“PILAS QUE TE VAN A VENDER”: El escalofriante motivo del caso de las hermanas Hernández
Durante casi dos semanas, la desaparición de las hermanas Hernández mantuvo en vilo a Barranquilla. Lo que comenzó como una denuncia angustiosa de una madre terminó convirtiéndose en una investigación compleja, llena de pistas, interceptaciones telefónicas y movimientos que parecían sacados de una película policial. Pero en medio de todo, una frase aparentemente simple terminó revelando el posible detonante de la tragedia.
“Pilas que te van a vender”.
Tres palabras que, según la hipótesis de las autoridades, habrían desencadenado un crimen brutal.
Todo comenzó el 19 de febrero cuando Maricuz Noriega, madre de las adolescentes, acudió desesperada ante las autoridades para denunciar la desaparición de sus hijas. La mujer explicó que no solo no sabía dónde estaban las menores, sino que además estaba recibiendo mensajes intimidatorios desde un número telefónico presuntamente vinculado con uno de los novios de las jóvenes, conocido como “Tata”.
La denuncia activó inmediatamente a los investigadores del Gaula de la Policía Metropolitana de Barranquilla. Bajo la coordinación de la Fiscalía 4 Especializada se abrió una indagación penal urgente y comenzaron las primeras diligencias: entrevistas, verificación de datos y labores de campo para reconstruir los últimos movimientos de las adolescentes.
Pero la clave llegaría por otro camino.

Tras obtener autorización judicial, los investigadores iniciaron la interceptación de varias líneas telefónicas consideradas de interés para el caso. Durante días revisaron llamadas, mensajes y contactos que se entrecruzaban en un entramado cada vez más inquietante.
El rastreo condujo a un lugar inesperado.
Entre la noche del 26 de febrero y la madrugada del 27, los investigadores ubicaron a dos sospechosos cerca de la Vía al Mar, en jurisdicción de Puerto Colombia, donde participaban en los conocidos piques ilegales de motocicletas.
Entonces comenzó la persecución.
Los agentes del Gaula intentaron interceptarlos, pero los sospechosos emprendieron la fuga en motocicleta; en medio de la huida perdieron el control y terminaron chocando, sufriendo diversas lesiones. Los propios investigadores los trasladaron a la clínica Altos de San Vicente, en el norte de Barranquilla.
Y allí apareció la primera pieza clave.
Durante el procedimiento, los detectives analizaron un teléfono móvil donde encontraron información que no solo los vinculaba con la desaparición de las hermanas Hernández, sino también con otras actividades ilícitas en la región. El general Miguel Camelo, comandante de la Policía Metropolitana de Barranquilla, confirmó que uno de los detenidos decidió hablar de forma voluntaria.
Lo que dijo cambió todo.

El sospechoso reveló información sobre el posible lugar donde se encontraba una de las víctimas. Con ese dato, las autoridades coordinaron de inmediato con unidades policiales del municipio de Malambo y se desplazaron hasta un solar ubicado en el barrio Maranata.
Allí encontraron lo que nadie quería encontrar.
Los cuerpos de Chiridan y Keila habían sido enterrados.
La investigación dio un nuevo giro cuando se confirmó la captura de Juan David Taboada Olivera, alias “Tata”, de 19 años. Pero incluso en ese momento el sospechoso intentó engañar a las autoridades: inicialmente se identificó con una tarjeta de identidad para aparentar ser menor de edad y así evitar las consecuencias legales.
La estrategia fracasó.
Un juez revisó la documentación, los informes policiales y las pruebas recopiladas por la Fiscalía, concluyendo que no existía ninguna irregularidad en el procedimiento y legalizó la captura el 4 de marzo a las 8:19 de la noche por el delito de secuestro extorsivo.
Pero mientras el proceso judicial avanzaba, los investigadores comenzaron a reconstruir lo ocurrido durante la noche que cambió todo.
Las hermanas Hernández habían llegado el martes de carnaval a una vivienda en Malambo donde se celebraba una fiesta. En el lugar, según las autoridades, había personas presuntamente vinculadas con estructuras criminales conocidas en la región como “los costeños”.

El ambiente era festivo.
Hasta que dejó de serlo.
Según la información revelada por fuentes cercanas al caso, en medio del encuentro una joven conocida de las hermanas tomó el teléfono celular de Keila Nicole Hernández y se lo mostró a uno de los asistentes, un menor que hoy está retenido como sospechoso.
Y pronunció la frase.
“Pilas que te van a vender”.
Para los investigadores, ese momento pudo haber sido el punto de quiebre. Los supuestos integrantes del grupo criminal habrían interpretado ciertos mensajes en el teléfono como una señal de que las jóvenes estaban colaborando con otra estructura delincuencial para ubicarlos y entregarlos.
Una sospecha.
Una interpretación.
Una reacción violenta.
Según el director seccional de Fiscalías del Atlántico, Daniel Gómez Acuña, esa percepción pudo haber desatado la agresión. En medio de la madrugada del miércoles de ceniza, la celebración terminó en tragedia cuando las hermanas fueron atacadas brutalmente.
Pero la historia no termina ahí.
¿Por qué los sospechosos siguieron enviando mensajes de extorsión a la madre durante casi dos semanas si las jóvenes ya estaban muertas?
¿Por qué intentaron mantener la farsa?

¿Buscaban dinero para escapar o simplemente aprovecharse del dolor de la familia?
Otra pregunta inquietante surge con fuerza.
¿Quién es la joven que tomó el teléfono y pronunció la frase que pudo desencadenar todo?
Porque esa persona aún no ha sido identificada oficialmente.
Las autoridades también investigan si las hermanas Hernández tenían algún vínculo real con organizaciones criminales como el llamado bloque Resistencia Caribe, asociado a “los costeños”, o con estructuras conocidas como “los Pepes”. Por ahora, la Fiscalía ha sido prudente: los analistas aún verifican si esos nombres corresponden realmente a los grupos involucrados o si solo fueron utilizados de manera informal en el mundo delictivo.
Mientras tanto, las investigaciones continúan.
Se sabe que al menos otras cuatro personas estuvieron presentes en la fiesta de Malambo aquella noche. Y todas ellas podrían tener piezas fundamentales para reconstruir lo que realmente ocurrió.
Porque, hasta ahora, cada respuesta parece abrir nuevas preguntas.
Y en el centro de todo permanece una frase que, pronunciada en segundos, pudo haber condenado a dos hermanas.
Una frase que hoy resuena como un eco escalofriante en toda Barranquilla.
“Pilas que te van a vender”.
