La Atropelló Ebria, Le Quitó La Vida A Un Vigilante… Y Hoy Sale Libre: El Fallo Que Indigna A Trujillo

Hay sentencias que uno lee y siente que le hierve la sangre. Esta es una de ellas, y les juro que tuve que leerla dos veces.
Todo empezó en mayo de 2026, en la urbanización Las Palmas del Golf, en Trujillo, Perú. Un vigilante estaba haciendo lo que hacía todos los días: cuidar a los vecinos, trabajar honradamente para llevar el pan a su casa. De pronto, un auto blanco lo embistió. Al volante iba Maricsa Polet Alfaro, de 32 años, y según las autoridades manejaba en estado de ebriedad. Las cámaras de seguridad lo grabaron todo. El hombre no sobrevivió.
En junio, un juzgado la condenó a cuatro años, seis meses y 26 días de prisión efectiva. Por fin parecía que había algo de justicia. Pero no duró mucho.
La Segunda Sala Penal de Apelaciones revocó esa condena por unanimidad y la cambió por dos años de pena suspendida. ¿Los argumentos? Que no tiene antecedentes, que no es reincidente, que tiene domicilio y trabajo, que se entregó, que aceptó los cargos y que ya pagó más de 130 mil soles de reparación. Ahora deberá firmar cada 60 días, no cambiar de domicilio sin permiso, pagar en total 400 mil soles y nunca más podrá manejar.
Y la familia del vigilante… destrozada otra vez. Su hermana, Rossmery Martínez, dijo sentirse indignada, que nunca imaginaron este giro y que la audiencia duró apenas unos 15 minutos. Según contó, el juez simplemente consideró que la primera sentencia había sido excesiva. Y soltó la frase que a mí me partió el alma: para el pobre no hay justicia.
Yo entiendo que la ley tiene sus reglas y sus beneficios. Pero pónganse en el lugar de esa familia: un hombre trabajador ya no regresa a casa, y la persona que iba alcoholizada al volante duerme hoy en su propia cama. ¿De verdad unos soles reemplazan una vida?
La familia ya evalúa nuevas acciones legales. Ojalá esta historia no se olvide, porque cuando la justicia se vuelve tan “comprensiva” con unos, el mensaje para los demás es muy peligroso.


