¡MU*RE PAPÁ DE LEODEGARIO! LE MARCO A SU HIJO TODA LA MAÑANA … 6 DIAS DESPUES LO M*TO EL DOLOR

El teléfono sonaba una y otra vez aquella mañana en Montemorelos. Del otro lado estaba un padre de 64 años que buscaba a su hijo, sin saber todavía que ya había muerto.
Leodegario Moya, conocido como don Garo, era constructor y originario de La Cotorra, una comunidad rural de Montemorelos, Nuevo León. Según quienes lo conocieron, era un hombre trabajador y respetado, pero también alguien cuyo corazón ya había soportado varios infartos.
Su hijo, Leodegario Moya Garza, tenía 28 años y era conocido por muchos como Yu Punor. Aquella mañana del 30 de septiembre, la tragedia comenzó a extenderse por los teléfonos del municipio.
Minutos antes de las diez, según reportes difundidos por autoridades y medios locales, policías recibieron un aviso sobre personas inconscientes dentro de un vehículo. Era una Jeep roja estacionada cerca de un domicilio, con los seguros puestos y el aire acondicionado encendido.
Dentro estaban Cyntia Abigail Tames Rivera y un niño pequeño identificado como Gustavo Alan. Ambos presentaban heridas de arma de fuego y habían perdido la vida.
Los agentes llegaron después hasta una vivienda cercana relacionada con Cyntia. Allí encontraron a otros tres fallecidos: los hermanos Cristian y Bruno López Tames y Leodegario Moya Garza, hijo de don Garo.
Cinco personas habían muerto en una misma mañana. Entre ellas había tres menores, y desde las primeras horas comenzaron también las contradicciones entre los reportes periodísticos.

Algunas notas modificaron edades, apellidos o características del vehículo. Para una familia que todavía intentaba entender lo ocurrido, aquellos errores podían parecer pequeños, pero dificultaban reconstruir una secuencia ya confusa.
Al día siguiente, el fiscal general de Nuevo León, Javier Flores Saldíar, señaló la principal línea de investigación. Según esa versión, Cyntia habría disparado contra su pareja y los niños antes de quitarse la vida.
La investigación mencionó una pistola calibre 38 y casquillos que, según la fiscalía, coincidían en las dos escenas. Sin embargo, todavía quedaban preguntas relacionadas con el origen del arma, los teléfonos y otros elementos asegurados posteriormente.
Y mientras las autoridades intentaban reconstruir aquella madrugada, otra tragedia comenzaba a desarrollarse lejos de la escena. Don Garo había recibido la noticia de que su hijo estaba muerto.
Las versiones sobre su estado de salud no son completamente iguales. Algunos medios señalaron que el impacto de conocer la muerte de Junior desencadenó el deterioro cardíaco, mientras otros indicaron que ya estaba hospitalizado cuando recibió la noticia.
Una fuente citada por MPBS Noticias aseguró que don Garo se encontraba internado en un hospital privado de Monterrey. Info 7 añadió que aquel no habría sido su tercer infarto, sino el cuarto.
Ese detalle cambia la dimensión de la historia. No se trataba simplemente de un hombre que recibió una noticia devastadora, sino de un paciente con un corazón que ya había sufrido graves daños.
También existía otra pieza difícil de ignorar: un adolescente de 14 años sobrevivió dentro de la vivienda. Según distintos reportes, estaba allí cuando comenzaron los disparos y posteriormente quedó bajo resguardo del DIF estatal con atención psicológica.

Las versiones sobre cómo consiguió sobrevivir tampoco son idénticas. Una señala que corrió a esconderse, mientras otras sostienen que Cyntia advirtió su presencia y decidió dejarlo marcharse.
El muchacho, según los reportes, ayudaba con frecuencia a cuidar a los niños. Esa mañana habría presenciado una escena que ahora forma parte de una investigación todavía abierta.
Después, según la fiscalía, Cyntia salió de la vivienda con Gustavo Alan todavía con vida. Subió a la Jeep y avanzó algunos cientos de metros antes de que el niño también muriera.
Horas antes, Cyntia había publicado contenido en TikTok que hoy adquiere otro significado. En una publicación hablaba de destruir lo propio para hacer arder lo ajeno, mientras en otra decía que no era una santa.
Esos mensajes forman parte del contexto, pero no demuestran por sí mismos que existiera un plan. La pregunta que dejan es distinta: si eran señales de una crisis, ¿alguien las interpretó de esa manera antes de la tragedia?
Mientras tanto, los funerales separaron todavía más a las víctimas. Cyntia fue despedida en Capillas Casablanca y posteriormente sepultada en el panteón municipal, mientras Cristian y Bruno tuvieron otro servicio funerario.
Gustavo Alan fue despedido al día siguiente. Junior, por su parte, fue sepultado en La Cotorra, la misma comunidad de donde provenía su padre.
Según ABC Noticias, don Garo permanecía hospitalizado durante esos días. No pudo acompañar el funeral de su propio hijo porque continuaba luchando por su vida en Monterrey.

Entonces apareció un nuevo elemento que impidió considerar completamente cerrada la investigación. El lunes 5 de octubre, una unidad especializada cateó una vivienda vinculada, según varias fuentes, con la expareja de Cyntia.
Los reportes mencionaron el aseguramiento de aparentes dosis de marihuana, cartuchos de diferentes calibres, varios teléfonos celulares y dos vehículos. Nadie había sido detenido ni acusado por esos hallazgos.
Al día siguiente se reportó otro cateo en la vivienda donde ocurrió la masacre. La fiscalía ya había presentado una línea principal, pero las diligencias continuaban.
Y fue precisamente ese martes 6 de octubre cuando terminó la otra historia. Después de seis días en estado delicado, don Garo murió durante una cirugía cardiovascular en un hospital de Monterrey.
Tenía 64 años. Había perdido a su hijo menos de una semana antes y, aunque se ha hablado del dolor como factor en su deterioro, no se ha publicado un dictamen médico que permita afirmar que murió directamente por esa noticia.
Aquí aparece el punto más doloroso de toda la secuencia: un padre llamó repetidamente al teléfono de su hijo aquella mañana, después permaneció hospitalizado mientras enterraban a Junior y finalmente murió seis días después, cuando todavía quedaban interrogantes sobre lo ocurrido en aquella casa.

La medicina reconoce que un impacto emocional extremo puede relacionarse con eventos cardíacos graves, especialmente en personas con antecedentes cardiovasculares, pero en el caso de don Garo no se ha divulgado públicamente una conclusión médica de ese tipo.
También permanecen abiertas otras preguntas. No se ha aclarado públicamente el origen de la pistola calibre 38, el contenido de los teléfonos, los resultados toxicológicos ni la posible relación de una línea de deudas, tandas o préstamos mencionada por un medio.
Tampoco está claro qué información aportará el adolescente sobreviviente cuando su declaración pueda ser integrada completamente a la investigación. Su testimonio podría ayudar a precisar qué ocurrió dentro de la vivienda durante los minutos decisivos.
La propia existencia de nuevos cateos no demuestra que la versión oficial sea incorrecta. Pero sí indica que las autoridades continuaron buscando elementos después de establecer públicamente una primera reconstrucción de los hechos.
Hay además un antecedente inquietante señalado por un medio. Según MBS Noticias, la misma vivienda de Los Nogales habría sido escenario años atrás del asesinato de una mujer de 69 años, en un caso que tampoco quedó esclarecido.
Una misma dirección, dos episodios violentos separados por años y una investigación que todavía reúne piezas. La coincidencia, por sí sola, no demuestra ninguna conexión.
Lo confirmado sigue siendo terrible: cinco personas murieron el 30 de septiembre y don Garo falleció seis días después. Lo que todavía no está confirmado puede ayudar a entender por qué aquella mañana terminó convirtiéndose en una tragedia que siguió cobrando víctimas después de que cesaron los disparos.


