“No lo perdono”: el mensaje atribuido a la madre de Prichard Colón tras su mu*rte

Hay despedidas que no terminan cuando se pronuncia la última palabra, especialmente cuando detrás existe una década de dolor, cuidados y preguntas sin respuestas.
Tras la muerte de Prichard Colón, comenzó a circular un mensaje atribuido a su madre, Nieves Colón, en el que expresa un profundo rechazo hacia Terrel Williams. El texto presenta a una madre que, después de casi once años acompañando a su hijo, asegura no estar preparada para olvidar lo ocurrido.
Según la versión difundida, Nieves habría dicho: “No perdono a Terrel Williams. Y no lo haré nunca”. La frase resume el sentimiento que el mensaje intenta transmitir, aunque no se ha podido confirmar de manera independiente que esas palabras hayan sido pronunciadas literalmente por ella.
El texto atribuido a la madre recuerda aquella noche del 17 de octubre de 2015, cuando Prichard enfrentó a Williams en Virginia. Durante el combate se produjeron golpes en la parte posterior de la cabeza, acciones consideradas ilegales dentro del reglamento del boxeo.
Colón reclamó durante la pelea por esos impactos. El enfrentamiento continuó y, después de sufrir nuevos golpes, el joven terminó mostrando señales de deterioro físico que posteriormente serían asociadas con la grave lesión cerebral que cambió completamente su vida.
A partir de entonces comenzó una historia muy diferente. El boxeador que había llegado al profesionalismo con grandes expectativas pasó años necesitando cuidados, rehabilitación y asistencia permanente de su familia.
Para Nieves, aquella transformación significó mucho más que ver interrumpida la carrera deportiva de su hijo. Significó acompañarlo durante años de incertidumbre, observando cada pequeño movimiento como una señal de esperanza.
El mensaje que circula en redes sociales utiliza precisamente esa dimensión emocional. Habla de noches enteras junto a Prichard, de terapias y de la espera constante por un parpadeo, un movimiento o cualquier respuesta que demostrara que seguía luchando.
También contiene una acusación especialmente dura: que aquello “no fue boxeo, fue un ataque”. Sin embargo, esa expresión debe entenderse como parte del testimonio atribuido a la madre y no como una conclusión judicial o médica establecida.
La reacción en redes sociales no tardó en aparecer. Numerosos usuarios expresaron solidaridad con la familia y defendieron el derecho de Nieves a procesar su dolor de la manera que considere necesaria.
Otros comentarios volvieron a poner el foco sobre Terrel Williams y sobre las circunstancias de aquella pelea. La discusión demuestra que, incluso después de la muerte de Colón, el combate de 2015 continúa generando emociones y opiniones enfrentadas.
También aparece otro elemento delicado en el mensaje: una supuesta referencia al perdón. El texto afirma que Williams habría buscado reconciliación, pero no aporta detalles verificables sobre cuándo, cómo o en qué términos se habría producido ese acercamiento.
Ese punto resulta especialmente importante porque puede modificar la interpretación pública de la historia. Una cosa es que exista un intento de disculpa o reconciliación y otra muy distinta es que la familia lo haya aceptado.
Y mientras las redes discuten sobre culpabilidad, perdón y responsabilidad, existe una realidad que nadie puede cambiar: Prichard pasó casi once años viviendo con las consecuencias de aquella noche antes de que su familia anunciara su fallecimiento.
En el momento más doloroso, el mensaje atribuido a Nieves abandona cualquier referencia al boxeo y se concentra únicamente en su hijo, como si detrás del deportista desapareciera por completo la figura pública para quedar solamente el niño que ella acompañó durante toda su vida.
“Ya descansa. Ya no sufras más”, dice el texto atribuido a la madre, antes de recordar que llevará su nombre y su lucha mientras viva.
No se trata solamente de una despedida, sino de la expresión de una madre que, según el mensaje difundido, considera que los años de sufrimiento dejaron heridas demasiado profundas para resolverlas simplemente con una petición de perdón.
La frase “el perdón no se exige, se gana” se convirtió rápidamente en uno de los elementos más comentados de la publicación. Para algunos representa el derecho de una familia a mantener su propio proceso de duelo; para otros, abre nuevamente una discusión sobre si es posible cerrar una tragedia deportiva sin responder todas las preguntas que quedaron abiertas.
Y precisamente ahí permanece la parte más incómoda de esta historia, porque mientras la familia intenta despedir a Prichard y el público recuerda al joven boxeador que alguna vez soñó con ser campeón, las circunstancias exactas de aquella noche continúan siendo interpretadas desde perspectivas muy diferentes y algunas de las afirmaciones que circulan en redes todavía no han sido verificadas públicamente.
La muerte de Prichard Colón no borró la historia de aquel combate. Al contrario, volvió a colocarla frente a una audiencia que ahora observa las imágenes de 2015 con el conocimiento de todo lo que ocurrió después.
Su legado, sin embargo, no tiene por qué quedar reducido a la controversia. Para miles de personas, Prichard también representa la resistencia, el amor familiar y una lucha que continuó mucho después de que terminara su carrera sobre el ring.
La despedida definitiva pertenece ahora a su familia. Y mientras las palabras atribuidas a Nieves continúan circulando, todavía resulta necesario separar el dolor legítimo de una madre de aquellas afirmaciones que requieren confirmación antes de convertirse en hechos.


