Reyna Haydee exige pruebas a Sedena sobre la mu*rte de ‘El M*ncho’

La mañana parecía rutinaria en el salón donde se desarrolla la conferencia presidencial.
Las cámaras encendidas, los funcionarios acomodados en sus lugares y una fila de periodistas aguardando turno para preguntar, como si cada día repitiera el mismo guion político.
Pero esa mañana algo cambió.
La periodista Reyna Haydee tomó el micrófono y, sin rodeos, lanzó una pregunta que rompió el ritmo cómodo de la conferencia. No fue una pregunta ligera ni una consulta protocolaria. Fue una acusación envuelta en interrogantes que apuntaba directamente al corazón de una de las historias más explosivas del país: la muerte de Nemesio Oseguera Cervantes, conocido como “El Mencho”.
El silencio cayó sobre la sala.
¿Cómo puede saber el pueblo que no lo mataron de otra manera?
La pregunta quedó suspendida unos segundos en el aire, como si nadie quisiera ser el primero en reaccionar. La periodista no se detuvo; su tono firme apuntaba a una contradicción que desde hace años circula en conversaciones, reportajes y teorías: si la orden era capturarlo, ¿por qué terminó muerto?
¿Quién dio la orden final?
Frente a ella estaban la presidenta Claudia Sheinbaum y el secretario de la Defensa Nacional, el general Ricardo Trevilla Trejo. Las miradas cruzaron la mesa del gabinete de seguridad mientras el general preparaba su respuesta, consciente de que cada palabra sería analizada dentro y fuera del país.
La explicación comenzó con el lenguaje formal de los operativos militares. Trevilla habló de documentos operativos, de órdenes generales de operación y de la Ley Nacional de Uso Racional de la Fuerza, un marco legal que —según explicó— regula cuándo un soldado puede disparar.
Según su versión, el operativo se dividió en dos fases.

La primera ocurrió en una zona de cabañas, donde un enfrentamiento inicial dejó muertos a un oficial y un elemento de tropa. La segunda fase se desarrolló en el bosque, donde supuestamente se encontraba “El Mencho” con dos escoltas.
El general describió la escena como una operación de cerco.
Las fuerzas especiales rodearon el lugar y lanzaron la orden de rendición, aseguró. Pero en lugar de entregarse, el líder criminal habría respondido abriendo fuego.
Un disparo cambió todo.
En ese intercambio, explicó Trevilla, murió otro oficial. Entonces, los soldados respondieron para defender sus vidas.
Y ahí terminó la historia oficial.
Pero Reyna Haydee no parecía convencida.
¿Dónde están las pruebas?
La periodista insistió en saber cómo puede el público comprobar que todo ocurrió como lo describe el ejército. Preguntó si se tomaron fotografías, si existe documentación del momento, si hay evidencia que permita verificar que la muerte ocurrió en combate y no después.
La respuesta fue técnica.
El general explicó que la Fiscalía General de la República realizó la necropsia de ley y los peritajes correspondientes, procedimientos que —según dijo— permiten confirmar las circunstancias de la muerte. Todo el material del operativo, añadió, fue entregado a la fiscalía.

Sin embargo, la duda persistía en el ambiente.
Porque el personaje en cuestión no era un delincuente menor. Según las propias autoridades, “El Mencho” operaba en decenas de países y controlaba redes criminales en buena parte del territorio mexicano.
Un objetivo estratégico.
Precisamente por eso la pregunta se volvió más incómoda: si era tan importante, ¿no habría sido más valioso capturarlo vivo?
La respuesta del general fue directa.
Se intentó.
Pero, dijo, el enfrentamiento dejó claro que la rendición era poco probable. Según su relato, el líder criminal estaba fuertemente armado y acompañado por escoltas, y el intercambio de fuego puso en riesgo inmediato a los soldados.
En ese punto, la narrativa oficial apeló al derecho de defensa.
Los militares tenían derecho a proteger sus vidas.
Y lo hicieron.
Pero Reyna Haydee no había terminado.
El interrogatorio cambió de rumbo hacia otro tema igual de incómodo: las denuncias de abuso y acoso dentro de las fuerzas armadas. Mencionó reportajes que hablan de más de 500 casos denunciados por mujeres militares desde 2012, muchos de ellos sin resolución clara.
La pregunta fue frontal.
¿Por qué hablan de impunidad?

La presidenta intervino entonces para responder. Aseguró que existen mecanismos de apoyo para que las mujeres denuncien acoso o abuso dentro del ejército, y que las autoridades han reforzado estas áreas para garantizar protección y confianza.
También citó casos recientes en los que oficiales fueron detenidos tras denuncias.
“No hay impunidad”, insistió.
Pero el ambiente ya estaba cargado.
Las preguntas siguieron encadenándose, cada una más incómoda que la anterior. Reyna Haydee pasó de la muerte del narcotraficante a la violencia en el país, a las cifras de desaparecidos y a las denuncias contra fiscalías y policías locales.
En cuestión de minutos, la conferencia se transformó en un duelo verbal.
La periodista cuestionaba cifras oficiales, citaba casos de víctimas y señalaba supuestas redes de corrupción dentro del sistema judicial. La presidenta respondía defendiendo los resultados del gobierno, mencionando reducciones en homicidios y la detención de miles de presuntos delincuentes.
Dos narrativas enfrentadas.
Por un lado, la versión institucional que insiste en que la estrategia de seguridad está funcionando. Por el otro, la sospecha de que detrás de las estadísticas hay historias que no han sido completamente contadas.
En ese choque de relatos, la muerte de “El Mencho” volvió a aparecer como símbolo.
Un caso que resume las dudas sobre cómo se libra la guerra contra el narcotráfico en México.
¿Operativos quirúrgicos o batallas caóticas?
¿Capturas fallidas o decisiones inevitables?
Las autoridades sostienen que el enfrentamiento fue legítimo. Los peritajes y la necropsia, dicen, lo confirman.
Pero para algunos periodistas y analistas, la pregunta sigue abierta: si el objetivo era capturarlo, ¿por qué terminó muerto?
La conferencia avanzaba y el tiempo corría.

Después de casi media hora de preguntas, otros reporteros comenzaron a reclamar turno. El equipo de la presidencia intentó cerrar la intervención de Reyna Haydee para permitir que otros periodistas participaran.
La tensión no desapareció.
El intercambio final dejó claro que el debate no terminaría ahí. La periodista pidió volver en otra conferencia para continuar con sus cuestionamientos, mientras los funcionarios insistían en que las instituciones ya habían respondido.
El salón recuperó lentamente su ritmo habitual.
Pero la escena ya había quedado grabada.
Una periodista frente al poder, exigiendo pruebas.
Y una pregunta que sigue resonando.
¿Realmente murió “El Mencho” en un enfrentamiento?
O, como temen algunos, ¿hay partes de la historia que todavía permanecen en las sombras?


