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“Estaba cobrando 5 millones de pesos por cada una”: mensaje del autor de las hermanas Hernández

El caso de las hermanas Sherid Hernández Noriega y Keila Nicole Hernández Noriega sigue revelando fragmentos inquietantes, pequeñas piezas de un rompecabezas oscuro que apenas comienza a armarse. En medio de la investigación por el doble crimen ocurrido en Malambo, en el departamento colombiano de Atlántico, una frase atribuida a uno de los responsables ha vuelto a sacudir el caso.

“Amor, usted valora a sus hijas… estaba cobrando 5 millones de pesos por cada una”.

La frase aparece en uno de los mensajes vinculados a la trama del secuestro y asesinato de las adolescentes. Un mensaje breve, casi frío, que para los investigadores podría revelar una verdad más perturbadora que el propio crimen.

Porque detrás de esas palabras parece esconderse una negociación.

Una transacción.

Una vida convertida en cifra.

Según fuentes cercanas a la investigación, el mensaje habría sido enviado dentro del círculo de personas implicadas en el secuestro, como si se tratara de una discusión interna sobre el valor que se pretendía obtener por las jóvenes. La cifra mencionada —cinco millones de pesos por cada una— contrasta con las cantidades mucho más altas que luego se exigieron a la familia como rescate.

¿Significa esto que había más personas involucradas?

¿Que alguien estaba intentando vender información o incluso a las víctimas?

Los investigadores no descartan esa posibilidad.

La frase continúa con un tono aún más inquietante: “con las dos, pero listo… mira, tenemos que morir”. La construcción del mensaje, confusa y fragmentada, sugiere que pudo haber sido escrito con prisa, quizá en medio de una conversación privada o de una discusión entre los propios implicados.

Una discusión sobre dinero.

Sobre vidas.

Sobre qué hacer con las víctimas.

Para los analistas del caso, este tipo de mensajes abre una nueva línea de investigación. Si alguien hablaba de cobrar cinco millones por cada una, significa que en algún momento las adolescentes fueron consideradas mercancía dentro de una estructura criminal más amplia, posiblemente vinculada a redes de extorsión o reclutamiento.

Pero algo salió mal.

O alguien decidió acelerar el desenlace.

Los mensajes posteriores enviados a la familia exigían cantidades mucho mayores, primero 50 millones de pesos y luego cifras menores en intentos desesperados de negociación. Sin embargo, según las autoridades, nunca existió una verdadera intención de liberar a las jóvenes.

La extorsión habría sido solo una parte del plan.

O quizá un intento de sacar dinero antes del final.

El tono del mensaje también revela algo que inquieta a los investigadores: la forma en que el autor se dirige a otra persona con la palabra “amor”, como si estuviera hablando con una pareja o alguien cercano que participaba en la misma trama.

Un detalle pequeño.

Pero clave.

Porque podría indicar que el crimen no fue obra de un solo individuo, sino de un grupo donde había vínculos personales entre los implicados. Ese tipo de estructuras, según expertos en criminalidad urbana en el Caribe colombiano, suele aparecer en delitos donde jóvenes reclutan a otros jóvenes a través de redes sociales.

Y eso fue exactamente lo que ocurrió.

Las hermanas habían conocido a dos supuestos amigos en Facebook días antes de desaparecer. Los nombres que aparecían en los chats eran “Tatán” y “Fabián”, perfiles que después desaparecieron o fueron bloqueados poco después del secuestro.

Perfiles que quizá nunca fueron reales.

O que fueron creados para atraer a las víctimas.

La frase sobre los cinco millones ahora se convierte en una pista inquietante dentro del expediente. Un rastro de conversación que podría revelar quiénes estaban realmente detrás de las amenazas, de los audios y de los mensajes que durante días mantuvieron a la familia en una pesadilla de extorsión.

Y sobre todo, podría responder una pregunta que todavía pesa sobre el caso.

¿Quién decidió que las hermanas tenían que morir?

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