¿Fue ‘Iván Mordisco’ responsable del ataque que acabó con la vida del coronel Granados? Esto se sabe

Popayán no despertó igual el 27 de noviembre.
El asesinato del teniente coronel Rafael Granados Rueda sacudió a la ciudad como un eco de los peores años del conflicto armado.
A plena luz del día, en una calle del barrio Champañat, dos sicarios en moto interceptaron su vehículo.
Le dispararon sin piedad.
El coronel, jefe de Estado Mayor de la Brigada número 3 contra el narcotráfico, se dirigía a su casa.
Iba en su carro particular, sin escoltas, acompañado solo por un soldado.
El ataque fue directo, certero, brutal.
El vehículo se estrelló contra las casas fiscales.
Granados recibió un disparo en la cabeza.
Soldados cercanos lo auxiliaron.
Lo sacaron del carro, lo llevaron al Hospital San José.
Llegó con vida.

Pero minutos después, murió.
Las heridas eran demasiado graves.
El general Javier Hernando Africano confirmó la noticia.
El coronel tenía 45 años.
18 años de servicio.
Era un oficial sobresaliente de la aviación militar.
Coordinaba operaciones contra estructuras criminales en Cauca.
Y eso, según las autoridades, podría haberle costado la vida.
Todo apunta a un plan pistola.
Ejecutado por disidencias de las FARC bajo el mando de alias Iván Mordisco.
Pero no se descartan otras hipótesis.
El crimen ocurrió a escasos metros del colegio Champañat.
En una zona de alto tráfico.
Al mediodía.

El Ministerio de Defensa ofreció 200 millones de pesos de recompensa.
La alcaldía de Popayán sumó 30 millones más.
230 millones por información que lleve a los responsables.
El presidente Gustavo Petro calificó el hecho como crimen de guerra.
Solicitó un informe sobre la seguridad del coronel.
Y sobre sus desplazamientos.
Porque hay preguntas que no tienen respuesta.
¿Por qué iba sin escoltas?
¿Por qué en un carro no blindado?
¿Por qué no se tomaron medidas de protección?
El alcalde Juan Carlos Muñoz respondió.
El trayecto entre la brigada y la casa fiscal es corto.
Cinco o diez minutos.
Tal vez fue exceso de confianza.
Nunca había pasado algo así.
Pero esta vez pasó.
Y fue letal.

Las cámaras de seguridad captaron a los sicarios.
Moto Honda 150.
Uno con casco.
Otro con gorra y gafas.
El que disparó iba atrás.
El coronel alcanzó a llegar al hospital.
Pero el disparo en la cabeza fue devastador.
El alcalde no lo conocía personalmente.
No tenía relación directa.
Tampoco información sobre su familia.
Pero sí reconoció la gravedad del hecho.
Popayán está rodeada por zonas de alta presencia de disidencias.
Cajibío, Morales, El Tambo, Santa Rosa.
Veredas donde se escuchan voces que alertan sobre presencia armada.
El Consejo de Seguridad se reunió de urgencia.
No se confirmó autoría.

Pero la hipótesis principal apunta a Iván Mordisco.
Si no fueron ellos, ¿quién fue?
Esa es la pregunta que duele.
Porque si no fue una estructura conocida, entonces el enemigo está más cerca.
El alcalde pidió ayuda al gobierno nacional.
Más inteligencia.
Más tecnología.
Más hombres.
Popayán tiene 400,000 habitantes.
Pero solo 600 policías activos.
Protegen cinco municipios.
Y los recursos son limitados.
El fondo de seguridad no alcanza.
Popayán no tiene ingresos como Barranquilla o Cali.
Pero recibe víctimas del conflicto todos los días.
140,000 personas registradas como víctimas.

Y ahora, una más.
El coronel Granados.
El presidente Petro había escrito un trino.
Hablaba del Cauca como el Wall Street de la cocaína.
33,000 hectáreas sembradas.
Nariño tiene 60,000.
Entre ambos, casi 95,000 hectáreas.
El epicentro del negocio ilícito.
Y el coronel dirigía operaciones justo allí.
En el corazón del conflicto.
Su muerte no fue casual.
Fue un mensaje.
Un golpe.
Una advertencia.
La ciudad está en alerta.
El país está en duelo.
Y la guerra contra el narcotráfico cobra otra víctima.
Una víctima que no estaba en combate.
Estaba llegando a casa.

Pero en Colombia, a veces, ni el hogar es refugio.
El crimen del coronel Granados es más que un asesinato.
Es un síntoma.
Una señal de que la paz total aún está lejos.
Y que los enemigos del Estado no descansan.
Popayán, antes tranquila, hoy tiembla.
Porque el conflicto se ha acercado.
Porque el miedo ya no está en las veredas.
Está en las calles.
En los barrios.
En los trayectos cortos.
En los minutos que parecen seguros.
Pero no lo son.
La investigación sigue.
Las hipótesis se multiplican.
Pero el dolor es único.
Y la pregunta persiste.
¿Fue Iván Mordisco?
¿Fue otro grupo?
¿Fue una traición interna?
Lo que se sabe es esto.
El coronel Granados murió por hacer su trabajo.
Por enfrentar al narcotráfico.
Por estar en el lugar más peligroso.
Y por confiar en que cinco minutos no eran suficientes para morir.
Pero lo fueron.
Y Colombia lo llora.
