“El Mencho fue ABATIDO por una MUJER”: El descuido que sentenció al hombre más buscado

Durante más de una década fue un fantasma.
El nombre de Nemesio Oseguera Cervantes, alias El Mencho, circulaba en informes de inteligencia, recompensas millonarias y expedientes judiciales en México y Estados Unidos, pero su paradero real siempre parecía escapar a cualquier persecución. El líder del Cártel Jalisco Nueva Generación se movía entre refugios secretos, protegido por un círculo de seguridad feroz y una red criminal que lo convirtió en uno de los narcotraficantes más poderosos del continente.
Pero el error que terminó con su vida no vino de un infiltrado, ni de una traición dentro del cartel.
Vino de una llamada.
De acuerdo con información revelada por mandos militares, el punto de quiebre comenzó el 20 de febrero, cuando los sistemas de inteligencia detectaron movimientos inusuales alrededor de una de las parejas sentimentales del capo. Los analistas del Ejército siguieron discretamente a un hombre de confianza de esa mujer y lograron ubicar un inmueble en el municipio de Tapalpa, en el estado de Jalisco.
Un lugar aislado.
Un refugio aparentemente seguro.
El general Ricardo Trevilla Trejo, titular de la Secretaría de la Defensa Nacional, explicó que el seguimiento permitió confirmar algo que durante años había sido casi imposible: el líder criminal se encontraba allí, acompañado por su primer círculo de seguridad.

El 21 de febrero, la información fue confirmada.
El Mencho seguía en el lugar.
Con ese dato, la fuerza operativa militar desplegó un operativo de cerco con la intención de capturarlo con vida. La misión era rápida y precisa: rodear el inmueble antes de que el capo pudiera escapar y neutralizar a sus escoltas armados.
Pero el plan se rompió en segundos.
Los hombres del cartel respondieron con fuego pesado.
Las fuerzas federales fueron recibidas con rifles de alto calibre y armamento táctico, lo que desató un enfrentamiento que obligó a las tropas a avanzar bajo fuego constante. En medio del caos, el líder del cartel y su primer anillo de seguridad lograron escapar hacia un área boscosa cercana.
Comenzó entonces una persecución.
Entre árboles y terreno irregular, los militares siguieron el rastro del grupo armado hasta alcanzarlos en un nuevo intercambio de disparos. En ese enfrentamiento el capo resultó gravemente herido, junto con dos de sus escoltas.
La persecución había terminado.
Un helicóptero militar fue solicitado para evacuar a los heridos y trasladarlos a una instalación médica en Jalisco, mientras el operativo continuaba asegurando la zona y neutralizando a otros miembros del grupo armado que aún permanecían en el área.
Pero el destino del capo ya estaba marcado.
Durante el traslado aéreo, Nemesio Oseguera Cervantes murió a causa de las heridas.
El hombre que durante años desafió al Estado mexicano y sobrevivió a múltiples intentos de captura no alcanzó a llegar al hospital.
Murió en el aire.
El golpe fue inmediato y simbólico.

Fundador del CJNG en 2009, el antiguo policía estatal y traficante de drogas había construido una de las organizaciones criminales de crecimiento más rápido y más violentas del país. Su estructura operaba en decenas de estados, con redes de tráfico internacional y una estrategia basada en armamento militar, propaganda y terror.
Pero incluso los imperios criminales tienen puntos débiles.
Según analistas de seguridad, el episodio recuerda inevitablemente la caída de Pablo Escobar, el capo colombiano abatido en 1993 después de que una llamada telefónica permitiera rastrear su ubicación en Medellín.
Dos historias.
Un mismo patrón.
El analista y profesor de la Universidad de Guadalajara, Rubén Ortega Montes, sostiene que el descuido personal del líder criminal pudo haber sido el factor decisivo. En el mundo del narcotráfico, explica, las relaciones sentimentales suelen convertirse en vulnerabilidades porque implican desplazamientos, visitas y comunicaciones difíciles de ocultar.
El poder atrae.
El dinero también.
Y la compañía puede convertirse en un riesgo.
El propio historial del cartel refleja el nivel de violencia que acumuló bajo el mando del Mencho. Entre sus acciones más conocidas se encuentra el atentado contra Omar García Harfuch, ocurrido el 26 de junio de 2020 en la Ciudad de México, cuando un comando de más de veinte sicarios emboscó su vehículo blindado con rifles de alto calibre.

El ataque dejó dos escoltas muertos y una mujer civil fallecida.
Harfuch sobrevivió.
Años después, convertido en titular de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana, el funcionario forma parte del gabinete de seguridad del gobierno de Claudia Sheinbaum, desde donde se coordinó la respuesta nacional tras el abatimiento del capo.
Porque la muerte del Mencho no terminó en el bosque.
Horas después comenzaron bloqueos, incendios de vehículos y ataques coordinados en varios estados del país, una reacción típica del cartel cuando sus líderes son golpeados.
La organización perdió a su fundador.
Pero no desapareció.
Y ahora la pregunta que se repite en los círculos de seguridad es inevitable.
¿Quién tomará el control del cartel más violento de México?
Porque si algo ha demostrado la historia del narcotráfico es que cuando cae un capo, el vacío de poder rara vez dura mucho.
Y en ocasiones, ese vacío se llena con más violencia.




