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¿TRASTORNO MENTAL O PLAN CRIMINAL? ASÍ FUNCIONA LA MENTE DE LA AS*SINA DE MARÍA CAMILA POTOSÍ

Todo parecía encajar hasta que dejó de hacerlo. Había fotografías, una fiesta de revelación de género, mensajes escritos con ilusión y objetos preparados para recibir a un bebé que, según las investigaciones, quizá nunca existió.

Esa contradicción es precisamente la que hoy mantiene abierta una de las preguntas más difíciles alrededor del caso de María Camila Potosí. Más allá del crimen que investiga la justicia, permanece otra incógnita: ¿qué ocurría realmente en la mente de Juliet Cecilia Angulo Escobar?

Las autoridades la señalan por su presunta participación intelectual en el asesinato de María Camila, una mujer con ocho meses de embarazo cuyo caso conmocionó a Colombia. Según la investigación, el objetivo habría sido extraer a la bebé que llevaba en su vientre, un hecho que todavía provoca indignación nacional.

Sin embargo, conforme avanzan las investigaciones, el interés ya no se centra únicamente en la reconstrucción del crimen. También intenta comprender si detrás de la conducta de la principal sospechosa existía algún trastorno mental o si todo correspondía a una estrategia cuidadosamente planificada.

Las imágenes conocidas en las últimas semanas muestran escenas que hoy adquieren un significado completamente distinto. Una celebración familiar, regalos para una futura hija y mensajes cargados de afecto parecían confirmar un embarazo que nadie dudó en aquel momento.

Su entonces pareja, Carlos Reina Rincón, aseguró públicamente que durante meses creyó en esa gestación. Según su versión, Juliet asistía supuestamente a controles médicos y le mostraba documentos que reforzaban esa convicción.

Con el paso del tiempo comenzaron a surgir dudas. Algunas versiones sostienen que aquellos controles podrían haber sido falsificados, aunque ese aspecto continúa formando parte de la investigación y no ha sido confirmado judicialmente de manera definitiva.

Ese detalle cambió completamente la percepción del caso. Lo que inicialmente parecía una historia personal terminó convirtiéndose en un elemento central dentro de la hipótesis criminal.

Especialistas consultados por distintos medios han insistido en establecer una diferencia fundamental. No todo comportamiento relacionado con un supuesto embarazo corresponde automáticamente a un embarazo psicológico.

La psiquiatría distingue entre la pseudociesis, la idea delirante de embarazo y el embarazo simulado. Aunque los tres escenarios pueden compartir algunas manifestaciones, sus implicaciones clínicas y jurídicas son muy diferentes.

Según explican expertos en salud mental, una mujer con pseudociesis realmente cree estar embarazada y puede experimentar incluso cambios físicos compatibles con una gestación. Cuando recibe pruebas médicas concluyentes, generalmente termina aceptando la realidad, aunque el proceso resulte profundamente doloroso.

En cambio, una idea delirante mantiene esa convicción incluso frente a evidencias contundentes. La creencia permanece prácticamente inalterable pese a cualquier explicación racional.

Existe además un tercer escenario. El embarazo simulado implica que la persona sabe desde el principio que no está embarazada y construye deliberadamente una apariencia destinada a convencer a quienes la rodean.

Precisamente ahí aparece uno de los puntos más delicados del caso. Según diversas versiones conocidas hasta ahora, la existencia de documentos presuntamente falsificados y la negativa a permitir acompañantes en algunas consultas podrían ser elementos que los investigadores analicen cuidadosamente, aunque todavía no existe una conclusión oficial sobre su verdadero significado.

Los especialistas advierten que ninguna de esas hipótesis puede asumirse como definitiva sin una evaluación clínica completa. Un diagnóstico requiere entrevistas especializadas, antecedentes personales y múltiples elementos que no pueden deducirse únicamente observando conductas externas.

Al mismo tiempo, también recuerdan algo importante. La existencia de un posible trastorno psicológico no convierte automáticamente a una persona en inimputable ni explica por sí sola un delito de semejante gravedad.

Porque si finalmente la investigación concluye que existió una planificación consciente, una preparación previa, documentos presuntamente alterados y una búsqueda deliberada de una víctima específica, entonces el debate dejaría de centrarse exclusivamente en la salud mental para entrar de lleno en la posible existencia de un plan criminal cuya dimensión completa todavía permanece bajo investigación.

Las preguntas, sin embargo, continúan acumulándose. ¿Cuándo comenzó realmente la historia del supuesto embarazo?, ¿quiénes conocían los detalles?, ¿existieron señales que pasaron inadvertidas durante meses?

Las respuestas todavía parecen incompletas. La investigación judicial continúa reconstruyendo una cronología que, según distintas fuentes, podría revelar nuevos elementos en las próximas etapas del proceso.

Mientras tanto, el caso también abrió una conversación mucho más amplia sobre salud mental. Psicólogos y psiquiatras coinciden en que trastornos como la pseudociesis son poco frecuentes y poseen múltiples factores psicológicos, sociales y biológicos.

Entre ellos aparecen pérdidas gestacionales previas, infertilidad, presión familiar, experiencias traumáticas o un deseo extremadamente intenso de maternidad. Sin embargo, los expertos insisten en que ninguna de esas circunstancias permite explicar automáticamente un comportamiento criminal.

Esa diferencia resulta esencial para evitar conclusiones apresuradas. Mezclar enfermedad mental con violencia extrema puede generar estigmas que terminan perjudicando a miles de pacientes que jamás cometerían un delito.

Desde el punto de vista jurídico también existen desafíos importantes. Abogados penalistas recuerdan que la extracción de un bebé del vientre materno no constituye un delito autónomo específico en la legislación colombiana, por lo que la Fiscalía debe integrar distintas figuras penales para construir la acusación correspondiente.

Según especialistas consultados, la eventual suma de delitos podría conducir, en caso de demostrarse la responsabilidad penal, a las máximas penas previstas por la legislación colombiana. No obstante, será el proceso judicial el encargado de establecer responsabilidades individuales.

Mientras tanto, el nombre de María Camila Potosí continúa ocupando el centro del dolor colectivo. Su familia, así como numerosas personas que siguieron el caso, insisten en que ninguna explicación psicológica debe desplazar a la verdadera víctima de esta historia.

También permanece vivo el recuerdo de Alaya, la bebé que nunca pudo nacer. Su bautizo y despedida se transformaron en uno de los momentos más conmovedores de un caso que sigue despertando preguntas en toda Colombia.

Quizá el mayor desafío consista precisamente en separar los hechos comprobados de las interpretaciones. Porque entre documentos, testimonios, análisis psiquiátricos y reconstrucciones judiciales todavía existen piezas que no terminan de encajar completamente.

Por ahora, la investigación continúa avanzando con cautela. Y mientras nuevos elementos puedan salir a la luz, permanece una sensación difícil de ignorar: tal vez todavía falta comprender una parte esencial de lo que realmente ocurrió detrás de un embarazo que, según las versiones investigadas, pudo haber sido mucho más que una simple mentira.

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