Oto Sirgo: casi 80 años entre el amor, el escándalo y una pérdida que nunca logró olvidar

Una mañana cualquiera, Oto Sirgo besó a Mayira Morales antes de separarse de ella, sin imaginar que aquel gesto cotidiano terminaría convirtiéndose en un recuerdo definitivo.
Durante 47 años, aquella mujer había sido mucho más que su esposa. Había sido su compañera de escenario, madre de sus hijas, cómplice de sus proyectos y la persona que permaneció a su lado incluso después de uno de los episodios más difíciles de su vida.
Nacido en La Habana, Cuba, el 19 de diciembre de 1946, Oto creció prácticamente entre bambalinas. Su padre, Oto Sirgo padre, era actor y empresario teatral, mientras que su madre, María Magdalena, también pertenecía al mundo artístico.
La familia llevaba varias generaciones vinculada al espectáculo. Sus tías abuelas Conchita y María Arcos habían destacado durante la época de oro del cine mexicano, mientras sus padres dirigían una compañía teatral en Cuba.
Pero la infancia de Oto quedó marcada por un cambio que no dependía de los escenarios. Después de la Revolución cubana, el negocio familiar fue confiscado y su padre permaneció encarcelado durante varios meses acusado de tener vínculos con el gobierno anterior.
Cuando recuperó la libertad, la familia decidió abandonar Cuba. Pasaron varios años en Buenos Aires, donde el teatro les permitió sobrevivir, aunque la constante convivencia y las dificultades terminaron afectando el matrimonio de sus padres.
Para Oto, aquellos acontecimientos ocurrieron mientras todavía era demasiado pequeño para comprender completamente lo que estaba sucediendo. Con el tiempo, su madre decidió trasladarse a México, país con el que la familia tenía vínculos profundos.

En México, el joven quedó nuevamente rodeado por actores, directores y escenarios. Participó en obras desde pequeño, aunque su madre insistía en que debía estudiar y no depender únicamente de la profesión familiar.
Llegó incluso al Instituto Politécnico para estudiar ingeniería electrónica, pero las matemáticas y los cálculos terminaron alejándolo de aquella carrera. Después probó con administración de empresas turísticas, mientras su vida comenzaba a acercarse cada vez más al espectáculo.
Oto no tuvo una formación tradicional como actor. Su verdadera escuela había sido observar durante años a sus padres trabajar, ensayar y enfrentarse a los escenarios.
Las primeras oportunidades llegaron con pequeños papeles teatrales, publicidad y trabajos como modelo. En 1969 apareció una oportunidad decisiva: una prueba para la película El maestro inolvidable, dirigida por René Cardona, conocido de su padre.
Aquella participación marcó su debut cinematográfico y abrió la puerta hacia la televisión. Poco después llegó Honor y Orgullo, donde terminó ocupando un papel principal después de que retrasos en la producción obligaran a buscar un reemplazo.
Su rostro empezó a convertirse en una presencia habitual para el público mexicano. También fue imagen de campañas publicitarias y durante años estuvo asociado a la cadena de muebles Hermanos Vázquez.

Sin embargo, detrás del crecimiento profesional también comenzaba otra historia. En 1973 se casó con la actriz y bailarina María Elena Morales, conocida como Mayira Morales, después de un encuentro que él recordaría con especial cariño.
Tuvieron dos hijas, Valerie y Tania, y durante décadas compartieron escenarios y proyectos. Incluso coincidieron junto a María Magdalena en Los ricos también lloran, convirtiendo a la familia en una presencia poco habitual dentro de una misma producción.
Oto también probó como director de teatro y televisión. Su carácter perfeccionista provocó enfrentamientos y, en algunos casos, llegó a cuestionar las capacidades de actores que posteriormente alcanzaron reconocimiento, como ocurrió con Karime Lozano.
Con el tiempo, reconoció que se había equivocado. La experiencia terminó alejándolo de la dirección y devolviéndolo a la actuación.
Pero la imagen pública de hombre de familia y actor respetado sufrió un golpe importante a comienzos de los años 2000. Se hizo público que tenía un hijo, Cristian, nacido fuera de su matrimonio con Mayira.
Lourdes Paz, madre del joven, aseguró públicamente que Oto había puesto en duda inicialmente su paternidad. Una prueba de ADN confirmó posteriormente que Cristian era su hijo, pero el conflicto ya había adquirido una dimensión mediática.
La historia fue seguida por reporteros y programas de televisión, mientras la separación de Oto y Mayira alimentaba distintas interpretaciones sobre lo ocurrido dentro del matrimonio. Para algunos, el episodio representaba una ruptura profunda de la imagen que el actor había construido durante décadas; para otros, se convirtió en una historia de reconciliación y perdón.
Mayira decidió finalmente aceptar a Cristian dentro del núcleo familiar. Las dificultades no desaparecieron de inmediato, especialmente para las hijas de la pareja, pero con el tiempo la familia consiguió reconstruir los vínculos.

Oto y Mayira también lograron reconciliarse después de permanecer casi dos años separados y prácticamente sin hablarse. Aquella segunda oportunidad terminaría adquiriendo un significado todavía mayor años después.
Porque mientras su carrera continuaba, Oto libraba otra batalla personal: su dependencia del cigarrillo. Había intentado abandonar el hábito en distintas ocasiones, pero reconocía que le resultaba difícil dejarlo.
Los problemas respiratorios aparecieron con los años, aunque el propio actor hablaba de su relación con el tabaco con una franqueza que también formaba parte de su imagen pública.
En 2017, otro acontecimiento obligó a la pareja a cambiar de vida. El terremoto de Ciudad de México dañó gravemente el departamento donde habían vivido durante años en la colonia del Valle.
El edificio fue declarado inseguro y ambos tuvieron que abandonar aquel espacio. Poco después se mudaron a San Miguel de Allende y abrieron el restaurante italiano La Toscana.
Mientras Oto continuaba trabajando, Mayira comenzó a pasar más tiempo al frente del negocio. Pero sus jornadas se hicieron cada vez más difíciles y, finalmente, decidieron venderlo para concentrarse en una vida más tranquila.
La salud de Mayira se deterioró. Primero apareció la artritis reumatoide y posteriormente recibió un diagnóstico de cáncer de pulmón, mientras Oto reducía su actividad profesional para acompañarla.
Entonces, el hombre acostumbrado durante décadas a vivir entre cámaras, escenarios y proyectos comenzó a ocupar otro papel: el de cuidador de la mujer con quien había compartido casi medio siglo.
En noviembre de 2020, Mayira sufrió una embolia pulmonar y murió durante la pandemia de COVID-19. Tenían 47 años de matrimonio.
Para Oto, la pérdida transformó completamente su vida, porque la casa que habían compartido estaba llena de objetos, recuerdos y momentos que constantemente le devolvían la presencia de ella, hasta que una frase, un recuerdo y una habitación vacía podían pesar más que cualquier escenario.
Su hija Tania decidió ayudarlo a regresar a Ciudad de México. La familia le rentó un departamento en la colonia del Valle para mantenerlo cerca de sus seres queridos, después de un periodo en el que el actor reconoció haber caído en una profunda depresión.
Con el tiempo, el trabajo volvió a aparecer. La televisión y el teatro le ofrecieron nuevamente una rutina y una razón para mantenerse activo.
Pero la ausencia de Mayira nunca desapareció completamente. Oto ha expresado que no imagina reemplazar a la mujer con quien compartió casi cinco décadas y continúa hablando de ella con cariño y gratitud.
Así, la imagen pública de Oto Sirgo quedó atravesada por dos historias que durante años parecieron avanzar por separado: la del actor que sobrevivió a los cambios de la industria y la del hombre que tuvo que enfrentar errores, perdón, enfermedad y pérdida.
Hoy, con una trayectoria de más de cinco décadas y una vida marcada por escenarios, matrimonios, controversias y despedidas, Oto continúa escribiendo una historia que todavía no parece terminada.



