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“¿Estás Bien?”: Los WhatsApp que Marcaron los Últimos 20 Minutos de Teresa Guadalupe

A la 1:20 de la madrugada, Fernando Yael volvió a escribir después de veinte minutos de absoluto silencio. Afuera de la casa, un amigo seguía esperando dentro del automóvil, confundido por los ruidos que acababa de escuchar desde la calle. Adentro, según la hipótesis de la fiscalía capitalina, Teresa Guadalupe Molina Hernández ya había sido atacada.

La conversación parecía insignificante cuando ocurrió. Dos jóvenes hablando de fiesta, dinero y alcohol mientras intentaban extender la noche un poco más. Pero con el paso de los días, esos mensajes comenzaron a adquirir otro peso, una densidad extraña que ahora forma parte de un expediente judicial.

Todo comenzó antes de la medianoche del 25 de abril de 2026. Fernando Yael Pérez Molina y un amigo habían salido juntos y, según los mensajes recuperados, ambos habían consumido alcohol durante varias horas. En algún momento, el dinero se terminó y decidieron regresar a la colonia 20 de Noviembre, en la alcaldía Venustiano Carranza.

El amigo permaneció afuera de la vivienda ubicada en la calle Gravados. Fernando entró solo con la intención, aparentemente simple, de pedirle dinero a su madre para continuar la fiesta. Desde ese instante, el teléfono se convirtió en una especie de ventana involuntaria hacia lo que ocurría dentro de la casa.

“Máximo 20 minutos nada más”, escribió Fernando a las 12:31 de la madrugada. También explicó que intentaría convencer a Teresa Guadalupe para que le adelantara dinero de “su semana”. El tono seguía siendo ligero, casi despreocupado.

Minutos antes, sin embargo, ya había confesado algo más delicado. “Ya se me bajó con el peri”, escribió utilizando una expresión coloquial relacionada con cocaína. Esa línea, aparentemente casual en una conversación privada, terminaría convertida en un elemento relevante para la investigación.

Los mensajes continuaron llegando con frecuencia. Fernando le contaba a su amigo que su madre ya sabía que él estaba afuera esperándolo. También le explicaba que Teresa no quería darle dinero ni permitirle volver a salir.

La conversación dejó ver un conflicto más profundo que una simple discusión nocturna. Teresa había recibido un reporte escolar sobre cuatro faltas en la materia de publicidad dentro de la Escuela Bancaria y Comercial. Según lo que Fernando escribió en tiempo real, su madre estaba furiosa.

“Ya no me va a dar nada”, escribió en uno de los mensajes. También aseguró que Teresa amenazó con dejar de pagarle ciertos gastos, incluyendo unos lentes que ella financiaba. El tono comenzó a cambiar lentamente.

Lo que hasta ese momento parecía un intercambio doméstico comenzó a adquirir una tensión distinta. Fernando insistía en conseguir dinero mientras intentaba tranquilizar a su amigo afuera. El amigo respondía con stickers, bromas y preguntas repetidas sobre cuánto tiempo más debía esperar.

Y entonces llegó el vacío.

Entre la 1:00 y la 1:20 de la madrugada, Fernando Yael dejó de responder completamente. Después de una conversación constante durante casi una hora, el silencio apareció de golpe. El amigo siguió escribiendo mensajes cada pocos minutos sin obtener respuesta.

“¿Ya o qué, bro?” “Te espero cinco minutos.” “Al menos hazme una llamada.” Nada. Según la reconstrucción de la Fiscalía General de Justicia de la Ciudad de México, esa ventana temporal coincide con el momento probable de la agresión contra Teresa Guadalupe dentro de la vivienda.

Un detalle aparentemente menor comenzó a inquietar más a los investigadores conforme avanzó el caso. Desde afuera, el amigo aseguró haber escuchado ruidos provenientes del interior de la casa. No supo identificar exactamente qué eran, pero le parecieron suficientemente extraños como para preguntar directamente si todo estaba bien.

Fernando respondió casi de inmediato cuando reapareció en la conversación. “Ah no wey, todo bien, pero ya no me dejaron, me gritó mi mamá y se enojó.” La frase parecía una explicación improvisada para cerrar la conversación y justificar por qué ya no saldría.

Sin embargo, vista después del cateo y de los peritajes, la frase tomó otro significado para los investigadores. Según la teoría ministerial, Teresa ya no estaba en condiciones de gritar cuando Fernando escribió eso. La afirmación se convirtió entonces en una posible contradicción central del caso.

El amigo insistió todavía una vez más. Le recordó que tenía sus llaves y le pidió salir al menos para recogerlas. Fernando respondió confundido, mezclando referencias sobre diferentes llaves y justificando todo con una frase breve: “Estoy pedo.”

Era la tercera vez que el alcohol aparecía como explicación dentro de la conversación. Cada mención parecía funcionar como una cortina para cerrar preguntas incómodas. Aun así, el amigo volvió a preguntarle si realmente estaba bien.

No era el único que había escuchado algo extraño esa madrugada.

Otro testigo, independiente de la conversación de WhatsApp, declaró posteriormente haber escuchado quejidos de mujer y ruidos violentos cerca de la 1 de la mañana. Esa coincidencia temporal entre mensajes, silencio y sonidos provenientes de la casa fortaleció la línea principal de investigación.

El 5 de mayo, peritos especializados ingresaron al domicilio para ejecutar un cateo. Según reportes oficiales, aplicaron luminol en distintas áreas de la recámara y el baño. La reacción química reveló manchas hemáticas que aparentemente habían sido limpiadas con anterioridad.

Los rastros encontrados dibujaban una trayectoria inquietante. Había salpicaduras en la recámara y una marca continua que, según los investigadores, sugería que algo pesado fue arrastrado hacia el baño. Los análisis posteriores determinaron que la sangre correspondía genéticamente a Teresa Guadalupe.

Y entonces los mensajes comenzaron a leerse distinto, como si cada sticker enviado por el amigo afuera coincidiera exactamente con los minutos donde, según la fiscalía, una mujer era golpeada dentro de su propia habitación mientras nadie alrededor imaginaba todavía que aquella conversación banal sobre dinero, alcohol y permisos terminaría convertida en la bitácora digital de una desaparición que hasta hoy sigue sin cuerpo y sin cierre definitivo.

Las cámaras de seguridad añadieron otra pieza incómoda al rompecabezas. Teresa Guadalupe fue captada entrando a su casa el 25 de abril. Nunca volvió a aparecer saliendo del domicilio.

La fiscalía también tomó en serio varias referencias hechas por Fernando sobre una propiedad en Nezahualcóyotl, conocida en conversaciones como “Nesa”. Según testimonios recopilados, él habría mencionado anteriormente que conocía lugares donde un cuerpo podría desaparecer sin ser encontrado fácilmente.

En la propia conversación de WhatsApp de esa madrugada, Fernando mencionó “Nesa” mientras hablaba sobre dónde terminarían la noche. En otro contexto, quizá habría parecido irrelevante. Pero después de la desaparición, esa referencia adquirió una dimensión distinta.

Cuando las autoridades acudieron a esa propiedad para preguntar por Teresa, las personas que vivían ahí afirmaron no haberla visto desde semanas antes. La declaración llamó la atención porque coincidía con el periodo en que oficialmente aún no se había presentado la denuncia de desaparición.

El comportamiento de Fernando durante los días posteriores también generó sospechas. Según las investigaciones, continuó utilizando las tarjetas bancarias de su madre y conduciendo su automóvil con aparente normalidad. Paralelamente, Teresa seguía sin aparecer.

El primero de mayo, seis días después de la desaparición, Fernando presentó la denuncia ante las autoridades. Explicó que pensó que su madre estaba de viaje y que por eso tardó en reportarla. Personas cercanas a Teresa, sin embargo, sostienen que ella no acostumbraba desaparecer sin avisar.

Una amiga identificada como Socorro relató además haber recibido mensajes desde el teléfono de Teresa después del 25 de abril. Primero recibió respuestas normales y luego el contacto dejó de contestar definitivamente. La posibilidad de que alguien utilizara el celular para simular actividad incrementó todavía más las dudas.

Fernando Yael Pérez Molina fue detenido el 7 de mayo mientras circulaba en el automóvil de Teresa Guadalupe. Actualmente enfrenta proceso por desaparición cometida por particulares en modalidad agravada. Él sostiene que no sabe qué ocurrió con su madre.

Pero los mensajes siguen ahí.

Siguen mostrando a un amigo esperando afuera mientras escuchaba ruidos extraños. Siguen registrando veinte minutos de silencio exacto en la madrugada. Y siguen dejando abierta una sensación incómoda: que quizá todavía falta una parte de la historia que nadie ha contado completa.

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