MÁS DE 100 DISP*ROS CONTRA LA CASA DE ROCHA MOYA EN MEDIO DEL MAYOR OPERATIVO MILITAR EN SINALOA
La mañana todavía no terminaba de despertar en Culiacán cuando el ruido seco de las ráfagas rompió el silencio en el sector Las Quintas. Vecinos salieron sobresaltados y encontraron una escena que parecía más una advertencia que un ataque común: decenas de impactos sobre una residencia ligada desde hace años a Rubén Rocha Moya.
La casa, de fachada blanca y tres niveles, había permanecido prácticamente vacía durante mucho tiempo, según relataron habitantes de la zona. Sin embargo, bastaron unos minutos para que el inmueble se convirtiera en el centro de un nuevo episodio de tensión política y criminal en Sinaloa.
Los primeros reportes hablaban de más de cien disparos realizados con armas largas, presuntamente calibre 7.62×39, utilizadas en los llamados “cuernos de chivo”. En el lugar fueron localizados numerosos casquillos percutidos mientras fuerzas federales y estatales acordonaban el área.
Al principio, la agresión fue tratada como otro hecho violento dentro de una ciudad acostumbrada a convivir con convoyes armados y operativos constantes. Pero todo cambió cuando comenzó a circular que el inmueble pertenecía al gobernador con licencia de Sinaloa.

Hasta ahora, de manera oficial, no se ha confirmado la propiedad de la vivienda. Aun así, vecinos y medios locales sostienen que Rocha Moya vivió ahí durante décadas, incluso antes de iniciar su carrera política.
La reacción institucional fue inmediata. Elementos militares, Guardia Nacional y personal de la Fiscalía estatal llegaron a la zona mientras peritos comenzaban a levantar evidencia balística y revisar cámaras cercanas.
El ataque ocurrió en uno de los momentos más delicados para Sinaloa en los últimos años. Más de 13 mil elementos federales habían sido desplegados recientemente en la entidad dentro de una serie de operativos dirigidos contra facciones del cártel de Sinaloa.
Las operaciones conocidas como Sable, Chipagua y Fuerza Tarea Alacrán buscaban reducir la violencia, capturar objetivos prioritarios y destruir narcolaboratorios. Según autoridades federales, varios de esos golpes afectaron directamente estructuras vinculadas a la facción de los llamados mayos.
Horas antes del atentado, la Secretaría de Marina informó sobre el aseguramiento de laboratorios clandestinos y sembradíos en la sierra de Culiacán. También fueron decomisados químicos, equipo para fabricar drogas sintéticas y plantíos de marihuana.

En paralelo, operativos en Chiapas terminaron con cateos simultáneos, detenciones y decomisos relacionados presuntamente con operadores de la misma organización criminal. Las investigaciones federales apuntaban a rutas utilizadas para mover droga desde Centroamérica hacia Estados Unidos.
La tensión creció todavía más después de que agentes de seguridad fueran atacados en Culiacán mientras seguían pistas sobre un grupo armado relacionado con secuestros recientes. El saldo preliminar dejó detenidos, personas abatidas y vehículos asegurados con referencias a la facción del Mayito Flaco.
En ese contexto, el ataque contra la vivienda atribuida a Rocha Moya comenzó a interpretarse como algo más que una agresión aislada. Según versiones que circulan entre analistas de seguridad y periodistas locales, podría tratarse de un mensaje relacionado con la presión militar sobre distintos grupos criminales.
No existe hasta el momento una línea oficial que confirme esa hipótesis. Sin embargo, el hecho de que el atentado ocurriera justo cuando Sinaloa vive el mayor despliegue militar del país ha alimentado toda clase de especulaciones.

También llama la atención el silencio del propio Rocha Moya. Desde que solicitó licencia al cargo el pasado 2 de mayo, el mandatario no ha reaparecido públicamente ni ha emitido mensajes directos sobre el ataque.
Fuentes federales señalaron que el exgobernador cuenta actualmente con medidas de seguridad recomendadas por autoridades nacionales. Según esas versiones, no habría sido una petición personal, sino una evaluación de riesgo realizada tras el incremento de amenazas en la entidad.
La escena dejó una imagen poderosa: una casa aparentemente abandonada convertida en blanco de más de cien disparos mientras soldados patrullaban cada entrada de Culiacán y helicópteros vigilaban desde el aire una ciudad atrapada entre operaciones militares, acusaciones internacionales y una guerra interna que sigue dejando señales difíciles de descifrar.
En redes sociales, el atentado provocó reacciones inmediatas. Algunos usuarios interpretaron el hecho como una advertencia directa contra Rocha Moya, mientras otros cuestionaron cómo un grupo armado pudo actuar con tanta libertad en una zona vigilada.

La conversación pública también se mezcló con las recientes acusaciones lanzadas desde Estados Unidos contra funcionarios y exfuncionarios sinaloenses. Aunque no se han presentado pruebas concluyentes en tribunales mexicanos, los señalamientos aumentaron la presión política alrededor del gobierno estatal.
Donald Trump volvió a tensar el ambiente al declarar que los cárteles “gobiernan” partes del territorio mexicano. Sus palabras coincidieron con nuevos operativos federales y con el incremento de mensajes desde Washington relacionados con narcotráfico y seguridad fronteriza.
La presidenta Claudia Sheinbaum respondió defendiendo la soberanía mexicana y rechazando cualquier tipo de intervención extranjera. Aun así, las declaraciones estadounidenses siguieron alimentando la percepción de que Sinaloa atraviesa un momento especialmente frágil.
Mientras tanto, en Culiacán, la vida cotidiana continuó bajo una calma aparente. Comercios abrieron con normalidad y el operativo especial por el Día de las Madres siguió activo en plazas comerciales y avenidas principales.
Pero detrás de esa rutina persistía otra sensación. La idea de que el ataque contra la casa de Rocha Moya podría ser apenas una pieza más dentro de un conflicto mucho más amplio y todavía lejos de aclararse.

Algunos habitantes de Las Quintas aseguran que nunca habían escuchado una ráfaga tan intensa en la zona. Otros dicen que el sonido duró apenas segundos, aunque suficientes para recordar que en Sinaloa la violencia puede aparecer incluso en los lugares más vigilados.
La Fiscalía estatal continúa revisando cámaras, trayectorias y evidencia balística. Hasta ahora no se han reportado detenidos relacionados directamente con la agresión.
Tampoco se ha confirmado quién ordenó el ataque ni cuál era el verdadero objetivo. Porque aunque oficialmente se habla de una vivienda deshabitada, muchos en Sinaloa creen que los disparos no iban dirigidos únicamente contra paredes vacías.
Y en medio de operativos militares, acusaciones internacionales y silencios políticos cada vez más incómodos, la pregunta sigue creciendo entre pasillos oficiales y conversaciones callejeras: si alguien fue capaz de lanzar más de cien disparos contra la casa vinculada a un gobernador con licencia en pleno despliegue federal, ¿qué mensaje intentaban dejar realmente?



