La Rosa De Guadalupe “El Reto Del Momo”: El Miedo Que Enfermó A Juan Pablo Y Casi Rompe A Su Familia

“Papá, ¿de verdad no te vas a ir?”. Juan Pablo tiene ocho años y no quiere cerrar los ojos si su papá no se queda junto a su cama.
Así empieza a mostrarse el miedo en “El reto del Momo”, el capítulo de La Rosa de Guadalupe que esta semana llevó a la pantalla una de las leyendas de internet que más asustaron a los niños.
En la historia, Juan Pablo deja de dormir. Una mañana amanece con fiebre y dolor de cabeza, y sus papás corren con él al médico.
La doctora no encuentra nada físico. Lo que ve son síntomas de ansiedad, una forma en que el cuerpo de un niño expresa un miedo que no sabe explicar con palabras.
El origen está en Momo, la imagen perturbadora que circuló en redes sociales como parte de un supuesto “reto”. Juan Pablo no quiere contar nada, porque piensa que los niños que tienen miedo son unas gallinas.

Mientras tanto, la angustia se mete en toda la familia. La mamá de Juan Pablo culpa a su cuñada por no controlar a su hijo, que fue quien lo asustó, y la discusión termina en acusaciones de celos que nadie esperaba.
Los primos escuchan todo y se preguntan si sus papás se van a separar. El miedo de un niño, de pronto, se convierte en una grieta entre adultos.
La historia también deja espacio para una reflexión de los padres: hoy los niños tienen acceso en redes a temas que antes se creían solo para mayores, y hay que hablar con ellos de frente.

Poco a poco, la familia decide no romperse. Llegan las disculpas, la mamá reconoce que vio cosas donde no las había, y la abuela pide que todos se mantengan unidos.
El momento más bonito llega en el consultorio, cuando la doctora le explica a Juan Pablo que Momo es solo una imagen que alguien subió a internet, y que si la ignora no le va a pasar nada.

Y entonces el niño hace la pregunta que resume todo el capítulo: si puede tener miedo y ser valiente al mismo tiempo, y la respuesta de su mamá y de la doctora es que sí, que los valientes se hacen justamente venciendo los miedos que sienten, siempre que no se los queden callados.
En esta temporada de sustos y disfraces, la lección es sencilla: el miedo de un niño no es una tontería. Escucharlo a tiempo puede evitar que se convierta en algo más grande.




