La expareja de Farath Coronel rompe el silencio y lanza graves acusaciones

La conversación cambió de tono cuando apareció una persona que asegura haber compartido años de vida con Farath Coronel. Roberto Romero no habló desde la distancia: según su propio relato, fue su pareja, vivió con él y conoció de cerca una parte de su vida que ahora vuelve a ser cuestionada.
Su testimonio fue presentado en una entrevista con Javier Seriani. Allí, Romero habló de un hombre muy diferente al personaje que su madre ha defendido públicamente después de su muerte.
La discusión comenzó precisamente alrededor de esa imagen familiar. Mientras la madre de Farath habría aparecido en redes para recordar las acciones positivas de su hijo, Romero sostuvo que esos gestos no podían borrar, según él, los daños que otras personas habrían sufrido.
El contraste provocó reacciones en redes sociales. Algunos usuarios consideraron especialmente relevante que las declaraciones provinieran de alguien que afirma haber convivido con Farath, mientras otros señalaron que las acusaciones necesitan ser comprobadas antes de convertirse en conclusiones.
Romero también cuestionó la imagen pública de generosidad asociada a Farath. Según su versión, regalar una camioneta o entregar despensas no sería suficiente para definir el carácter de una persona si existen otras experiencias negativas atribuidas a ella.
Pero las acusaciones más concretas aparecieron cuando comenzó a describir lo que, según él, habría ocurrido en Tijuana. Romero aseguró que Farath utilizaba diferentes promesas para obtener dinero de personas que buscaban oportunidades laborales.

Uno de los relatos mencionados se relaciona con supuestas plazas del Instituto Mexicano del Seguro Social. Según Romero, Farath habría ofrecido empleos a cambio de determinadas cantidades de dinero, aunque esas plazas posteriormente no habrían llegado.
El testimonio puso como ejemplo a una mujer identificada como Marta o Martita. Romero afirmó que era una persona de pocos recursos que habría entregado dinero esperando conseguir una plaza y terminó enfrentando una situación económica complicada.
Sin embargo, el material presentado no incorpora documentos de esas operaciones ni una resolución judicial que confirme las acusaciones. Por eso, las declaraciones deben entenderse como el relato de Romero sobre acontecimientos que él asegura haber conocido.
Según su versión, cuando ese supuesto negocio comenzó a desaparecer, Farath habría iniciado otra actividad relacionada con la locución. Romero afirmó que para entonces ambos ya vivían juntos y que también había observado cómo se desarrollaban las relaciones de Farath con otras personas.
La entrevista quedó inconclusa cuando Romero comenzó a explicar esa segunda etapa. Precisamente ese detalle deja una parte importante de su relato pendiente, porque el fragmento difundido solamente permite conocer el comienzo de sus afirmaciones.
El nombre de Farath volvió a aparecer entonces asociado a una serie de testimonios provenientes de personas que aseguran haber trabajado con él o haber formado parte de su entorno. En los últimos días, según el material presentado, diferentes voces han comenzado a hablar sobre experiencias que anteriormente habrían permanecido en silencio.

Uno de los argumentos utilizados para explicar ese silencio es el miedo. En declaraciones anteriores mencionadas en el video, antiguos trabajadores habrían asegurado que recibían amenazas relacionadas con ellos mismos o con sus familiares.
La existencia de esos mensajes también ha sido utilizada en redes sociales para reforzar la percepción de que Farath ejercía una relación de poder sobre algunas personas de su entorno. Aun así, la publicación de capturas o testimonios no permite establecer por sí sola la totalidad de las circunstancias detrás de cada caso.
Romero fue todavía más lejos al cuestionar el propio nombre con el que el público conocía al personaje. Durante la entrevista afirmó que para él Farath no era realmente el nombre que representaba a la persona que había conocido y mencionó el nombre Víctor Manuel Sixtos.
Ese detalle añadió otra dimensión a la conversación. La identidad pública, el personaje televisivo y la persona descrita por quienes aseguran haber convivido con él aparecen ahora como tres imágenes que no necesariamente coinciden.
También surgió una segunda controversia durante la entrevista. Romero expresó dudas sobre las imágenes relacionadas con el entierro de Farath y cuestionó la facilidad con la que, según él, algunas personas habrían cargado el ataúd.
La insinuación provocó comentarios en redes sociales, pero no constituye una prueba de ninguna irregularidad. El material proporcionado tampoco aporta evidencia que permita sostener que el cuerpo no estuviera dentro del féretro o que hubiera ocurrido algo distinto de lo mostrado públicamente.

El episodio revela hasta qué punto una imagen puede convertirse en fuente de especulación cuando existen dudas previas. Una escena breve, observada fuera de contexto, puede terminar alimentando teorías que después circulan mucho más rápido que cualquier explicación verificable.
Y mientras esa discusión crecía, apareció otra figura que también llamó la atención: Jessica Esotérica. Su presencia en el entierro había sorprendido a muchos porque, según lo expuesto en el programa, ella y Farath habían mantenido enfrentamientos públicos.
Jessica explicó que no acudió porque fueran amigos. Según sus propias palabras, acudió para “sembrar empatía”, una explicación que buscaba separar su presencia en el funeral de cualquier reconciliación personal con Farath.
La situación adquirió un componente emocional cuando Jessica relató que la madre de Farath le habría dicho que su presencia significaba mucho para ella. Según esa versión, la familia había recibido fuertes comentarios en redes sociales relacionados con la muerte del vidente y con las personas a quienes algunos usuarios responsabilizaban de lo ocurrido.
La aparición de Jessica, por tanto, puede interpretarse desde diferentes perspectivas. Para algunos representó un gesto de humanidad en medio de una disputa pública; para otros, simplemente una decisión personal que no cambia las diferencias que habían existido anteriormente.
La controversia también vuelve a poner en primer plano el papel de la madre. Su defensa de Farath contrasta directamente con las declaraciones de una expareja que afirma haber conocido su comportamiento cotidiano y con otros testimonios difundidos en el mismo espacio periodístico.
El choque entre ambas versiones es precisamente lo que mantiene abierta la historia: una madre que recuerda a su hijo desde el afecto, una expareja que describe experiencias radicalmente distintas y varias personas que aseguran haber sufrido situaciones que hasta ahora no han sido esclarecidas públicamente.
En redes sociales, el debate ya no gira únicamente alrededor de quién tiene razón, sino sobre qué parte de la vida de Farath permaneció fuera de las cámaras durante años, qué testimonios podrán ser respaldados con documentos y cuáles quedarán únicamente como declaraciones de personas que aseguran haberlo conocido.
Por ahora, las acusaciones de Roberto Romero no permiten establecer judicialmente que Farath haya cometido los hechos que se le atribuyen, pero sí abren nuevas preguntas sobre su pasado y sobre las personas que dicen haber sido afectadas por sus decisiones.
Y quizá el elemento más llamativo sea que el silencio comenzó a romperse solamente después de su muerte, cuando quienes aseguran haber tenido miedo de hablar durante años encontraron finalmente un espacio para contar sus versiones, dejando una historia todavía incompleta y con testimonios que podrían seguir apareciendo.


