte, sostuvo que había sido engañado. Su defensa habría argumentado que pensaba que únicamente acudirían a cobrar dinero y que desconocía cualquier plan para atacar a la familia.

Sin embargo, existe un elemento que complica esa explicación. La fiscalía habría señalado que Diego le pidió conseguir previamente desarmadores, dispositivos eléctricos, cinchos, guantes y cubrebocas.

Los resultados de las pruebas de pólvora mencionados en el material todavía no habían sido publicados. Por eso, su verdadero grado de participación debía establecerse mediante las pruebas y declaraciones incorporadas al expediente.

La investigación también abrió otra línea relacionada con las actividades comerciales atribuidas a Diego. En redes sociales aparecieron personas que aseguraron haber sufrido presuntas estafas relacionadas con el alquiler de villas y propiedades de lujo.

Una de esas personas afirmó haber perdido 400 mil pesos después de intentar rentar una villa en Acapulco. El contacto habría comenzado mediante una cuenta con miles de seguidores y recomendaciones de artistas e influencers.

También aparecieron señalamientos relacionados con una empresa identificada como Shark BTL. Un proveedor aseguró que tuvo problemas para cobrar servicios y que algunos pagos habrían tardado hasta 180 días.

Estas historias, sin embargo, deben permanecer en el terreno de las denuncias y testimonios mientras no exista una resolución que determine responsabilidades. Su aparición en redes puede aportar líneas de investigación, pero no convierte automáticamente cada acusación en un hecho probado.

En paralelo, el caso produjo una fuerte reacción entre los seguidores de Camilo VI. Sus publicaciones se llenaron de mensajes de dolor y agradecimiento, mientras la banda recordó a Jonathan con cariño y prometió mantener viva su música.

El 3 de septiembre se realizó un funeral privado para Jonathan, su esposa y su hija. Mientras tanto, la muerte de Aleida también movilizó a su familia, que pidió justicia y apoyo para afrontar los gastos de despedida.

Diego y Gerardo fueron trasladados al penal de Barrientos. Sus defensas solicitaron la duplicidad del término constitucional, por lo que todavía quedaban pasos procesales antes de determinar su situación jurídica.

Y quizá el detalle que más obliga a mirar este caso con cautela es que todavía quedan preguntas fundamentales: quién conocía exactamente la situación económica de Jonathan, cuántas personas pudieron conocer la existencia de los activos digitales, qué papel tuvo cada involucrado y si hubo alguien más detrás de una operación que, según la reconstrucción presentada, parecía haber sido preparada con anticipación.

El niño de seis años quedó como el único sobreviviente directo de aquella noche. Su testimonio, si es incorporado mediante protocolos especializados, podría convertirse en una pieza relevante, aunque los especialistas señalados en el material advierten que un menor que ha atravesado una experiencia semejante necesita atención profesional antes de intentar reconstruir completamente lo ocurrido.

Por ahora, la historia termina donde la investigación apenas comienza. Jonathan murió junto a su familia, pero las preguntas alrededor del dinero, las criptomonedas, las relaciones comerciales y la preparación del ataque podrían llevar el caso mucho más lejos de lo que inicialmente parecía.

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