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ESCALOFRIANTE: RESURGE un último AUDIO de El Men\cho

En el mundo del narcotráfico mexicano hay documentos que se vuelven historia. No por su duración ni por su calidad técnica, sino por lo que revelan sobre el poder real que se ejerce en las sombras. Uno de esos registros acaba de reaparecer y vuelve a estremecer a todo el país.

Se trata de una grabación telefónica atribuida a Nemesio Oseguera Cervantes, conocido mundialmente como El Mencho, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación.

Un audio breve.

Dos minutos.

Pero suficiente para exponer una relación de poder que durante años operó lejos de los micrófonos.

La grabación, que comenzó a circular nuevamente tras la confirmación de la muerte del capo, habría sido registrada originalmente en 2016. En ella se escucha a una voz identificarse con crudeza y lanzar una serie de amenazas directas contra un mando policial conocido como “Delta 1”.

La conversación inicia sin rodeos.

Un tono agresivo.

Una identificación inmediata.

“Soy Mencho”.

La frase, pronunciada con absoluta seguridad, marca el inicio de un intercambio que revela algo más profundo que una simple amenaza criminal. Lo que se escucha en los segundos siguientes es una orden directa para que las fuerzas policiales detengan sus operaciones en una zona específica del estado de Jalisco, particularmente en el corredor cercano al lago de Lago de Chapala.

Según el contenido del audio, los operativos policiales estaban interfiriendo con actividades del grupo criminal.

Y el mensaje era claro.

Debían detenerse.

La voz atribuida al capo no solo exige que los agentes “relajen a su gente”, también amenaza con represalias violentas si las operaciones continúan. En un momento del intercambio menciona que tiene identificados a decenas de elementos policiales, incluso a sus familias.

La intimidación no es abstracta.

Es personal.

Es directa.

Pero lo más inquietante del audio no es únicamente el tono de quien amenaza.

Es la respuesta.

El oficial que recibe la llamada responde con una actitud que muchos analistas describieron en su momento como una mezcla de miedo, resignación y cálculo. En lugar de desafiar la orden o cortar la comunicación, el mando policial responde con frases de conciliación.

“Claro que sí, señor”.

“Lo vamos a bajar”.

Incluso llega a disculparse por los operativos realizados por sus subordinados.

El intercambio se convierte entonces en algo más que una conversación telefónica. Es un retrato sonoro del clima de presión que durante años se vivió en regiones donde la presencia del crimen organizado superaba la capacidad operativa del Estado.

Porque en esa llamada no solo se escucha a un criminal.

También se escucha el silencio institucional.

La grabación fue difundida originalmente por el semanario Proceso, que en su momento publicó fragmentos del audio y documentos relacionados con la investigación. Meses después, autoridades federales confirmaron que la voz correspondía efectivamente al líder del CJNG.

Desde entonces, el audio se convirtió en uno de los ejemplos más citados para ilustrar la expansión del cártel en la región.

No era solo violencia.

Era control territorial.

El Cártel Jalisco Nueva Generación logró consolidar una estructura que combinaba poder armado, redes financieras y una estrategia de intimidación directa contra autoridades locales.

En ese contexto, llamadas como esta no eran simples amenazas.

Eran herramientas de control.

El mensaje implícito era que la organización tenía la capacidad de vigilar movimientos policiales, identificar mandos y responder con violencia inmediata si se consideraba necesario.

Ese modelo de presión permitió al grupo criminal expandirse rápidamente durante la década de 2010.

Pero el resurgimiento del audio ocurre ahora en un momento particularmente delicado.

Tras los recientes operativos federales que terminaron con la muerte del líder del CJNG, México entró en un periodo de tensión marcado por bloqueos, incendios de vehículos y disturbios en varios estados.

La reacción no se hizo esperar.

La presidenta Claudia Sheinbaum apareció públicamente para enviar un mensaje de calma y asegurar que las fuerzas federales mantienen el control de la situación.

Según la versión oficial, las carreteras afectadas por bloqueos ya fueron liberadas y las autoridades continúan operando de manera coordinada con los gobiernos estatales.

El objetivo del mensaje fue claro.

Transmitir estabilidad.

Sin embargo, durante la conferencia de prensa ocurrió un momento inesperado que generó nuevas especulaciones. Un micrófono abierto captó a la mandataria susurrando a un general una frase breve pero significativa.

“No se puede decir mucho”.

La expresión alimentó rumores sobre el grado de cooperación internacional en el operativo que culminó con la caída del capo. Aunque el gobierno mexicano negó la participación directa de fuerzas estadounidenses, sí confirmó que existió intercambio de información con agencias de Estados Unidos.

Según autoridades federales, la planeación y ejecución del operativo fue responsabilidad exclusiva de las fuerzas mexicanas, incluyendo a la Secretaría de la Defensa Nacional, la Guardia Nacional y la Fuerza Aérea.

Pero el eco del audio vuelve a recordar algo que muchos analistas señalan desde hace años.

La lucha contra el narcotráfico no se libra solo en operativos militares.

También se libra en la capacidad del Estado para resistir la presión del miedo.

El audio de El Mencho permanece como un documento incómodo.

Una pieza de evidencia que revela hasta qué punto un líder criminal podía comunicarse directamente con mandos policiales y exigir cambios en la estrategia de seguridad.

Hoy, incluso después de su muerte, esa voz vuelve a circular en redes sociales.

Y con ella, una pregunta inevitable.

¿Cuánto poder real tuvo durante todos esos años?

Porque hay grabaciones que desaparecen con el tiempo.

Y otras que se convierten en memoria histórica.

Esta parece ser una de ellas.

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