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“Quería verla viva”: el desgarrador mensaje de la madre de Yulixa tras hallar el cu*rpo en Apulo

La llamada llegó cuando todavía existía una mínima esperanza. Durante días, Nubia Luz Tolosa había imaginado hospitales, equivocaciones y hasta un regreso inesperado. Nunca imaginó que terminaría despidiéndose de su hija a través de un reconocimiento forense.

Cuando escuchó la noticia, dice que no pudo levantarse. Se quedó inmóvil, llorando en silencio dentro de su casa en Arauca. El cuerpo hallado en una zona rural de Apulo sí pertenecía a Yulixa Tolosa.

La mujer de 52 años había desaparecido el 13 de mayo después de ingresar a un centro estético clandestino en Bogotá para practicarse una lipólisis láser. Desde entonces, el caso se convirtió en uno de los más estremecedores del país.

Las cámaras de seguridad registraron cómo dos hombres y una mujer sacaban a Yulixa del establecimiento sin poder caminar. La cargaban de los brazos mientras la introducían en un vehículo particular. Esa escena terminó siendo la última imagen conocida de ella con vida.

Durante casi una semana, su familia sostuvo la esperanza de encontrarla viva. Publicaron fotografías, hicieron llamadas y acudieron a medios de comunicación. La incertidumbre crecía mientras las autoridades reconstruían la ruta del automóvil que salió de Bogotá rumbo a Cundinamarca.

El hallazgo ocurrió en la vereda El Cito, entre Apulo y Anapoima. El cuerpo apareció en avanzado estado de descomposición a un costado de la vía. Medicina Legal confirmó posteriormente su identidad.

Pero incluso después del hallazgo, las preguntas más delicadas siguen abiertas.

Los investigadores todavía trabajan para establecer si Yulixa murió dentro de la clínica clandestina o si aún tenía signos vitales cuando fue abandonada en la carretera. Ese detalle podría cambiar completamente el alcance de las imputaciones judiciales.

Mientras los peritos analizan la llamada “ventana de muerte”, la madre de Yulixa intenta procesar un duelo atravesado por incertidumbres. En entrevista con un medio local de Arauca, Nubia Luz habló públicamente por primera vez desde que conoció el resultado forense.

“Yo quería que apareciera con vida”, dijo entre lágrimas.

Su relato fue breve, pero suficiente para estremecer a miles de personas que siguen el caso desde redes sociales y noticieros nacionales. No habló desde la rabia. Habló desde el agotamiento de una madre que todavía parece no comprender del todo cómo terminó así la historia de su hija.

También confirmó que las exequias se realizarán en Arauca, tierra natal de Yulixa. El traslado del cuerpo dependerá de la finalización de los análisis forenses y diligencias judiciales pendientes.

Nubia contó que tuvo que salir de urgencia a gestionar documentos para el reconocimiento oficial del cadáver. Registro civil, trámites y autorizaciones comenzaron a reemplazar la esperanza de encontrarla viva. Todo ocurrió en cuestión de horas.

Según relató, autoridades locales y personas cercanas la ayudaron durante el proceso. En medio del dolor, insistió en agradecer el apoyo recibido por familiares, amigos y ciudadanos que siguieron la búsqueda desde distintas partes del país.

Pero su mensaje más fuerte estuvo dirigido a quienes participaron en el caso.

Pidió que las personas responsables colaboren con las autoridades y enfrenten las consecuencias de sus actos. Dijo que no deberían esperar a ser capturados para entender el daño que provocaron. Sus palabras rápidamente comenzaron a circular masivamente en redes sociales.

La reacción pública fue inmediata. Muchos usuarios compartieron fragmentos de la entrevista junto a mensajes de indignación contra las llamadas “clínicas de garaje”. Otros recordaron que casos similares han ocurrido antes sin alcanzar la misma atención mediática.

El nombre de Yulixa terminó exponiendo un problema mucho más amplio. Centros clandestinos funcionando bajo fachadas comerciales, procedimientos baratos ofrecidos sin controles y pacientes convencidas mediante promesas rápidas de transformación física.

En Bogotá, vecinos del barrio Venecia aseguraron después del caso que el movimiento dentro del establecimiento era frecuente. Mujeres entraban y salían constantemente. Sin embargo, pocos imaginaban que detrás de esa fachada existía una operación bajo investigación criminal.

La Fiscalía ya capturó a varios implicados tanto en Colombia como en Venezuela. También mantiene abiertas otras líneas relacionadas con posible destrucción de pruebas, manipulación de celulares y ocultamiento de información.

Y mientras la investigación avanza entre capturas internacionales, peritajes médicos y declaraciones cruzadas, una madre en Arauca todavía intenta entender cómo su hija salió caminando de casa para terminar abandonada al borde de una carretera solitaria.

El caso alcanzó un nuevo nivel de impacto cuando comenzaron a conocerse detalles sobre las últimas horas de Yulixa, las personas que la acompañaron y las versiones contradictorias entregadas durante los primeros días de búsqueda.

Porque aunque ya existen detenidos y una cronología parcialmente reconstruida, todavía persiste una sensación inquietante alrededor del expediente: la idea de que algunas personas sabían mucho más desde el principio y que ciertas conversaciones ocurridas durante esas horas críticas aún no han sido reveladas completamente.

Ahora, en Arauca, la familia prepara un funeral marcado por el dolor y por preguntas que siguen sin respuesta definitiva.

La voz de Nubia Luz Tolosa no sonó como la de alguien buscando venganza. Sonó como la de una madre intentando encontrar sentido dentro de una tragedia que todavía parece imposible de asimilar.

Y quizás por eso sus palabras golpearon tanto a quienes escucharon la entrevista. Porque detrás del caso mediático, de las capturas y de los titulares, todavía queda una escena imposible de ignorar: una madre esperando ver regresar viva a su hija mientras, en otro lugar del país, ya comenzaba a escribirse el final más cruel.

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