¡¡ÚLTIMA HORA!! HARFUCH CAPTURA AL AS3SINO QUE LEVANTÓ A LA JOVEN “KIMBERLY MOYA” EN NAUCALPAN
Casi una semana después de la desaparición de Kimberly Hilary Moya, de 16 años, comenzaron a circular en redes sociales videos en los que se observa a una joven caminando con varias bolsas.
Era la noche del 6 de octubre.
Las imágenes presuntamente filtradas parecían mostrar los últimos pasos de la adolescente.
¿Dónde está Kimberly Moya?
Esa fue la pregunta que estremeció a Naucalpan y encendió las alarmas en todo el país.
Una joven estudiante, alegre, desaparecida a plena luz del día mientras regresaba a casa.
Ningún testigo directo.
Solo cámaras, sombras y un vehículo gris siguiéndola durante tres calles.
Lo que parecía un caso más de desaparición se convirtió en un megaoperativo encabezado por Omar García Harfuch, quien junto a fuerzas federales logró la captura de los dos principales responsables del secuestro y asesinato de la adolescente.

Era la tarde del 2 de octubre de 2025.
Kimberly caminaba por la colonia San Rafael Chamapa, mochila al hombro y copias recién impresas.
Las cámaras del C4 registraron su trayecto por Filomeno Mata, hasta la esquina con Diagonal Minas, donde un Volkswagen Sedán gris se detuvo bruscamente.
Un hombre bajó.
Lo sujetó del brazo.
Y en segundos, la empujó dentro del vehículo.
El agresor fue identificado después como Gabriel Rafael N, de 57 años.
Al volante iba Paulo Alberto N, de 36.
A las 16:14 horas, el auto arrancó.
Después de eso, Kimberly desapareció.
Los padres reportaron su ausencia de inmediato.
La Fiscalía del Estado de México activó el Protocolo Alba, desplegando patrullas, revisiones y revisión de cámaras.
Fue el inicio de una búsqueda desesperada que se prolongó 11 días.

El primer quiebre llegó cuando un taller mecánico, propiedad de Gabriel Rafael N, fue cateado.
Allí, los peritos hallaron botas manchadas con sangre.
El ADN coincidía con el de Kimberly.
Esa evidencia bastó.
El 12 de octubre, Harfuch movilizó 60 elementos tácticos hacia tres puntos distintos de Naucalpan y Tlalnepantla.
El objetivo: capturar a los dos sospechosos antes de que escaparan.
A las 2:30 de la madrugada, una patrulla encubierta interceptó el Sedán gris en la avenida Gustavo Baz.
Dentro, Paulo Alberto N intentaba borrar datos de su celular.
Minutos después, otro grupo irrumpió en la casa de Gabriel Rafael N.
Ambos fueron detenidos sin resistencia.
Dentro del vehículo había cabellos, manchas de sangre y una cuerda de nylon.
En la guantera, una memoria USB con videos de vigilancia.
Los agresores habían seguido a la joven durante varios días.
Nada fue al azar.
Era un secuestro planificado.

Las redes sociales estallaron bajo el hashtag #JusticiaParaKimberly.
Vecinos marcharon con carteles y velas.
Las calles se llenaron de un grito: ¿Por qué ella? ¿Dónde está?
El perfil de Gabriel mostraba antecedentes por violencia y privación ilegal.
Paulo, en cambio, tenía un pasado limpio, pero movimientos bancarios sospechosos.
Una pista llevó a la policía a una bodega abandonada en Naucalpan.
Cuando los agentes entraron, encontraron manchas de sangre, cuerdas y una mochila escolar con el nombre de Kimberly.
El silencio fue total.
Arfuch sabía que ese era el punto final del recorrido.
Horas después, las pruebas confirmaron lo peor.
El ADN en la lona y en las cuerdas coincidía.
El caso se reclasificó oficialmente como feminicidio agravado.
A partir de ahí, Harfuch coordinó una búsqueda con drones, perros y radares de suelo.
El área señalada: un predio abandonado en El Molinito, propiedad de una empresa ligada a los agresores.
A las 15:42 horas, comenzó la excavación.
Los agentes hallaron una cadena con la letra K.
Y bajo la tierra, restos humanos.

El silencio pesó más que el aire.
Kimberly había sido localizada.
En los interrogatorios, Paulo rompió el silencio.
Dijo que solo ayudó a enterrar el cuerpo por miedo a Gabriel.
Que la joven fue retenida, violentada y luego trasladada al predio.
La confesión estremeció a todos.
Harfuch ordenó enviar el informe a la Fiscalía Especializada en Feminicidios.
Y ante las cámaras declaró:
“Kimberly no fue una estadística. Fue una joven con sueños. Y quienes le arrebataron la vida van a pagar cada segundo.”
Su mensaje se transmitió en cadena nacional.
La investigación descubrió que los agresores formaban parte de una red criminal que operaba bajo talleres mecánicos y negocios locales.
Los movimientos de dinero entre las cuentas de los detenidos revelaron una estructura mayor, con conexiones en Tecámac e Hidalgo.
Días después, otros dos cómplices —El Caco y La China— fueron arrestados en un operativo simultáneo.
El expediente final incluyó 64 pruebas documentales y 17 periciales.
El 12 de octubre, a las 19:00 horas, el féretro de Kimberly llegó al panteón de San Lorenzo Totolinga.
Globos rosados, playeras blancas, silencio.
Su madre colocó una carta sobre el ataúd:
“Tu voz no se apagó, hija. Se convirtió en grito.”
Esa noche, Harfuch escribió su informe final:
“Este no fue un caso aislado. Fue una señal. Mientras una sola mujer esté desaparecida en México, nosotros seguiremos buscándola.”
El operativo “Naucalpan Alfa” terminó.
Pero su eco marcó un antes y un después en el país.



