¡SALE DE SU ESCONDITE! Washington lanza operación contra AMLO y huye de Palenque

Durante años, la historia oficial insistió en que el combate al huachicol había sido uno de los mayores logros del gobierno de Andrés Manuel López Obrador. Las cifras repetidas en conferencias matutinas hablaban de una reducción histórica del robo de combustibles y de una ofensiva frontal contra las mafias energéticas.
Pero detrás de esa narrativa, otra trama comenzó a tomar forma.
Una red de testimonios, filtraciones y declaraciones que ahora apunta hacia uno de los personajes más polémicos del mundo político mexicano: Sergio Carmona Angulo, conocido como “el rey del huachicol fiscal”, un empresario que, según diversas investigaciones periodísticas, habría construido un imperio financiero a partir del contrabando de combustibles desde Estados Unidos hacia México.
Su nombre aparece una y otra vez.
Y cada vez más cerca del poder.
De acuerdo con grabaciones y documentos que, según el medio Código Magenta, obran en su poder, un exoperador clave del esquema habría hecho una confesión explosiva durante una entrevista laboral. Se trata de Horacio García Rojas, señalado como mano derecha de Carmona en el traslado ilegal de combustible por las aduanas de la frontera norte.

Su frase quedó registrada.
“Nosotros somos los responsables de financiar campañas en todo el país y el presidente López Obrador está enterado”.
Una declaración que, de ser confirmada, implicaría que el financiamiento político proveniente del huachicol no solo existió, sino que habría alcanzado las más altas esferas del poder.
Pero la historia no termina ahí.
El abogado Eddie Barón Levi reveló recientemente que un colaborador cercano de Carmona lo buscó meses antes de su asesinato para pedir asesoría legal. Durante esa conversación, según su relato, le confesó que el empresario se habría reunido con el entonces presidente en el Palacio Nacional.
Tres o cuatro meses antes de morir.
La reunión, siempre según esa versión, habría ocurrido poco antes de que Carmona fuera ejecutado dentro de una barbería en San Pedro Garza García en noviembre de 2021. Un asesinato que, desde el primer momento, estuvo rodeado de sospechas sobre disputas internas y silencios incómodos.
¿Intentaba Carmona negociar protección?
¿O estaba preparando su propia salida?
Algunas versiones sugieren que el empresario temía por su vida y estaba explorando vías para colaborar con autoridades estadounidenses. De hecho, uno de los episodios más intrigantes del caso involucra un teléfono celular clonado que Carmona habría entregado a su hermano con instrucciones claras.

Si algo le ocurría, ese dispositivo debía ser entregado en Estados Unidos.
En Austin.
Según periodistas de investigación, el contenido de ese teléfono incluiría contactos, registros y evidencias de financiamiento político a diversos actores. Entre los nombres mencionados en distintos reportes aparece el dirigente de Morena, Mario Delgado, señalado por algunos testimonios como pieza clave en la canalización de recursos hacia campañas.
El monto que se menciona es gigantesco.
Algunas estimaciones hablan de hasta 500 mil millones de pesos en operaciones de huachicol fiscal a lo largo del sexenio, recursos que habrían sido utilizados para fortalecer estructuras políticas y campañas electorales en varios estados.
Especialmente en 2021.
Ese año, Morena pasó de gobernar un puñado de estados a controlar más de veinte, un salto político que transformó el mapa del poder en México.
Entre los nombres que aparecen en ese contexto está el del actual gobernador de Tamaulipas, Américo Villarreal, cuya campaña, según algunas versiones periodísticas, habría recibido financiamiento proveniente de esa red.
Pero la lista de personajes muertos o desaparecidos alrededor de estas tramas sigue creciendo.
Además de Carmona, otro caso inquietante es el de Daniel Flores Nava, empresario vinculado a contratos millonarios de Pemex y señalado como operador financiero en campañas políticas. Flores murió en 2022 cuando el avión privado en el que viajaba se desplomó sobre el Golfo de México minutos después de despegar.
Un accidente que aún genera preguntas.

También aparece el nombre de Gerardo Vázquez Barrera, identificado en reportes diplomáticos como presunto operador financiero del crimen organizado. Tras ser fotografiado con políticos de Morena, desapareció del radar público.
Tres nombres.
Tres historias truncadas.
Y un hilo que muchos investigadores consideran demasiado coincidente.
Mientras tanto, el debate ya cruzó la frontera.
En Estados Unidos, legisladores como Dan Crenshaw han impulsado iniciativas para catalogar a los cárteles mexicanos como organizaciones terroristas, lo que abriría la puerta a investigaciones y sanciones internacionales contra cualquier actor que haya brindado apoyo financiero o logístico a esas estructuras.
Ese cambio lo transforma todo.
Porque si el huachicol fiscal financió redes criminales y campañas políticas, las implicaciones legales podrían escalar hasta tribunales estadounidenses.
Y entonces aparece otra pregunta incómoda.
¿Dónde está López Obrador?
Tras concluir su mandato, el exmandatario anunció que se retiraría de la vida pública y se mudaría a su finca en Palenque, en el estado de Chiapas. Desde entonces, su presencia mediática ha sido mínima, lo que ha alimentado especulaciones entre críticos y opositores.
Algunos hablan de silencio estratégico.
Otros de prudencia política.
Mientras tanto, la actual presidenta Claudia Sheinbaum enfrenta un escenario delicado. Su gobierno hereda investigaciones, tensiones diplomáticas y una narrativa política que podría redefinir el futuro del movimiento que la llevó al poder.
Porque si estas acusaciones escalan.
La pregunta dejará de ser mediática.
Y se convertirá en judicial.
El expediente, dicen algunos analistas, crece cada día con nuevos testimonios, columnas periodísticas y filtraciones que intentan reconstruir la relación entre el dinero del huachicol, las campañas políticas y el poder presidencial.
Pero por ahora, muchas piezas siguen siendo versiones.
Hipótesis.
Testimonios indirectos.
Y silencios.
La verdad, como suele ocurrir en los grandes escándalos políticos, se mueve entre dos narrativas enfrentadas: la que denuncia una red de corrupción monumental y la que afirma que todo se trata de una guerra política.
El desenlace todavía está lejos.
Pero algo parece claro.
La historia apenas comienza.




