El sospechoso ya era buscado: el pasado de Matthew Foster reabre el caso Natalia Villalba

El agua seguía corriendo cuando alguien abrió la puerta del apartamento. El sonido parecía ocultar algo, pero terminó convirtiéndose en una de las imágenes más inquietantes de toda la investigación.
Dentro del baño apareció una maleta. En su interior estaba el cuerpo sin vida de Natalia Villalba, de 36 años, en un escenario que desde el primer momento despertó más preguntas que respuestas.
La escena llamó la atención de los investigadores por un detalle muy específico. La ducha permanecía abierta, una circunstancia que, según distintas versiones, pudo haber acelerado el deterioro del cuerpo y dificultado la conservación de posibles evidencias biológicas.
Con el paso de las horas, la investigación comenzó a reconstruir los últimos movimientos de la víctima. Natalia había alquilado un apartamento en el edificio Morph de Bogotá y debía entregarlo el 21 de junio.
Hasta el 17 de junio mantenía contacto frecuente con su madre. Sin embargo, desde el día 18 esa comunicación se interrumpió de forma repentina.
Ese cambio coincidió con la visita de uno de los hombres que, según la información conocida hasta ahora, ingresó al edificio durante esos días. Las autoridades concentraron su atención en dos ciudadanos extranjeros que estuvieron vinculados con el apartamento.
Uno de ellos es estadounidense. Hasta el momento, según las versiones difundidas, no existirían elementos suficientes para situarlo como principal foco de la investigación.

La atención terminó desplazándose hacia el segundo visitante. Se trata del ciudadano británico Matthew Foster Smith, cuyo nombre comenzó a aparecer repetidamente en los informes del caso.
Un aspecto llamó especialmente la atención. Foster es médico, una condición profesional que algunos observadores han mencionado al analizar la forma en que fue encontrado el cuerpo, aunque ninguna autoridad ha confirmado que exista una relación directa entre ese dato y la mecánica del crimen.
Precisamente por esa razón, la prudencia continúa siendo fundamental. Las investigaciones permanecen abiertas y todavía no existe una decisión judicial que establezca responsabilidades sobre el homicidio.
Mientras tanto, el pasado del ciudadano británico empezó a ocupar un lugar inesperado dentro del debate público. No por el caso de Bogotá, sino por antecedentes registrados varios años antes.
De acuerdo con documentos y versiones citadas por diversos medios, Foster fue condenado en 2019 a dieciocho meses de prisión por acosar a una expareja. El expediente también incluyó la difusión de fotografías íntimas de la mujer sin su consentimiento.
Ese episodio no fue el único. Según los antecedentes conocidos, un amigo declaró que Foster llegó a expresar amenazas extremadamente violentas contra mujeres utilizando un hacha, situación que habría motivado una denuncia preventiva.
En 2020 volvió a ser detenido. En aquella ocasión, según las versiones disponibles, habría incumplido una orden de restricción relacionada con la misma víctima.

Los problemas judiciales continuaron. En 2023 fue nuevamente arrestado por presuntamente seguir acosando a su expareja y vigilar sus movimientos tanto en persona como a través de redes sociales.
Posteriormente, el hombre no habría comparecido ante el tribunal. Esa ausencia provocó la emisión de una orden de captura que, según la información disponible, seguía vigente desde 2024.
Y fue precisamente cuando los investigadores del caso Natalia Villalba comenzaron a revisar los movimientos del ciudadano británico, descubrieron que el hombre sobre el que ahora recaen múltiples preguntas ya acumulaba antecedentes por acoso, incumplimientos judiciales y una orden internacional de búsqueda previa, un hallazgo que cambió la percepción pública del caso sin que ello constituya, por sí mismo, una prueba concluyente sobre su eventual responsabilidad en el crimen.
Las autoridades también reconstruyeron parte de su recorrido más reciente. Según las investigaciones, Foster abandonó Colombia el 21 de junio y sus últimos rastros conocidos conducirían hacia Ecuador.
Ese dato incrementó el interés alrededor del caso. En redes sociales aparecieron miles de comentarios preguntándose cómo un hombre que ya era buscado pudo salir del país.
Al mismo tiempo, otros usuarios pidieron cautela. Recordaron que la existencia de antecedentes penales no implica automáticamente responsabilidad en un hecho distinto y que será la investigación la que determine los hechos.

Especialistas consultados por distintos medios también han insistido en evitar conclusiones anticipadas. Señalan que una investigación criminal debe sostenerse sobre evidencia forense, registros y pruebas verificables, no únicamente sobre el historial de una persona.
Mientras tanto, el caso continúa generando impacto en Colombia y fuera de sus fronteras. La combinación entre una escena del crimen particularmente compleja y un sospechoso con antecedentes ha convertido esta historia en una de las más comentadas de los últimos días.
Sin embargo, todavía permanecen numerosas preguntas sin respuesta. Qué ocurrió exactamente dentro del apartamento, cuál fue la secuencia de los hechos y qué otras personas pudieron intervenir siguen siendo interrogantes que las autoridades no han resuelto públicamente.
Por ahora, el expediente continúa abierto. Cada nuevo dato parece ampliar el misterio en lugar de cerrarlo, alimentando la sensación de que la historia todavía guarda capítulos que aún no han sido revelados.
