Famous Story

¡SIN PIEDAD! Pedro Ferriz no aguanta más y estalla contra AMLO con demoledor mensaje

La escena no ocurrió en Palacio Nacional ni en una mañanera, sino en un espacio mediático donde las palabras no pasan por el filtro institucional, y por eso mismo sonaron más crudas, más directas, más peligrosas para quienes todavía creen que el discurso oficial basta para sostener la realidad.

Pedro Ferriz no habló como analista.

Habló como alguien que, según su propio relato, ya no soporta la distancia entre lo que se dice desde el poder y lo que ocurre en las calles, en los hospitales, en las escuelas, en las instituciones que, afirma, han sido desmontadas pieza por pieza bajo el discurso de la transformación.

Lo que detonó su mensaje fue una mezcla de contexto internacional y desgaste interno.

Desde la región del CPAC se lanzó una frase que corrió como pólvora en ciertos círculos: “Ya cayó Venezuela, caerá Cuba, caerá Nicaragua y también caerá Morena”. No como predicción técnica, sino como declaración ideológica, como parte de una narrativa geopolítica donde América Latina aparece dividida entre bloques, modelos y proyectos de poder.

Ferriz tomó esa frase como punto de partida.

Pero la transformó en acusación.

Según su interpretación, México no está viviendo una transición democrática, sino una deriva autoritaria disfrazada de discurso social, una especie de “democracia simulada” donde se habla de pueblo mientras se concentra poder, se habla de justicia mientras se desmantelan contrapesos, y se habla de soberanía mientras, en su visión, se toleran estructuras criminales dentro del propio Estado.

No fue una crítica técnica.

Fue un desahogo político.

En su mensaje, Ferriz aseguró que el sexenio de López Obrador marcó el inicio de una ruptura profunda con el orden constitucional, especialmente desde el momento simbólico en que el entonces presidente confrontó abiertamente a la Suprema Corte y a su presidenta, Norma Piña, interpretando ese episodio como el punto de quiebre entre legalidad y voluntad personal.

Desde ahí, en su relato, todo se aceleró.

Reformas constitucionales, desaparición de organismos autónomos, debilitamiento del INAI, confrontación constante con el Poder Judicial, y una narrativa que, según Ferriz, convierte cualquier crítica en traición y cualquier disenso en conspiración.

El término que más repite es uno: narcorrégimen.

No como categoría jurídica, sino como etiqueta política, una forma de describir lo que él percibe como una alianza estructural entre poder institucional y crimen organizado, una convivencia incómoda que, afirma, ya no se oculta ni siquiera en los discursos internacionales.

Ferriz menciona nombres.

Adán Augusto.

Los López Beltrán.

Funcionarios de alto nivel.

No aporta pruebas documentales en su intervención, pero apela a expedientes, carpetas de investigación, rumores judiciales, filtraciones periodísticas, y a la percepción de que hay demasiadas coincidencias como para seguir hablando de casos aislados.

Para él, la corrupción no es un error del sistema.

Es el sistema.

Y lo más grave, dice, es que se hace en nombre de la lucha contra la corrupción.

Ahí aparece su comparación más polémica: Cuba, Venezuela, Nicaragua.

No como realidades idénticas, sino como modelos de referencia, procesos donde, según su análisis, primero se controla el discurso, luego las instituciones, después la justicia y finalmente la narrativa histórica, hasta que ya no queda espacio para una oposición real.

En ese punto, Ferriz no se limita a AMLO.

Incluye a Claudia Sheinbaum.

La describe como heredera directa del proyecto, como continuidad del mismo esquema, como parte de una transición que no busca alternancia sino permanencia, una hegemonía prolongada bajo el lenguaje del humanismo.

Lo que más le indigna no es solo el poder.

Es la normalización.

La idea de que millones de personas acepten como cotidiano el colapso del sistema de salud, el desabasto de medicamentos, la crisis educativa, la militarización de la seguridad, la precarización económica, la inflación, la caída de inversión.

Para Ferriz, el problema no es ideológico.

Es estructural.

Habla de un país polarizado, de una ciudadanía fatigada, de una economía estancada y de una clase política que, según él, se mueve entre el cinismo y la impunidad, convencida de que el relato basta para sostener el poder.

Y entonces llega el clímax.

La frase más dura.

“La mitad de los altos directivos de Morena son carne de prisión”.

No como sentencia judicial, sino como sentencia moral.

Ferriz no dice cuándo, ni cómo, ni bajo qué proceso.

Dice “eventualmente”.

Dice “cuando caiga el sistema”.

Dice “cuando el péndulo regrese”.

No es una predicción legal.

Es una profecía política.

Un mensaje construido desde la convicción de que el actual modelo no es sostenible, de que el discurso se agotará, de que las contradicciones internas terminarán por salir a la superficie.

En su visión, el freno no vendrá desde dentro.

Vendrá desde fuera.

Estados Unidos.

Donald Trump.

Presión internacional.

Investigaciones transnacionales.

Un escenario donde México deja de ser asunto interno y se convierte en problema geopolítico.

Y ahí aparece otra palabra clave: soberanía.

Ferriz ironiza sobre el uso constante del término, recordando que la historia mexicana está llena de intervenciones, pérdidas territoriales, dependencias económicas, acuerdos energéticos, importaciones masivas de gasolina, y una relación asimétrica con el vecino del norte que nunca desapareció, solo se maquilló.

Para él, hablar de soberanía mientras se importan combustibles, se toleran cárteles y se debilitan instituciones es una contradicción discursiva.

No es defensa nacional.

Es retórica.

El mensaje de Ferriz no pretende convencer a los indecisos.

Habla a los ya indignados.

A los que sienten que algo se rompió.

A los que perciben que la política dejó de ser alternancia para convertirse en trinchera.

No ofrece soluciones técnicas.

Ofrece un diagnóstico emocional.

Rabia.

Frustración.

Desencanto.

Y una certeza peligrosa: que el sistema actual no caerá por elecciones, sino por desgaste, presión externa o colapso interno.

No es un análisis neutral.

Es un grito político.

Y como todo grito, no busca equilibrio.

Busca impacto.

Busca sacudir.

Busca que alguien, del otro lado, ya no pueda fingir que no escucha.

Related Articles

Back to top button