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El niño de Jonathan Meléndez y la frase que estremeció el caso

Durante horas, un pequeño de seis años permaneció en medio de una escena que nadie debería presenciar. Cuando finalmente pudo hablar con su familia, una frase atribuida a él volvió a abrir la parte más dolorosa de una investigación que todavía guarda preguntas.

La familia de Jonathan Samuel Meléndez, tecladista de Camilo Séptimo, fue encontrada sin vida dentro de su departamento en el Estado de México. Entre las víctimas estaban Jonathan, su esposa Ana Paula, quien estaba embarazada, su hija pequeña, la trabajadora del hogar Aleida Romero y la mascota de la familia.

El único sobreviviente fue el hijo de Jonathan, de apenas seis años. Su presencia cambió por completo la dimensión humana del caso, porque además de perder a su familia, según lo relatado por el abogado Hugo Salgado, habría estado expuesto a parte de lo ocurrido.

Durante los primeros días circularon distintas versiones sobre cómo comenzó todo. Una señalaba que Ana Paula permitió el acceso de Diego Sebastián Rosen Ferlini al inmueble, mientras otra apuntaba a un encuentro relacionado con una partida de pádel.

La investigación oficial presentada durante la audiencia ofrece ahora una cronología mucho más precisa. Según los datos expuestos por la Fiscalía, Diego y Gerardo Cisneros llegaron al fraccionamiento alrededor de las 17:23 horas a bordo de un Kia gris.

Un minuto después, Diego descendió del automóvil. Intentó utilizar el elevador, pero al no obtener autorización para llegar directamente al área del departamento, habría optado por subir mediante las escaleras.

Según la reconstrucción presentada por el abogado de la familia, alrededor de las 17:28 horas Diego ya se encontraba en el penthouse. En ese momento, Aleida Romero estaba sola en el interior y presuntamente fue quien le permitió entrar.

Después apareció Ana Paula. Las cámaras registraron su llegada aproximadamente a las 17:42 horas, acompañada por sus hijos, y posteriormente habría enviado un mensaje al amigo de Jonathan porque no lograba comunicarse con su esposo.

La situación tomó otro rumbo cerca de las 19:28 horas. Jonathan llegó al estacionamiento acompañado por su amigo Freddy, pero antes de subir recibió una advertencia sobre los problemas que supuestamente habían ocurrido con Diego.

Jonathan pidió a Freddy permanecer abajo. Le habría indicado que, si después de determinado tiempo no tenía noticias suyas, solicitara ayuda.

Lo que ocurrió después todavía contiene una zona que las autoridades continúan intentando reconstruir mediante peritajes. El propio abogado aclaró que la mecánica exacta de los hechos todavía no había sido validada completamente por las autoridades.

La hipótesis incorporada hasta ese momento sostiene que cuando Jonathan llegó al departamento, las demás víctimas ya habrían sido atacadas. Diego todavía se encontraba dentro, y posteriormente Jonathan también perdió la vida.

La salida del inmueble quedó registrada alrededor de las 19:40 horas. Según el relato presentado en la entrevista, cuando el personal de seguridad intentó revisar la cajuela del vehículo, Diego habría amenazado con un arma a una agente para conseguir que levantaran la pluma de acceso.

Freddy también estaba en la zona. De acuerdo con el abogado, Diego lo habría amenazado y le habría advertido que sufriría consecuencias si hablaba sobre lo sucedido.

Aproximadamente a las 20:20 horas llegó el primer reporte al 911. La policía municipal de Atizapán acudió al fraccionamiento y se entrevistó con Freddy, quien explicó que temía que algo hubiera ocurrido dentro del departamento.

Los agentes subieron inicialmente al penthouse y tocaron la puerta. Pero no obtuvieron respuesta, y hubo un detalle que llamó especialmente la atención: tampoco se escuchaban los ladridos habituales de las mascotas.

La policía regresó a la zona de seguridad mientras se solicitaba apoyo adicional. Según la explicación ofrecida, en ese momento todavía no existían elementos suficientes para forzar inmediatamente la entrada al inmueble.

Y entonces aparece el dato que más ha estremecido a quienes siguen el caso: cuando el menor fue entregado a su abuela paterna, habría identificado a Diego y señalado que “el malo de Sebas” había provocado todo.

La frase, de acuerdo con el abogado, constituye uno de los elementos más dolorosos de la investigación. No permite conocer por sí sola exactamente qué vio el niño, pero sí plantea la posibilidad de que hubiera presenciado parte de los acontecimientos.

También explica por qué la reconstrucción de las horas transcurridas entre la llegada de Diego y la intervención de las autoridades resulta tan importante. Cada minuto puede ayudar a establecer qué ocurrió dentro del departamento y qué papel tuvo cada persona.

Diego Sebastián Rosen Ferlini y Gerardo Cisneros fueron vinculados a proceso. La investigación contempla distintos cargos relacionados con las víctimas, incluido el caso de la mujer embarazada y el maltrato animal.

El papel de Gerardo también permanece bajo escrutinio. Según la información expuesta, habría conducido el vehículo y participado en acciones relacionadas con los objetos utilizados, aunque determinar qué sabía, cuándo lo supo y qué hizo después corresponde a las autoridades y al proceso judicial.

Ese punto resulta especialmente relevante porque el propio relato plantea una pregunta difícil: cuánto podía conocer alguien que permaneció en el vehículo durante buena parte de la operación y qué señales pudieron haberle revelado lo que estaba ocurriendo.

En redes sociales, el caso provocó indignación y numerosas exigencias de castigo severo. Sin embargo, más allá de las reacciones públicas, será la investigación judicial la que determine responsabilidades individuales y establezca qué hechos pueden ser demostrados.

El caso también deja una pregunta que todavía no parece completamente cerrada: qué ocurrió exactamente durante las horas en que Diego permaneció dentro del fraccionamiento y qué alcanzó a observar realmente el pequeño antes de que llegara la policía, porque entre las cámaras, los testimonios, los peritajes pendientes y aquella breve frase del niño todavía quedan piezas que deberán encajar para reconstruir cada minuto.

Por ahora, la investigación continúa. Y mientras los adultos intentan ordenar los hechos mediante pruebas y declaraciones, la parte más devastadora del expediente permanece concentrada en la voz de un niño que perdió a casi toda su familia en una sola noche.

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