“LA GUERRA ES CONTRA LA MAYIZA”. EL MENCHO AMENAZA AL GOBIERNO y DEJA MANTAS EN DURANGO & ZACATECAS

Durante la noche del domingo y la madrugada de este lunes, Zacatecas y Durango despertaron con un mensaje que no venía de ninguna autoridad, sino del crimen organizado, colgado en puentes, bardas y vialidades como si se tratara de un comunicado oficial, pero firmado con sangre simbólica por el cártel de las cuatro letras.
Las primeras mantas aparecieron en municipios estratégicos de Zacatecas como Guadalupe y Jerez, y casi al mismo tiempo en distintos puntos de Durango, todas con el mismo tono: una declaración abierta de guerra contra la facción conocida como “la Mayiza” y un mensaje directo, sin rodeos, hacia las autoridades federales y estatales.
No fue un aviso.
Fue una provocación.
En los textos, el grupo criminal se dirige por nombre y apellido a presuntos operadores rivales, menciona comandantes, jefes regionales, células locales y hasta funcionarios, con una narrativa que mezcla amenaza, desafío y una especie de orden al Estado: “no se metan, esta guerra no es con ustedes”.
Pero lo más inquietante no es solo lo que dicen, sino cómo lo dicen.
El lenguaje no es el de un sicario raso, es el de alguien que se asume como general, como jefe absoluto de una estructura armada que se siente con derecho a delimitar territorios, a decidir quién manda y quién estorba, y a marcarle líneas al propio gobierno mexicano.

“Déjenos hacer nuestro trabajo”, dicen las mantas.
Como si el crimen fuera una función legítima.
Como si el Estado fuera un espectador.
En Durango, los mensajes subieron de nivel, con amenazas directas a figuras identificadas como líderes de la facción rival, entre ellos los hermanos Cabrera Sarabia y el propio “Mayito Flaco”, a quienes el autor del mensaje reta públicamente a salir, a dar la cara, a enfrentar una guerra “entre generales”.
No es retórica.
Es propaganda armada.
Medios especializados en seguridad coinciden en algo clave: este tipo de mensajes no suelen venir de mandos medios, sino de figuras con poder real, capaces de movilizar células completas, reconfigurar territorios y sostener ofensivas prolongadas. Por eso los nombres que empiezan a circular no son menores, y entre ellos aparece, inevitablemente, el de Nemesio Oseguera Cervantes, “El Mencho”.
¿Es realmente él?
Nadie lo confirma oficialmente, pero el estilo, el alcance y la coordinación apuntan a una figura que no necesita presentarse, porque su reputación ya habla por sí sola.
Lo más grave no es la amenaza entre cárteles.
Lo más grave es el mensaje al gobierno.

Porque en cada manta hay una línea que se repite como mantra: “no se metan”, “no intervengan”, “no se vean tan descarados”, una forma brutal de evidenciar que el crimen organizado ya no solo desafía al Estado, sino que lo acusa públicamente de complicidad, de favoritismo, de jugar para un bando.
Y eso cambia todo.
No es solo una guerra criminal, es una guerra narrativa, simbólica, política, donde los cárteles se presentan como actores que exigen neutralidad institucional, como si fueran fuerzas beligerantes en un conflicto armado no declarado.
Zacatecas y Durango no son casualidad.
Son territorios clave.
Corredores de tráfico, zonas de disputa, espacios donde desde hace meses se reportan enfrentamientos, desapariciones, desplazamientos y una presencia cada vez más visible de grupos armados.
Las mantas no anuncian algo nuevo.
Confirman lo que ya estaba pasando.
La guerra ya empezó.
Y esta vez no se está peleando en la sombra, sino a plena luz, con mensajes colgados en la calle, con nombres propios, con amenazas directas y con un Estado que, una vez más, parece llegar tarde al comunicado más importante.


